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miércoles, 22 de noviembre de 2017

ABRIENDO EL BARRANCO DE RIUEÑO


Los Besiberris al este, el macizo de la Maladeta al oeste y la muralla del puerto de Vielha al norte. La cabecera del río Noguera Ribagorzana está flanqueada por picos que se acercan o superan los tres mil metros, que acumulan grandes cantidades de nieve en invierno y que alimentan generosamente el embalse de Baserca con el deshielo de la primavera. Los grandes desniveles y los caudales abundantes, pues, son una constante en esta zona. Sin embargo, y curiosamente, hasta hace cuatro días no había ningún barranco deportivo abierto allí: todos los descensos conocidos en el Alto Noguera Ribagorzana se encontraban del embalse para abajo.

Puede que las características del terreno no prometan, es cierto, pero a pesar de todo había algunos cauces que merecía la pena explorar. Así se abrió primero el barranco de Lac Redon y posteriormente el Salenques, aunque uno no siempre triunfa: otros torrentes, como el Fenerui, resultaron no tener absolutamente ningún interés.

el embalse de Baserca y, al fondo, el valle de Conangles
Así llegamos al Riueño, un barranco que vierte sus aguas justo enfrente de aquel último, a la derecha orográfica del Noguera Ribagorzana y a poca distancia de la cabecera del embalse de Baserca. Algún que otro barranquista local lo había descartado, pero siempre es bueno contar con otro par de ojos. Oscar, que interpreta como nadie las curvas de nivel y es de esos que saben apreciar el placer de explorar algo nuevo, vio posibilidades en un tramo concreto. No hizo falta decir mucho más para planificar un fin de semana completo de barranquismo en la Ribagorza. Un sábado de agosto, en compañía de Frank y Carrasco, bajamos el Salenques y el Llauset superior. Al día siguiente, domingo, y con el neopreno aún húmedo de la jornada anterior, Oscar y yo cargamos con los trastos necesarios y nos dispusimos a abrir un nuevo descenso mano a mano.

Y oye, no salió mal: una vez acabado el tramo con interés deportivo, habíamos equipado un total de nueve rápeles de hasta cuarenta metros. La roca estaba algo rota y el cauce no formaba paredes pulidas, es cierto. Pero se cerraba lo suficiente y formaba cascadas verticales de hasta veintidós metros, además de otra tumbada de setenta, que se sucedían de forma contínua y mantenían el interés de principio a fin. Si a todo esto le sumamos que los tiempos de acceso, descenso y retorno resultaron asequibles y equilibrados, y que mantenía un caudal suficiente incluso durante el estiaje de un año tan seco como este, el reultado fue un descenso perfecto para redondear una jornada barranquista en combinación con cualquiera de sus vecinos. O para salvar jornadas futuras cuando estos vayan pasados.

El caso es que, al ir avanzando sin saber cuánto nos quedaba por delante, fuimos racionando los parabolts y las chapas y procurando ir rápido. Por ello, y aunque finalizamos el descenso, algunas reuniones quedaron demasiado precarias o peor situadas de lo que nos hubiera gustado. Así, quedaba pendiente volver a él para finalizar su equipamiento.

la aproximación, en unas condiciones interesantes
Podríamos haberlo hecho un par de semanas después, pero ¿para qué hacerlo tan fácil? Lo fuimos atrasando y acabamos yendo después de las primeras nevadas, un frío y ventoso sábado de noviembre. Siendo positivos, de esta manera el segundo descenso del Riueño se convirtió en el primero invernal, y nos lo anotamos en compañía de los amigos del TEC, que se apuntan a un bombardeo y más si está helado.

El aparcamiento está a pie de embalse, a más de mil cuatrocientos metros de altitud, así que a los diez minutos de empezar la aproximación ya estábamos pisando nieve. En menos de una hora abandonamos el sendero y bajamos al cauce, ya visible. En ese punto no promete mucho, pero aguas abajo, en un centenar de metros, el río empieza a hundirse  en el terreno y forma las primeras dificultades.

El primer resalte, de unos siete metros, lo destrepamos sin dificultades en agosto. Con nieve y la roca helada, este segundo descenso montamos un pequeño rápel en un árbol, que los que vengan detrás, en condiciones normales, podrán evitar.

el primer rápel puede destreparse por la derecha en condiciones normales, pero la nieve y el hielo reclaman prudencia

R2, de 12 metros de altura, y su tronco

De inmediato llegamos al segundo rápel del descenso, el primero real, que se desciende desde una reunión equipada en un árbol. En medio nos espera un tronco, primer aviso de lo que a partir de aquí será una constante: la presencia de troncos y árboles caídos a lo largo de todo el descenso. Abunda la madera, sí, pero no llega a generar obstáculos de entidad.


Pasado este rápel, el cauce sigue una fisura en el estrato rocoso y avanza formando toboganes y resaltes. Tras un rápel en la zona más estrecha, superamos varios resaltes destrepando sin problemas, por el agua o por fuera, hasta unos troncos y un resalte algo más vertical, equipado para un pequeño rápel de cinco metros. Después, la fisura se estrecha y finaliza con un último escalón, de unos tres metros, tras el que ya se intuye una zona más vertical, más amplia y con buenas vistas de las montañas del otro lado del valle.



bajando R3 con la ayuda de la cuerda
el final del pasillo crea un bonito paso de tonos rojizos

Un rápel de diez metros volvió a dejarnos en la salida de lo que se intuye como una cascada de cierta longitud. La roca no es demasiado buena, de manera que en agosto pusimos un parabolt a bastante baja altura y nos descolgamos hacia lo desconocido, que resultó ser una salto de agua de veintidós metros.


un bello entorno alpino rodea nuestro descenso
salida del rápel de 22 metros, sin final a la vista


Xavimu, al pie de la cascada de 22 m
En este segundo descenso mejoramos la reunión, inicialmente monopunto, con un segundo parabolt y su correspondiente chapa con anilla, y afrontamos el remojón con mayor tranquilidad.

El barranco hace aquí un giro en ese. Superamos unos resaltes y unos troncos, un pequeño rápel de ocho metros y un nuevo resalte, y nos plantamos ante la recta final del descenso. El terreno circundante se abre, salimos al bosque y a nuestra derecha se intuye el cauce de un afluente, que baja desde el tossal de l'Home (2431m). Por delante tenemos una larga rampa, de la que un cambio de  inclinación nos oculta el final... aunque el gran desnivel hasta el fondo se hace evidente. En nuestro primer descenso, aquí montamos un rápel de cuarenta metros y fuimos a buscar un árbol a la orilla izquierda, desde el que nos descolgamos hasta el fondo: un cruce y una línea de rápeles que a toro pasado no nos pareció la mejor opción, y que decidimos variar. Así, en nuestro repaso de noviembre equipamos el segundo rápel de la cascada dentro del cauce, mediante dos parabolts en la visera rocosa que ya se ve desde la reunión superior. Una línea más interesante, pura y divertida que pasa a ser la definitiva.


añadiendo un segundo parabolt en la reunión de salida de la cascada tumbada

segunda fracción de la cascada tumbada, ahora ya más vertical, de treinta metros

R9 30m, visto desde abajo

Una vez abajo, las aguas de nuestro barranco se unen a las del afluente que adivinábamos desde arriba. Este llega mediante un paso estrecho e incluso parece aportar más agua que nuestro río. En consecuencia, el caudal se dobla al llegar aquí, aunque por desgracia ya no queda mucho por descender: el pasillo pulido de pequeñas bañeras que se abre a nuestros pies será la última dificultad a afrontar. Para ello dejamos montado un último rápel en la orilla izquierda, consistente en un parabolt con chapa y anilla, y liquidamos el pasillo y su salto final, de apenas tres o cuatro metros.


Después de este último paso recogimos las cuerdas, pero no nos quitamos el neopreno. Nos esperaban aún unos ciento cincuenta metros de resaltes y cauce sin interés, atravesando un terreno cada vez más abierto, hasta llegar al camino de salida que nos devolvió a los coches.

Misión cumplida: un nuevo barranco abierto en la Ribagorza.


bajando el pasillo final, apurando los últimos metros de nuestro descenso



Ficha técnica

Nombre: Barranco de Riueño o de la Font Blanca (IGN); barranco de Riueno (ICGC)
Dificultad: v4 a3 III 
Provincia: Huesca
Zona: Valle del Noguera Ribagorzana. Parque Natural Posets-Maladeta. Municipio de Montanuy
Cuenca hidrográfica: Noguera Ribagorzana
Población más cercana: Aneto (Huesca)
Mapas: IGN MTN 1:25.000, hoja 180-4 Barruera; ICC el Pont de Suert 1:25 000
Altura en inicio: 1740 m
Altura en final: 1477 m
Desnivel: 260 m
Longitud: 600 m 
Roca: calizas y pizarras
Tipo de cañón: barranco alpino con alternancia de zonas encajadas y abiertas


situación general del descenso, muy cerca del muro del embalse y al sur del barranco de Salenques



Acceso desde: Aneto (Huesca)

Combinación de coches: no

Aproximación: Desde Vilaller (Alta Ribagorça, Lérida) o desde Aneto, unos kilómetros más arriba, tomaremos la carretera N-230 en dirección a la Val d'Aran y llegando a la altura de la presa de Baserca cruzaremos tres túneles. A la salida del tercero de ellos, el túnel del Fogá, reduciremos la velocidad y prestaremos atención: a trescientos metros y a la derecha, por un hueco entre las vallas quitamiedos, saldremos de la carretera y entraremos en un amplio aparcamiento casi a la orilla del pantano. Dejaremos aquí el coche, cruzaremos la carretera y a la izquierda, a pocos metros, tomaremos el sendero que asciende en dirección a los ibones de Riueño y Anglios. Siguiendo siempre el sendero balizado ascenderemos fuertemente, trazaremos varias lazadas y finalmente, tras una pequeña bajada, veremos como nuestro camino se interna en el bosque, ahora ya con menor inclinación, para avanzar en paralelo al cauce de nuestro barranco. Cuando el terreno pierda inclinación y veamos el agua a nuestra izquierda, saldremos del sendero y bajaremos al cauce por entre los árboles. Si no lo vemos claro, seguiremos por el camino y al llegar al cauce de un torrente, seco según la época, lo seguiremos de bajada y alcanzaremos nuestro descenso. Una vez en el río, sólo hay que seguir las aguas hasta llegar a las primeras dificultades. Tiempo, de cincuenta minutos a una hora. 

Descenso: Unas dos horas.

Retorno: Tras el último rápel, el barranco se abre y el cauce avanza en forma de sucesión de bloques y resaltes. Seguiremos río abajo durante unos doscientos metros y encontraremos a nuestra derecha un sendero. Por él, nos internaremos en el bosque y en apenas diez o quince minutos llegaremos a la carretera, muy cerca del aparcamiento.

Altura del rápel más largo: 35 m

Material: cuerdas 2x40 m, neopreno completo 

Equipamiento: Bueno, a base de parabolts de 8 mm y naturales. Recomendable llevar cintas o cordinos de repuesto.

Época: Posible todo el año, con precaución en primavera (deshielo) e invierno (nieve y hielo). Recomendable de abril a octubre.

Restricciones: El descenso se encuentra en el interior del Parque Natural de Posets-Maladeta, pero por ahora el barranquismo no está regulado.

Observaciones: Aunque no hay referencias claras, podemos valorar el caudal del barranco desde el puente de la carretera, a la salida del túnel.

Historia: Abierto por Oscar González y Javier Guerrero el 13/08/2017. Equipamiento completado el 11/11/2017 con la colaboración del Team Espeleocanyons (Xavi Muñoz y Xavier Batiste).

Lo mejor: descenso rápido por horarios totales, perfecto complemento de sus vecinos

Lo peor: roca frágil y rota en algunos tramos, las pozas no cubren

Valoración personal (de 0 a 4): 2,6


Fotos: Oscar González, Xavi Guerrero

martes, 7 de noviembre de 2017

BARRANCO DE SALENQUES


Cuando en 2015 abrimos el barranco de Salenques salí con la sensación de que, a diferencia de otras veces, habíamos descubierto un descenso potente y realmente interesante. Sin embargo, es difícil valorar un barranco que has abierto tú. Primero, por culpa del elemento subjetivo. Ya sabéis, tus hijos siempre son los más guapos. Y segundo, porque no es lo mismo abrir un barranco, con las interrupciones y el tiempo que se pasa taladrando, comprobando, reseñando, etc., que bajarlo, encadenando dificultades de forma dinámica. Por eso, para valorar mejor el barranco necesitaba dos cosas: repetirlo deportivamente, y que mis amigos lo bajaran y opinaran.

A principios de agosto, Frank planteó al resto de amigos hacer su escapada mensual a la Ribagorza para liquidar una de sus cuentas pendientes, el Llauset superior, y de paso bajar también el Salenques. ¡Perfecto! Ahí tenía mi oportunidad de repetir el descenso, de llevar a mis amigos y ¡ah!, también de hacer algún que otro arreglillo.

El barranco ya está descrito y reseñado en detalle en esta otra entrada, y sobre todo en la guía Cañones y barrancos de la Ribagorza, así que no me extenderé. Sí diré que sin darme cuenta y sin pretenderlo lo bajamos casi dos años exactos después del primer intento, y que a pesar de coincidir en las fechas, el caudal era notablemente menor. 2017 ha sido un año muy seco.

admirando los Besiberris durante la aproximación


Después de una hora aproximada de acceso a pie, entramos en el río y afrontamos los resaltes previos al primer rápel. El recorrido no es demasiado limpio, pero el tramo es corto y enseguida se llega a la primera instalación. La vista desde arriba es impresionante, el agua ruge y la espuma lo invade todo. La poza de recepción no se ve, pero sí se intuye el pasillo de salida, igualmente blanco y tumultuoso.

resaltes y troncos en el inicio del descenso

Carrasco bajando el primer rápel
Frank superando el pasillo

Tras el primer rápel, debe salirse del agua por la derecha pasando bajo el tronco empotrado, y acceder a una repisa que, por decirlo así, dobla la esquina. La reunión del segundo rápel está al final de la misma, más baja y expuesta, es cierto. Aquí algunos echarán de menos un pasamanos de acceso, pero ni yo ni el resto de los aperturistas lo hemos necesitado nunca: la roca agarra más de lo que parece y hay buenas presas para las manos.

Oscar en la cabecera del corto tercer rápel
Carrasco en la goulotte, esta vez por la derecha

Superado el pasillo, se llega a la goulotte que en su día equipamos por la izquierda siguiendo una línea muy delicada y expuesta que, desde abajo, estaba claro que no era la mejor. Por eso decidimos aprovechar el descenso para hacer reformas, aunque tenía indicios de que alguien ya se nos había adelantado. Y efectivamente, la línea ya estaba abierta... así, hoy el estrecho puede superarse directamente desde la reunión superior, mediante un rápel de aproximadamente 25 metros -apoyada en un desviador en un arbusto- que baja en diagonal hasta una repisa. Desde ella hay un salto limpio a la poza o, alternativamente, un nuevo rápel desde un árbol situado unos metros más arriba. Esta nueva línea es más segura que la original, aunque si el caudal es lo suficientemente bajo puede rapelarse directamente por dentro desde la reunión de la poza intermedia (línea izquierda).


Frank, bajando el estrecho por la derecha orográfica...
...para luego saltar limpiamente desde la repisa

zona abierta de resaltes tras el estrecho

Después de la goulotte o estrecho, el descenso se abre y se superan algunos resaltes y bloques de menor interés. Aquí se progresa por donde mejor se puede, hasta llegar a un pequeño caos con un gran bloque en el centro. Por su derecha toca hacer un pequeño rápel, y tras él se alcanza enseguida la última y más agitada cascada del descenso. La pared izquierda del cauce ya ha perdido aquí toda su altura, y el camino de aproximación está a pocos metros de donde nos encontramos. Eso facilita el acceso, pero también que los amigos de lo ajeno se acerquen a la última reunión y se la lleven. Esta se encuentra en una posición baja, en un árbol sobre la esquina izquierda del salto de agua. No es demasiado visible, pero por lo visto no está suficientemente escondida: alguien se la había llevado y tuvimos que reponerla. Aún así, en caso de necesidad podríamos rapelar directamente desde el tronco.




el último rápel, el más agitado de todos aunque el menos comprometido: es evitable

El último rápel va por fuera del agua y finaliza sobre unas rocas, por lo que no da ningún problema. La poza, sin embargo, tiene una fuerte línea de cizalla que debemos cruzar en perpendicular. ¡Una buena forma de acabar el descenso!

el rápel, visto desde abajo
la poza final, el último escollo superar

Unas fotos de grupo, un baño en la poza y abandonamos el cauce allí mismo, saliendo por la izquierda al camino. Sin duda es la mejor opción, porque los resaltes que quedan ya no tienen interés. ¡Para qué estropearlo!

Misión cumplida, barranco repetido y casi puede decirse que finiquitado, aunque las reuniones son mejorables (no olvidéis que son monopuntos). Seguro que volveré varias veces. Merece mucho la pena.

¿Qué opinaron mis amigos? Podeis verlo en el blog de titofrank canyoning.


Fotos: Oscar González, Xavi Guerrero

domingo, 17 de septiembre de 2017

GARGANTA DE ORDISO O ARA SUPERIOR


Parece que no, pero los años van pasando. Te das cuenta el día en que te plantean bajar un barranco que ya tienes hecho, y compruebas que la última vez que lo hiciste aún no escribías este blog. ¡Y llevo ya diez años colgando mis descensos en Barranquistas!

Pues sí, amigos. Llevaba doce años sin bajar el Ordiso, uno de los grandes clásicos del Pirineo aragonés, cuando a finales de julio los amigos del TEC me plantearon revisitarlo. Hacía tiempo que tenía pendiente volver al valle de Bujaruelo: mi última visita al Ordiso había sido en 2005, y a la garganta de los Navarros, creo que en 2007... así que ya tocaba meterse otra vez en ambos.

El tramo superior del río Ara, también conocido como garganta de Ordiso, es uno de los descensos imprescindibles del Pirineo. Su caudal y su fama de técnico han hecho de él un objetivo codiciado, aunque con el tiempo ha padecido el mismo proceso que muchos otros descensos difíciles: su equipamiento ha ido aumentando hasta eliminar parte de su compromiso. Eso hace que en pleno estiaje sea un descenso bastante asequible y por ello frecuentado: nosotros seguramente éramos el primer grupo del día, pero llevábamos varios más pisándonos los talones.

El recorrido empieza sin calentamiento previo, con un salto  de unos diez metros a una amplia poza. Un tobogán con rebufo y un nuevo salto (o rápel opcional), ya bajo el puente de Burguil, dan color y emoción a este primer tramo del barranco, por lo demás bastante abierto.


salto de entrada al barranco
bajo el puente de Burguil podemos saltar de nuevo


el salto del Dado
 A continuación toca caminar y sortear bloques en un tramo sin interés de unos trescientos metros, preludio de una zona estrecha en la que encontraremos el paso más característico y fotografiado del barranco: el salto del Dado, un gran bloque encajado entre las paredes de la garganta que forma una cascada de unos seis metros. Abajo nos espera un largo y profundo pasillo, y un rebufo que sortearemos saltando lejos de la espuma. Sin duda, un paso muy estético.

Tras él, el cauce se mantiene estrecho durante un tramo en el que forma varios resaltes, y finalmente se abre después de pasar bajo un bloque empotrado a varios metros de altura. Este último paso puede sortearse por el agua, o bien subiendo a lo alto y rapelando desde allí. Según las reseñas también puede saltarse, pero a finales de julio, durante nuestro descenso, había varios troncos cruzados que lo desaconsejaban totalmente.




Esta última zona es una buena muestra de lo que puede hacer el agua cuando baja en crecida, algo que todos sabemos pero no siempre tenemos presente. Antiguamente, al final del pasillo había una cascada de unos diez metros de altura. Sin embargo, en octubre de 2005 una brutal crecida limpió el cauce: las mediciones de la estación de aforo de Boltaña pasaron de 7 a 360 m3/s en poco más de veinticuatro horas. La riada se llevó por delante los bloques y sedimentos que habían formado la cascada, aunque uno aguantó el tipo: el boque empotrado que se encontraba en lo más alto y bajo el que hoy puede pasarse tranquilamente.


el bloque empotrado del final del pasillo, en 2017...
...y en verano de 2005, antes de la crecida.



Después de este paso nos quedan un salto y unos pasillos antes de dar por finalizado el descenso.


Datos de interés

Fecha del descenso: 29 de julio de 2017

Dificultad:  v1 a5 II

Acceso desde: Torla (Huesca)

Combinación de coches: No

Aproximación: Desde la población de Torla, saldremos carretera arriba en dirección al Parque Nacional de Ordesa. Al llegar al puente de los Navarros, torceremos a la izquierda y seguiremos la pista de tierra, remontando el valle de Bujaruelo hasta llegar a su final. Aparcaremos el coche junto al refugio y el camping, y ya a pie seguiremos pista arriba, manteniéndonos en la derecha orográfica del río. llegaremos al puente de Oncins, final de nuestro descenso, y lo cruzaremos. Acto seguido tomaremos  una senda que sale por la izquierda, ascenderemos por ella y más adelante saldremos de nuevo a la pista. Al llegar a la altura de una cascada que aparece por nuestra derecha -el salto del Pich- bajaremos al cauce, nos prepararemos e iniciaremos el descenso. Tiempo aproximado, unos cuarenta y cinco minutos.

de vuelta a San Nicolás de Bujaruelo
Descenso: Unas tres horas, según grupo y caudal.

Retorno: La garganta final nos conduce directamente al puente de Oncins, que cruzamos durante la aproximación. Después de pasar por debajo, sólo tenemos que salir del cauce y desandar el camino hasta el aparcamiento. Tiempo, unos veinte minutos.

Rápel más largo: 10 metros.

Material: cuerdas 1 x 20m, neopreno completo.

Observaciones: Valorar el caudal de este descenso desde casa es relativamente sencillo. Para ello, deben consultarse las mediciones de la estación de aforo del río Ara a su paso por Boltaña (ver). Normalmente se considera que el descenso lleva un caudal alto cuando anda sobre los 7 m3/s, y se ha bajado con 10 m3/s, un caudal sin duda muy elevado. El día de nuestro descenso el caudal era de 2'7 m3/s, bajo para lo que es habitual y con escasos y débiles movimientos de aguas vivas. 

Lo mejor: descenso clásico, bueno para iniciarse en las aguas vivas si se afronta con caudal moderado

Lo peor: algún que otro tramo abierto de escaso interés

Valoración personal (de 0 a 4): 2,9

lunes, 25 de enero de 2016

SALENQUES, APERTURA EN DOS TIEMPOS


En agosto de 2014 parecíamos tener un barranco realmente interesante por abrir. Sobre el mapa, y sobre el terreno, parecía ser bastante corto... pero desde fuera, el caudal se mostraba tan elevado que aquello prometía ser breve pero intenso. Si se cumplían las expectativas, el descenso podía acabar siendo un nuevo clásico del Pirineo.

El día escogido, Didi y yo nos preparamos con todo lo necesario y nos pusimos a ello. Tras la aproximación, entramos al cauce y nos encontramos con un caudal muy, muy elevado, y un entorno granítico realmente resbaladizo. Equipamos dos rápeles en el estrecho incial, y por desgracia, no pasamos de ahí: la mala fortuna hizo que se me empotrara la pierna entre dos bloques y me destrozara la rodilla izquierda. Abandonamos por nuestros propios medios, pero imposibilitado como estaba para andar una hora hasta la carretera, acabamos volando en el helicóptero del GREIM.

La jornada, que tendría que haber acabado en un bar celebrando el éxito, finalizó conmigo lesionado y magullado en el hospital de Vielha. No entraré ahora en las causas del accidente, en los errores cometidos o en el funcionamiento del 112: todo eso da para una entrada independiente que posiblemente acabaré escribiendo. Diremos simplemente que, con semejante lesión, dí prematuramente por finalizada aquella temporada y empecé bastante tarde la siguiente.

Una vez recuperado y en pleno funcionamiento, estaba claro que había que completar aquella apertura interrumpida. Cosas así no se pueden dejar a medias. Eso sí, la mala experiencia del año anterior aconsejaba dos cosas: buscar un estiaje aún mayor, y repartir el peso entre más de dos personas. Siguiendo estas dos pequeñas lecciones, el 26 de septiembre Didi y yo volvimos al ataque, esta vez acompañados por dos amigos, David y Reynaldo, y con el peso de cuerdas, hierros y taladro convenientemente repartido. 

Después de cambiarnos iniciamos el descenso afrontando unos primeros pasos que aún teníamos frescos en la memoria. Descendimos la primera cascada desde el mismo árbol que el año anterior, y comprobamos que aunque seguía rugiendo, lo hacía con menor intensidad que la primera vez.


el primer rápel (28 m), una forma muy potente...
...e intensa de empezar el barranco


La poza de recepción mantenía su ambiente, y el gran tronco empotrado seguía allí, cerrando el paso de salida. Por la derecha, nos encaramamos de nuevo a la estrecha y resbaladiza repisa que habíamos utilizado el año pasado. El parabolt que pusimos entonces seguía allí, intacto, y en el pasillo siguiente el caudal se veía alto, pero no tanto como la vez anterior. Rapelé hasta el siguiente resalte, Didi me siguió para echarme un cable, y dejamos un nuevo parabolt para evitar aquel paso, pequeño pero traicionero, que me había costado la rodilla un año antes.

equipando la reunión del segundo rápel tras una travesía algo delicada, durante nuestro primer intento


fortísimo caudal la primera vez en el pasillo...
...pero volumen más asequible a la segunda


A partir de aquí, entrábamos en terreno inexplorado. El siguiente paso era una goulotte, un rápel fuertemente canalizado con un aspecto bastante infernal visto desde arriba. Tras un rápel a una primera poza intermedia, instalamos un pasamanos desmontable bastante delicado y finalmente un rápel por la izquierda con el que superamos completamente el paso. Visto desde la mitad, posiblemente hubiera sido mejor equipar una línea de rápeles por la orilla derecha, más directos y más cerca del agua, pero para cuando nos dimos cuenta, yo ya me había pasado de largo... Queda pendiente volver a revisar ese tramo.

otro paso delicado, esta vez a través de una cornisa...
...para llegar al rápel que supera esta goulotte


Tras la goulotte, comprobamos que el barranco se abría definitivamente, perdía el encajamiento tan interesante de la parte anterior y se acercaba mucho al camino de acceso. Aún así, nos quedaban por delante un resalte, un rápel de siete metros, tres pequeños resaltes más y una sorpresa final: un rápel con una recepción muy agitada y una línea de cizalla de cruce obligado.

pequeño rápel en una zona abierta
el último rápel, un buen colofón para el descenso


Bien... en realidad, sorpresa no era: el paso es fácilmente accesible desde el camino de aproximación, y ya nos había impresionado el año anterior. Por desgracia, este paso no es obligatorio. En la cabecera del rápel, si no lo vemos claro, podemos abandonar por la izquierda y sortear el rápel, o poner punto y final al descenso directamente... y eso es una lástima, porque de ser obligado, este paso sería realmente limitativo y elevaría el compromiso del descenso. No se puede tener todo.

Reynaldo, lanzándose a superar el "fregao" y la línea de cizalla que provoca la cascada


Unos resaltes más, y el descenso como tal se acabó. Los resaltes y rampas siguientes ya no tienen aliciente deportivo, y las recorrimos sin otra finalidad que encontrar un punto por el que abandonar el cauce y dar por finalizado un descenso que a mí me pareció realmente intenso e interesante, aunque es bastante difícil ser objetivo a la hora de valorar un descenso que has abierto tú mismo. ¿Un descenso tremendo? ¿Simplemente interesante? ¿O uno más? El tiempo y las repeticiones lo pondrán en su lugar.



Ficha técnica

Nombre: Barranco de Salenques o barranco de les Ixalenques
Cotación: v5 a4 III 
Provincia: Huesca
Zona: Valle de Salenques, Parque Natural Posets-Maladeta. Municipio de Montanuy
Cuenca hidrográfica: Noguera Ribagorzana
Población más cercana: Aneto (Huesca)
Mapa: ICC el Pont de Suert 1:25 000
Altura en inicio: 1803 m
Altura en final: 1659 m
Desnivel: 140 m
Longitud: 400 m 
Roca: granito
Tipo de cañón: primer tramo encajado, segundo abierto

caudales altísimos incluso en pleno verano


Aproximación: Desde Vilaller, o desde Aneto, tomaremos la carretera N-230 en dirección a la Val d'Aran. Bordearemos el embalse de Baserca, y cerca de su cola, justo antes de una curva a la derecha y del puente que cruza el río Salenques, dejaremos el coche en un apartadero de la carretera.

A pie, cruzaremos la carretera y tomaremos el sendero S9, bien señalizado, que parte del puente y sigue la orilla derecha orográfica del río. Nada más empezar a caminar, un breve resalte en la estación de aforo puede servirnos de checkpoint (ver foto). El camino asciende por el interior del bosque hasta llegar a un puente metálico. Lo cruzaremos y al otro lado torceremos a la izquierda, siguiendo un camino visible y marcado con hitos. Tras unos diez minutos de subida pronunciada, en la que pasaremos muy cerca del cauce en algunas ocasiones, tomaremos un sendero poco marcado a la izquierda para cruzar los matorrales y, unos metros más allá, llegar al cauce. Tiempo, 1h 15 min

checkpoint del descenso, el día de la apertura
Descenso: 2h 30 min. a 3 h. Horario estimado.

Retorno: Tras la confluencia con el barranco de Anglos, superaremos un resalte y buscaremos la mejor forma de salir hacia la derecha campo a través, hasta encontrar el camino GR que baja de los ibones. Lo seguiremos hacia la izquierda, y en pocos minutos llegaremos al puente metálico que cruzamos durante la aproximación. Solo queda deshacer el camino para volver al aparcamiento. Tiempo, 45 min.

Altura del rápel más largo: 28 m

Cuerdas: 2x30 m

Neopreno: Completo

Instalaciones: Monopuntos a base de parabolts de 10 mm y naturales. Recomendable llevar cintas o cordinos de repuesto.

Época: Verano avanzado. De agosto a octubre. 

Restricciones: Aunque el descenso se encuentra en el interior del Parque Natural de Posets-Maladeta, el barranquismo no está regulado por ahora.

Historia: Primer intento el 15 de agosto de 2014, por Didier Mena y Xavi Guerrero: abandono por lesión tras el resalte que hoy es el tercer rápel. Apertura completa el 26 de septiembre de 2015 por David Buil, Reynaldo Sáez, Didier Mena y Xavi Guerrero. Posteriormente Edu Gómez y Miquel Soro, aperturistas en serie que barren los Pirineos desde los años 90, me confirmaron que mucho antes que nosotros, en agosto de 1992, intentaron la apertura y se retiraron por culpa del caudal. Desde aquí les agradezco profundamente que se olvidaran del tema y no volvieran a acabar el trabajo...

Lo mejor: breve pero intenso ejercicio técnico

Lo peor: corto; los tramos abiertos le restan compromiso

Valoración personal (de 0 a 4): 3,2


Fotos: Didier Mena, Xavi Guerrero


miércoles, 27 de mayo de 2015

BARRANCO DE TRÁSITO INFERIOR


No me gusta demasiado repetir descensos. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo eso es algo que, por motivos obvios, cada vez es más difícil. El Trásito inferior, un barranco sencillo y de escaso caudal, era uno de esos descensos para los que nunca había encontrado el momento y seguía en mi lista de pendientes. Por suerte, cada barranco tiene su momento... y el retorno a la actividad después de una lesión parecía el adecuado para él. Por ello, y tras una primera toma de contacto con la actividad entre semana, el 10 de mayo pasado salí con David a hacer un poco de rodaje... y este barranco fue nuestro primer objetivo.

El Trásito interior es un descenso clásico, uno de los mejores del Pirineo Aragonés en conjunto. No es un descenso difícil: al contrario, los rápeles son de escasa entidad y fácil ejecución, no tiene pasos técnicos y el caudal no supone ningún problema en las condiciones habituales. Ese elemento, el caudal, es el factor que va a condicionar el recuerdo que nos llevemos del descenso, ya que sólo lleva un volumen normal a principios de temporada. En pocas semanas, pasa a llevar un hilillo o directamente nada... y sin agua, su interés y belleza disminuye considerablemente.

El barranco está formado por dos partes diferenciadas. La primera es más estrecha, engorgada y pulida, y está formada por una sucesión de marmitas y resaltes que incluso permiten algún que otro salto controlado. La segunda es más abierta y vertical, con varias rampas que dan lugar a rápeles más largos (de hasta unos 25-30 metros) y algún paso característico, como una gran visera de roca.

El descenso en sí no tiene mucho más que decir, así que aquí van unas fotos, y más abajo, algunos datos de interés.

el paso bajo la carretera marca el inicio del descenso
resaltes y marmitas de la primera parte

la visera, uno de los pasos más característicos
el rápel más largo del descenso (30m teóricos, 23m reales)

rápeles sencillos y de escaso caudal normalmente
la segunda parte es bastante soleada

un último rápel y a caminar en busca de la salida

Datos de interés

Cotación: v3a2II

Acceso desde: Aínsa (Huesca)

Aproximación: Desde Aínsa, saldremos en dirección a Bielsa y Francia por la carretera A-138. Pasado Hospital de Tella, tomaremos un desvío a la izquierda que conduce a Tella. A los ocho kilómetros tomaremos una pista a la izquierda que conduce a Estaroniello. Justo antes de entrar en este pequeño núcleo, encontraremos un aparcamiento en el que dejar el coche. Luego, ya a pie, tomaremos un sendero que parte de la pista junto al parking. Este asciende sin pausa hasta alcanzar la carretera de Revilla. Siguiéndola hacia la izquierda llegaremos a una granja, en una curva bajo la que cruza un riachuelo: es nuestro barranco. Tiempo de acceso, 1 hora.

Descenso: de 2 a 3 horas

Retorno: Las guías dicen que el retorno es inmediato, y eso no es del todo cierto... Tras las últimas dificultades, hay que caminar por el cauce durante unos cientos de metros y un buen rato, hasta encontrar un sendero por la derecha que conduce a Estaroniello y al aparcamiento, ahora sí, de forma inmediata.

Material: Neopreno completo o sólo peto según época; cuerdas, 2x30 metros.

Época recomendada: Primavera, o lo encontraremos seco.

Lo mejor: barranco entretenido y bonito de principio a fin

Lo peor: lleva agua sólo a principio de temporada


Fotos: David Sánchez, Xavier

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