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lunes, 31 de diciembre de 2018

SEGNES


Directos al grano. Varios años ya viajando a Suiza, rozándolo con la yema de los dedos y viéndolo escapar. La lluvia en 2015, el calor en 2016... y en 2018, si nos descuidamos, se nos pasa el arroz. Sin embargo, era el primer objetivo de nuestra lista para este año. Horas frente al ordenador controlando webcams, aforos y la meteo pasada, presente y futura. Horas tras el volante de la furgoneta cruzando Francia y Suiza. Y todo para plantarnos frente a la bestia el primer día de nuestro viaje, cuanto antes, para no darle la oportunidad de cubrirse de hielo, de blindarse, de volverse inexpugnable.

¡Ahí estábamos! Frente al mítico Segnes, el que para muchos es el mejor de los barrancos glaciares suizos. Había oído y leído tanto que esperaba que no me decepcionara. 

ganando altura durante la aproximación
Reunido el equipo, echamos a andar. Había nieve y hacía frío, pero lo justo, sin excesos, y el sol brillaba casi obscenamente. Una vez arriba, nos cambiamos sobre unas piedras y entramos al pasillo en el que nítidamente empieza el descenso. Hacía días de la primera y última nevada, de manera que el caudal era muy asequible; sin embargo las noches en altura se mantenían despejadas y frías, por lo que ya habían aparecido las heladas y el verglás. 


 


Los primeros pasos en el Segnes me recordaron terriblemente al Vorab: una zanja de paredes oscuras, retorcidas, llenas de aristas, puentes y recovecos, con el cielo apenas a dos o tres metros por encima de tu cabeza. La sensación era de poderte largar en cualquier momento, pero poco a poco las paredes se elevaron, la luz disminuyó y la ratonera dejó de tener escapatoria. En ocasiones había que buscar el paso ¿por el agua? ¿por encima del bloque? ¿por debajo? Las paredes se estrechaban tanto que había que pasar de lado, sin mochila, y vigilando que ésta no se quedara empotrada.

El sol brillaba fuera, allí arriba, y hacía que el monstruo no pareciera tan terrible. Sin embargo, al acariciar su lomo lo encontramos terriblemente viscoso, resbaladizo. Una fina capa de hielo recubría algunas zonas, no demasiadas por suerte. Dificultaba algunas trepadas, y en uno de los rápeles nos causó algunos problemas. La grieta de salida de la poza, ya estrecha de por sí, era más estrecha aún: forrada de hielo apenas dejaba espacio para nuestros cuerpos, así que nos escurrimos por ella trantando de encajar como una pieza más en el puzzle.


agua y estrecheces para salir de la poza
¡el sol entrando en el cañón!

Llegamos a las cuerdas que habíamos dejado en el escape, e intuímos ya el tremendo valle glaciar en el que culmina el descenso. El punto nos indicaba que afrontábamos la parte final, la más abierta pero también la más vertical y, en esta ocasión, cubierta de hielo. Instalamos la vertical y salimos a la pared, bajando con cuidado mientras el agua arrancaba algunos cascotes de hielo de la pared y los lanzaba contra nosotros, como enfadado.


encarando el tramo más vertical del descenso
el hielo recubre esta parte y la hace muy resbaladiza

Andrej, entre paredes recubiertas de verglás
 
Sin más problemas que lo resbaladizo de este rincón, encaramos ya la recta final del descenso. Un par de rápeles, los que se ven desde la salida del barranco, y estábamos fuera.


Asomándonos al vacío. El Segnes presenta un encajamiento asombroso y, al mismo tiempo, unas vistas impresionantes.



¡misión cumplida!
Llegaba la hora de responderme a mí mismo. ¿Ha satisfecho tus expectativas? ¿Es el mejor de los barrancos glaciares que has hecho?

Me he tomado mi tiempo para responderme. Segnes es un descenso extraordinario, retorcido, y presenta esas formas increíbles que sólo el hielo, trabajando la roca durante milenios, es capaz de excavar. Además, el entorno es brutal, alpino, invernal, con ese enorme valle glaciar esperando abajo envuelto por un silencio absoluto... ¡Claro que satisfizo mis expectativas! Y sin embargo, no puedo decir que sea el mejor de los que conozco. En la opinión que cada uno de nosotros se forma de un barranco influyen muchos factores: el entorno, las condiciones del día escogido (caudal, nieve, etc.), el desarrollo de la actividad, incluso el estado de ánimo de aquel día. Todo cuenta. Y sé que es difícil nadar contra corriente, pero el único pez que no lo hace es el que está muerto. Muchos no estarán de acuerdo pero, para mí, por ahora el primero del ránking seguirá siendo el Gamchi.



 
Datos de interés

Fecha del descenso: 15/11/2018

Dificultad: v5 a5 VI

Acceso desde: Flims (Grisones)

Aproximación: El barranco se encuentra en el interior del dominio esquiable de Flims-Laax, y la circulación en vehículo particular por sus pistas está prohibida. Para acceder legalmente al descenso tendremos que dejar nuestro coche en la estación de los remontes mecánicos de Laax, y tomar allí el autobús que sube a Nagens, o bien subir con el telecabina. Ojo, porque ninguno de los dos está disponible todo el año. Si optamos por el autobús bajaremos en Alp Nagens, la penúltima parada, y desde allí descenderemos por una pista, unos metros más abajo, que conduce a un pequeño lago. Lo bordearemos y al fondo tomaremos un sendero. Tras un breve ascenso, bajaremos al valle glaciar cerca del final del barranco. El camino remonta por la izquierda orográfica hasta lo alto, donde sólo hay que tender a la izquierda para ir a buscar el estrecho en el que se inicia el descenso. Tiempo total, 1h 15 min.

Descenso: 4 horas según reseña.

Retorno: Tras el descenso, a la izquierda se recupera enseguida el camino de acceso. Volver a Alp Nagens nos llevará unos 30 minutos.

Rápel más largo: 60 m

Material: cuerdas 2 x 60 m, neopreno completo. Si el día es oscuro, un frontal nos irá muy bien en la zona más estrecha.

Observaciones
- Durante la aproximación, a media subida, encontraremos un desvío que conduce directamente a la grieta, y sobre el abismo, una reunión. Esta nos permite equipar una vía de escape justo antes de la parte más vertical. Si llevamos diferentes cuerdas, dejando aquí las largas evitaremos tener que cargar con ellas durante el resto de la aproximación y la parte superior del descenso.
- Atención a las temperaturas de los días previos al descenso: la formación de hielo en el interior del barranco estrecha aún más sus paredes y puede hacer realmente dificil superar algunos pasos.

Lo mejor: descenso excepcional, laberíntico y de formas caprichosas.

Lo peor: Si la temporada empieza tarde, no habrá autobuses ni telecabinas con los que subir a Alp Nagens.

Valoración personal (de 0 a 4): 3'9





martes, 28 de febrero de 2017

VIAJE AL CORAZÓN HELADO DE SUIZA (II): GRISONES



señalización en Pigniu: pulcritud suiza
En nuestro recorrido por los barrancos glaciares suizos de 2015, la mayor parte de los objetivos que nos marcamos estaban en la zona conocida como Oberland, en el cantón de Berna. Ciertamente, allí se encuentran la mayoría de los mejores y más famosos descensos de este tipo: Trummelbach, Gamchi, Gries, Schwarzbach, Sefi... Sobre esta zona y sus posibilidades para el descenso de cañones ya escribí una pequeña guía de viaje el año pasado (ver aquí).

En la escapada de otoño de 2016, en cambio, aunque también pasamos por Oberland, dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo y nuestros esfuerzos a perseguir descensos situados en otra zona no menos interesante: el cantón de Grisones (en alemán: Graubünden; en francés: Grisons; en italiano: Grigioni; y en romanche: Grischun). El resultado deportivo del viaje fue éste:

- Schwarzbach (Berna). Uno de los imprescindibles de su cantón y del Oberland en concreto. Completo y técnico, pero también frío y duro.

- Ual Ault Vorab (Grisones). Después de ver llover durante un par de días, nos sirvió para evitar una tercera jornada en blanco. Fácil en lo técnico, pero excepcionalmente estético por sus caprichosas formaciones.

- Fluaz (Grisones).  Se nos había escapado en 2015, por lo que le teníamos ganas. Un gran descenso, físico y completo, que nos dejó muy satisfechos.

- Flem I y II (Grisones). Ante la imposibilidad de descender el Segnes, el último día del viaje nos acogimos al plan B. Descenso bonito, clásico dentro de los barrancos glaciares, que bajamos sin problemas y en la mitad del tiempo marcado gracias a un caudal bastante normalizado.


Esperábamos hacer alguno más, especialmente Segnes, la estrella de la zona, pero como siempre en Suiza -y en todas partes- el hombre propone y la meteorología dispone... El resumen podría ser que bajamos dos barrancos difíciles (Schwarzbach y Fluaz), uno que podría serlo pero que encontramos con caudal normal aunque gélido (Flem) y, finalmente, uno sin complicaciones y apto para todos los públicos (Ual Ault Vorab).

en el aparcamiento del Gavirolas, con un mar de nubes a nuestros pies

Como siempre, podéis saber más sobre estos descensos consultando en este blog sus entradas específicas. Lo que os dejo a continuación son algunos apuntes sobre el cantón de Grisones, extraídos de nuestra experiencia estos dos últimos años y que os pueden ser útiles si viajáis a la zona.



Sobre Grisones

¿Cómo ir?

Grisones acoge una buena cantidad de descensos interesantes, aunque algo repartidos a lo largo de la carretera 19. Si nuestra idea es establecer un único campamento base, desde el que ir haciendo un descenso tras otro, posiblemente la población mejor situada es Flims. Hasta aquí, tenemos 1198 kilómetros desde Barcelona o 1345 desde San Sebastián, es decir, 11 horas y media o 13 horas, respectivamente, más paradas. Todo lo que decía sobre peajes, tiempos y demás sobre Oberland es igualmente válido para Grisones.


principales descensos del cantón de Grisones


Es posible que no vayáis a Grisones del tirón, sino antes o después de visitar Oberland.  Ojo aquí: la ruta más corta entre Lauterbrunnen y Flims, la que pasa por Gletsch y Andermatt, es de 181 kilómetros, y es posible que el GPS os la recomiende. Sin embargo, si la tomáis tendréis que cruzar varios puertos de montaña que os harán el viaje interminable. Y eso si podéis hacer el recorrido, ya que esos puertos están a bastante altura y permanecen cerrados buena parte del invierno, si no todo. Por todo esto, lo recomendable es saltar de una zona a otra pasando por Lucerna, utilizando la autopista y haciendo más kilómetros, pero con menos problemas y en menos tiempo.



¿Qué descender?


Como sucede con el Oberland, en Grisones tenemos suficientes descensos de interés y calidad como para estar barranqueando varias semanas sin parar. Al este, en el lago de Pigniu, encontraremos los barrancos de Gavirolas, Fluaz y Aua dil Mer, todos ellos muy potentes. En la zona central, en el interior del dominio esquiable de Flims-Laax-Falera, podremos descender el sencillo Ual Ault Vorab, cualquiera de los cinco tramos del Flem (especialmente recomendables los tramos I y II) y, si los astros se alinean, el impresionante y peligroso Segnes. Continuando hacia el este, cerca de Trin, podremos visitar el Turnigla, un descenso tan clásico como bonito, imprescindible; y por último, ya cerca de las fronteras de Liechtenstein y Austria, podremos afrontar descensos imprescindibles como el Zanaibach, y complementarlos con actores secundarios como el Tersolbach. Estos dos últimos barrancos pertenecen, en realidad, al cantón de San Galó o Sankt Gallen, pero los incluímos por proximidad.


Flem II
Fluaz

Hay bastantes más (Lawoi, Hinterrhein, Tschanonca, etc.) y de diferentes niveles, aunque para los mejores es válido lo que ya dije hace un año: aquí se viene a sufrir. Eso sí, hay que reconocer que Tersolbach, o algunos clásicos como el Turnigla, son suficientemente benévolos y se dejan descender ya a finales del verano, sin necesidad de esperar a que las temperaturas se acerquen al cero aunque, eso sí, con mayor caudal. En el equilibrio entre temperatura y metros cúbicos por segundo está la clave.






¿Dónde comer y dormir?


la policía cantonal, interceptando a unos sospechosos (nosotros)
Igual que en 2015, nosotros optamos por dormir habitualmente en la furgoneta y, puntualmente, pernoctar en algún albergue u hostal. En la descripción del viaje del año pasado al Oberland ya advertía de que el bivac, la acampada libre o cualquier cosa que no sea dormir en un hotel no parece estar bien vista en Suiza, y este año lo hemos vuelto a comprobar... Si queréis evitar problemas y dormir calientes, en Laax podéis alojaros en el Backpacker Deluxe Hotel Capricorn. En este albergue de ambiente snowboarder se puede dormir desde 22 CHF la noche (habitación de 6 personas), tienen wifi y dan facilidades para poner a secar el material.

Acerca de dónde comer, Flims y los pueblos colindantes tienen  suficientes establecimientos para escoger en función de nuestros gustos y bolsillos. Nosotros, estos dos años, hemos acabado frecuentando el Restaurante Casanovas, al pie de la carretera a su paso por el interior de Flims. Regentado por portugueses, el personal habla castellano, tiene wifi abierto y su menú de mediodía cuesta 22 CHF. Si vamos mal de dinero y nos parece caro, lo más barato que encontraremos será un restaurante pizzería, tipo durum, en la acera de enfrente, en el que podremos comernos una pizza por unos 14 CHF.


¿Cuándo ir?

Nada que decir que no se haya dicho ya aquí. La cuestión es esperar a que los caudales bajen lo suficiente y evitar la llegada de las nieves, y eso suele darse entre octubre y noviembre. Sin embargo, la meteorología no es algo matemático... También hay que tener en cuenta las lluvias, que pueden hacer que tus planes se vayan al traste. En definitiva: controlad con antelación los caudales, las temperaturas y la meteorología y cruzad los dedos...


Segnes, una grieta apenas visible desde el otro lado del valle. Requiere un gran control previo de las condiciones.


domingo, 15 de enero de 2017

FLEM I y II


Suiza, 28 de octubre. Llegado el último día de barrancos de nuestro viaje, nos levantamos con determinación. El objetivo a afrontar no podía ser más espectacular y temible a la vez: Segnes.

Por desgracia, una vez en el lugar de inicio de la aproximación torcimos el gesto. Unas temperaturas demasiado altas, demasiado temprano y con un cielo demasiado azul, pueden parecer las condiciones perfectas... pero no lo son. Porque el Segnes es demasiado estrecho, demasiado largo y tiene demasiada nieve que fundirse en su glaciar. Demasiado peligroso. Nos vimos obligados a buscar una alternativa, y después del tiempo perdido, y por proximidad, optamos por su vecino Flem. Hablamos del río principal del Segnes, con una cuenca mucho mayor pero, sin embargo, más asequible. Algo contradictorio...

Ojo, ¡no es mal barranco! De hecho, es uno de los barrancos glaciares mejor valorados y se le considera un descenso impresindible. Contribuyen a ello su longitud, con actualmente cinco tramos equipados; sus formas, esculpidas y retorcidas como es habitual en la zona; y un carácter acuático, con saltos y badinas que nadar, que no tienen otros descensos (y que la verdad, con estas temperaturas del aire y del agua, no se echan mucho en falta...).

Así pues, cambiamos uno de los descensos más difíciles de la zona por un barranco que, en las condiciones que tenía en esas fechas, era poco más que un juguete. No obstante, no debe caerse en el error de infravalorarlo: el Flem es un gran colector, un cañón largo con dieciocho kilómetros cuadrados de cuenca y un glaciar en cabecera que, además, recoge las aguas del Segnes, situado poco más arriba. Por todo ello, el Flem se mantiene inabordable la mayor parte del año, y hay que esperar a octubre o noviembre para adentrarse en él. Si lo hacemos demasiado pronto, con más agua de la recomendable, podemos pasar serios apuros.

De sus cinco tramos escogimos los dos primeros, los más interesantes. El primero es breve, y en condiciones de caudal normal se desciende rápido. Los resaltes y las cascadas cortas se suceden una tras otra, veremos algunos puentes de roca y también superaremos un sifón obligado, pero amplio. Antes de llegar al puente que marca el final del tramo, sólo encontraremos un rápel por el activo.  

rápel por el activo en el primer tramo, corto pero intenso
un puente de roca, en el inicio del segundo tramo


El segundo tramo mantiene la intensidad del primero, pero se encaja algo más y gana un poco de verticalidad. Aguas abajo del puente, después de un par de rápeles el cauce se encaja entre paredes que nunca llegan a ser demasiado altas, pero que dan ambiente y forman pasillos esculpidos de esa forma caprichosa tan característica de estas tierras. Algunos pasos son realmente estrechos y te hacen pensar en esos momentos en los que el barranco lleva el doble de caudal.


rápel de 15 metros, el más alto del descenso
acceso a una badina larga y fría


uno de esos pasillos acuáticos y retorcidos
todos los rápeles son cortos

A lo largo del recorrido, las paredes bajan y se escalonan lo suficiente como para poder abandonar el descenso en varias ocasiones. También permiten que los curiosos, desde alguna que otra pasarela, te saquen fotos y curioseen mientras evolucionas en el fondo.

Encarando ya la recta final del tramo, encontraremos varios sifones. Quizá el más peligroso sea la poza perforada en su base que encontraremos en el último paso del descenso, aunque tiene anclajes para evitarla montando un pasamanos o rapelando. Una vez más, a buen seguro que la dificultad será notablemente más alta con un caudal elevado.


granito blanco, formas curiosas y juegos de luces
a punto de superar la marmita sifonada, el paso final

Superada esa poza, no hay más. Otro clásico al zurrón.



Datos de interés

Fecha del descenso: 28/10/2016

Dificultad: v4 a5 IV

Acceso desde: Flims Dorf (Grisones)

Aproximación: Igual que en el caso del Ual Ault Vorab, el Segnes y otros descensos de la zona, la circulación en vehículo a motor por las pistas que acceden a las proximidades de los barrancos está prohibida. Por ello, no queda otra opción (legal) que tomar el telesilla de las pistas de esquí que, desde Flims, sube a Foppa y Alp Naraus, y que tiene pinta de resultar caro para los bolsillos españoles. Una vez en Alp Naraus, hay que seguir una pista en dirección oeste durante 25 minutos, tiempo en el que llegaremos a un puente bajo el que empieza el tramo II. Para bajar el primer tramo, antes del puente tomaremos una senda que remonta el barranco por la orilla izquierda orográfica y accederemos al cauce en cinco minutos más.

Nosotros decidimos ahorrarnos el dinero del remonte mecánico y echar a andar desde las inmediaciones de su estación, pero un vecino, al volante de un pick-up, nos vió con las mochilas, comprendió lo que íbamos a hacer, se apiadó de nosotros y nos subió hasta el puente de acceso en un periquete. Seguramente nos ahorró una aproximación a pie que debe superar la hora y media como mínimo. ¿Tenía autorización para circular por allí? No se lo preguntamos.

Descenso: Cuatro horas según reseña para los tramos I y II. A nosotros, en condiciones de caudal normal, nos debió llevó apenas unas dos horas.

Retorno: Pasada la poza sifonante, saldremos por la derecha a un puente, que cruzaremos para seguir, por la orilla izquierda, una senda que nos sacará a la pista que lleva a Startgels y al telesilla de Foppa en unos 30 minutos. La gente normal cogerá aquí el remonte y bajará con él hasta el coche, pero nosotros seguimos a pie, pista abajo.

Rápel más largo: 15 m

Material: cuerdas 2 x 15 m, neopreno completo y guantes, todo ello en buen estado. El barranco es muy acuático y el agua está muy fría.

Observaciones: Pese a que no debíamos ser los primeros de la temporada, en una de las reuniones encontramos su único parabolt desnudo, sin chapa. En esta zona, llevad siempre un mínimo de material de instalación (nosotros lo llevábamos y solventamos el incidente sin problemas).

Lo mejor: Entretenido, estético y acuático.

Lo peor: como en el Ual Ault Vorab, la poca profundidad de buena parte del barranco hace que la sensación de compromiso sea muy baja.

Valoración personal (de 0 a 4): 3,2



Fotos: David Sánchez, Xavi Guerrero

lunes, 28 de noviembre de 2016

FLUAZ


últimas cascadas, fáciles de observar
Gavirolas y Fluaz fueron dos de los descensos que nos planteamos y observamos in situ durante nuestro viaje a Suiza central en 2015, pero que finalmente quedaron descartados sobre la marcha. No los habíamos olvidado, de manera que cuando se puso a llover en Oberland y nos quedó claro que allí la fiesta había acabado, cogimos la autopista en dirección a Flims y al cantón de Grisones.

Fluaz era nuestro primer objetivo, por lo que subimos al lago de Pigniu y visitamos sus últimas cascadas, fácilmente visibles. Por desgracia, seguía lloviendo y el barranco bajaba demasiado fuerte. Decidimos darle un par de días de margen: matamos el tiempo valorando caudales, bajamos el Ual Ault Vorab y al tercer día, por fin, acometimos el Fluaz.

Gran descenso.

Cuando hace tiempo que tienes algo entre ceja y ceja, sea lo que sea, se corre el riesgo de que al conseguirlo no parezca para tanto. Es lo que temía que pasara con este descenso, pero no: acabó siendo mejor de lo que esperaba. Y es que no sólo es bueno el barranco, sino la actividad en su conjunto, incluyendo una aproximación aérea y expuesta pero bella al mismo tiempo, y unas vistas finales del lago que permiten apreciar el paisaje y también el desnivel existente. Entre ambas cosas pasaremos de cinco a seis horas trabajando, montando rápeles que unas veces estarán equipados y otras tendremos que improvisar, y que en alguna ocasión nos harán pensar un poco antes de entrar de lleno en el activo. En el vídeo que ha montado Josito tenéis el resumen perfecto:





Entrando un poco más en detalle, el descenso empieza con un par de estrechos bonitos y bien formados, con abundantes aristas, recovecos, puentes de roca y otras formas caprichosas. Algunos pasos son estrechos y los rápeles presentan poca altura hasta llegar al final del segundo de estos tramos, donde encontraremos un rápel de treinta metros por el activo, y luego otro de diecisiete. 

primeros pasos en el interior del descenso
juego de luces a la salida del primer estrecho


aristas y puentes de roca...
...en el interior del segundo estrecho

a punto de recibir una ducha en el rápel de 30 metros, el penúltimo de esta parte

encadenamiento de rápeles anterior al tramo abierto
Después de esto, el barranco concede una tregua y atraviesa un tramo abierto, poco interesante, con varias rampas en el centro. El cauce se ensancha, y aunque se mantiene encerrado entre altas paredes, permite algún escape a izquierda y derecha.

Luego el descenso vuelve a encajarse, aunque en general no tanto como en sus inicios. Sin embargo, gana en desnivel y en intensidad. Varios rápeles de hasta quince metros nos llevarán al punto clave del descenso: un rápel que en las reseñas aparece como de setenta metros, con poza intermedia y por el activo. Hoy día, en la salida de esa poza intermedia hay una reunión que permite fraccionar el paso en dos rápeles, de 40 y 10 metros. Mucho ojo en el de cuarenta con el caudal, porque aunque podemos jugar a esquivar el activo durante la primera mitad, al final resulta imposible.

Si el rápel se antoja infranqueable, en teoría podemos escaparnos del cauce hacia la izquierda y rapelar desde un árbol para alcanzar otra reunión, en la pared, que nos permita llegar hasta abajo en seco. ¿Por qué digo en teoría? Porque nosotros fuimos a echar un vistazo y no vimos reunión alguna. 

  
cabecera del rápel de 40 m: buenas vistas y jaleo abajo
el fraccionamiento actual facilita las cosas

 A partir de aquí hay algún que otro rápel sencillo, pero también un tramo algo descompuesto con un salto en el que no vimos reunión y tuvimos que improvisar en un tronco. Ya no se tarda en llegar al desenlace del descenso, en el que encadenaremos varios rápeles, uno tras otro, hasta tocar suelo al pie de la gran cascada final.

rápel algo tumbado con el que iniciaremos el encadenamiento final

la tirada de rápeles final, vista desde el lago
el último rápel, largo pero sin dificultades

Una vez abajo, al volver la vista atrás, las cascadas finales, que escudriñábamos antes de la aproximación, se ven de otra manera...

Ah, por cierto. No os relajéis. Tres días después de nuestro descenso tuvieron que sacar a un grupo del Fluaz en helicóptero. Desconozco los detalles.



Datos de interés

Fecha del descenso: 28/10/2016

Dificultad: v6 a4 IV

Acceso desde: Flims (Grisones)

Aproximación: Desde Flims, tomaremos la carretera que sube a Pigniu y posteriormente al lago del mismo nombre. Aparcaremos bajo el muro de la presa -seguir subiendo en coche está prohibido- y continuaremos a pie, subiendo a la presa y cruzándola para tomar el camino de su derecha orográfica. Al fondo del valle veremos, a la izquierda, las últimas cascadas de nuestro descenso, y a la derecha, las del Aua dil Mer. Siguiendo pues el camino, cerca de un bloque de piedra con marcas de pintura, nace una senda poco trazada que remonta la ladera. Ascenderemos por ella y pronto empezaremos a enriscarnos, superando algunas fajas y pasos de escalada de tercer grado. Este tramo es aéreo y expuesto, y un resbalón o una caída sería la última. Si hay nieve o hielo, es mejor darse la vuelta y ni siquiera intentarlo. Más adelante, el sendero se interna en el valle del Fluaz y lo remonta alcanzando unos prados, desde los que ya se ve claramente la grieta de nuestro descenso y la del Gavirolas, algo más arriba. Sobre los acantilados de la otra orilla veremos una cabaña de madera: al llegar a su altura, bajaremos por los prados y entraremos al cauce. Tiempo total, unas 2 horas.

Lago de Pigniu, en octubre de 2015. Con esa nieve, es muy posible que la aproximación fuera demasiado expuesta o directamente imposible.

Descenso: De 5 a 6 horas, según grupo y caudal.

Retorno: Después de bajar el rápel de cuarenta metros, saldremos del cauce por la izquierda y tomaremos el sendero que desciende hacia el embalse, para luego bordearlo y volver al aparcamiento. Tiempo, 25 minutos.

Rápel más largo: 40 m (50 m si rapelamos por fuera una de las cascadas clave).

Material: cuerdas 2 x 50 m 

Observaciones: El equipamiento siempre es una incógnita en estos barrancos. Nosotros tuvimos que improvisar varios rápeles, instalando en puentes de roca, salientes o troncos empotrados. Imprescindible llevar material variado para equipar o reponer.

Lo mejor: descenso muy completo, actividad magnífica en su conjunto.

Lo peor: la expuesta aproximación puede convertirse fácilmente en infranqueable a la que nieve o hiele un poco.

Valoración personal (de 0 a 4): 3'5


Fotos: David Sánchez, Edy Candrian, Xavi Guerrero
Vídeo: Josito

lunes, 21 de noviembre de 2016

UAL AULT VORAB


Al día siguiente de descender el Schwarzbach amaneció lloviendo. No era una sorpresa, ya que la previsión meteorológica así lo indicaba, aunque esperábamos haber tenido, por lo menos, la mañana disponible. Visto lo visto, decidimos trasladarnos al cantón de Grisones y seguir allí con nuestros planes, aunque antes pasamos por el trámite ya tradicional de ser identificados por una patrulla de la policía cantonal, a requerimiento de un vecino (los suizos son gente de orden, y al parecer dos coches con matrícula española, por definición, son sospechosos). Solventado el trámite sin mayores problemas dejamos atrás primero Kandersteg, luego el barranco de Rosenlaui - que iba demasiado fuerte por las lluvias  -  y finalmente llegamos a Flims.

la aproximación
Aún tuvimos que limitarnos a ver llover una jornada más. Al día siguiente, con todos los barrancos demasiado fuertes, escogimos un descenso curioso por sus formaciones y habitualmente bajo de caudal, con la esperanza de que las lluvias lo hubieran activado: el Ual Ault Vorab.

En realidad, casi estamos hablando de una zanja en el suelo. Durante la aproximación, recorriendo unos prados alpinos algo irregulares y salpicados de instalaciones de las pistas de esquí, no hay vaguada evidente a la que dirigirse. Y al llegar al cauce, es difícil no poner cara de incredulidad: el barranco es una grieta estrecha, de apenas un par de metros de ancho o menos en su parte superior, que recorre el terreno como si la tierra se hubiera abierto de golpe. Sin duda es algo atípico, poco habitual, y lo comprobaremos en cuanto nos adentremos en sus entrañas.

 
Nadie lo diría, pero esta grieta es el inicio del descenso. Uno podría caerse al interior sin darse cuenta.

Una vez dentro, tendremos que serpentear por pasillos y resaltes estrechos y retorcidos, repletos de aristas y puentes de roca. La mochila es un estorbo y nos la tendremos que quitar en muchos pasos, en los que además tendremos que progresar de lado para poder pasar. El ambiente sería claustrofóbico si no fuera porque las paredes, muchas veces, apenas miden tres o cuatro metros de alto, y la sensación de que se puede abandonar en cualquier momento es permanente. A ello también contribuye el hecho de que la primera parte está formada por varios estrechos que se alternan con tramos abiertos, por lo que incluso podremos saltarnos alguno cuando nos cansemos de las estrecheces. 



en la parte superior hay algún que otro pequeño rápel
los bloques empotrados también forman zonas oscuras


un pasillo recto, algo extraño en este descenso...
...en el que lo normal son las aristas y los recovecos

 
Estrechísimo paso para saltar a una marmita perforada. El barranco está lleno de rincones retorcidos como este.


salida de uno de los estrechos del primer tramo
Los estrechos de la primera parte son curiosos y bonitos, es cierto, pero la progresión es eminentemente horizontal y puede llegar a hacerse pesada.


La segunda parte mantiene la estrechez, pero a diferencia de la primera, gana en verticalidad y se mantiene cerrada hasta el final, cosa que aumenta el compromiso y también el interés. Aquí es donde, por fin, usaremos las cuerdas largas que dejamos escondidas durante la aproximación. El final está aparentemente cerca, pero hay muchos más rápeles de los que parece entre el punto en el que dejamos las cuerdas y la confluencia con el Ual Draus, el río principal en el que acabaremos nuestro descenso. El más importante de ellos tiene cuarenta y cinco metros y sale a terreno abierto, permitiéndonos disfrutar del entorno sin dificultades técnicas. Lástima de las torres, los cañones y las casetas de las pistas: sin ellas, el entorno sería mucho más salvaje y solitario.


 
el segundo tramo mantiene las aristas del primero...
...y también las estrecheces

Cabecera del rápel más largo, de 45 metros. El terreno...
...parece abierto, pero nos quedan varios rápeles aún.

Es probable que, cuando pensamos en barrancos glaciares, no nos estemos refiriendo a barrancos como este. Sin embargo, estamos ante un descenso peculiar que merece una visita. Eso sí, mejor en julio o agosto...

secando el material en Alp Nagens, mientras disfrutábamos del sol y la tranquilidad


Datos de interés

Fecha del descenso: 27/10/2016

Dificultad: v4 a2 III

Acceso desde: Laax (Grisones)

Aproximación: El barranco se encuentra en el interior del dominio esquiable de Laax, y la circulación en vehículo a motor por sus pistas está prohibida. Para acceder al descenso tendremos que dejar nuestro coche en la estación de los remontes mecánicos de Laax, y tomar allí el autobús que sube a Nagens (ojo, no funciona todo el año). Nos bajaremos en Alp Nagens, la penúltima parada, y desde allí seguiremos una pista en dirección oeste, que a los quince minutos pasa ante una construcción, y a los treinta, ante otra. La pista se convierte en sendero, y unos cuarenta minutos más allá, alcanzaremos nuestro barranco. En este punto podemos dejar escondidas las cuerdas largas, que no nos harán falta en la parte superior, y luego seguir remontando el cauce. Encontraremos un sendero que lo cruza, seguiremos subiendo y, al encontrar un segundo sendero, iniciaremos el descenso. Tiempo total, 1h 30 min.

Descenso: 4 h 30 min según reseña.

Retorno: Una vez en el río principal, lo seguiremos cauce abajo hasta llegar a una pasarela de madera. Por ella, saldremos hacia la izquierda y seguiremos las marcas de GR que nos conducirán de nuevo, pasando por las mismas edificaciones que a la ida, hasta Alp Nagens. Tiempo, 45 minutos.

Rápel más largo: 45 m

Material: cuerdas 2 x 50 m para la parte inferior (2 x 10 m para la superior), neopreno

Observaciones: el Ual Ault Vorab se alimenta de la fusión de un pequeño glaciar cercano y nace a más de 2300 metros de altura, pero su descenso puede afrontarse antes, a partir de junio. En estas fechas no acostumbra a correr el agua, salvo tras lluvias, como fue nuestro caso.

Lo mejor: excepcional por sus formas, retorcidas y caprichosas.

Lo peor: la poca profundidad del cañon, que hace que la sensación de compromiso sea casi inexistente.

Valoración personal (de 0 a 4): 2'9


Fotos: David Sánchez, Xavi Guerrero

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