lunes, 15 de octubre de 2018

BARRANC DE SOTLLO: DÉCIMO ANIVERSARIO


No era la primera vez que abría algo, pero sí la primera vez que el barranco parecía valer la pena. Fuimos a echar un primer vistazo a finales de junio, equipamos un par de rápeles y salimos por piernas antes de que se nos llevara la corriente... En vista del caudal tuvimos que volver un par de veces más para poder acabar el trabajo: la última, el 1 de octubre de 2008. ¡Hace diez años!


En estos diez años no he vuelto al Sotllo. Abrir un barranco es una experiencia mucho más enriquecedora que simplemente descenderlo, mucho más íntima, así que ¿para qué volver? Y eso que había motivos: lo habíamos equipado todo a base de spits, sin taladro, y dejando la mayoría de los rápeles con reuniones monopunto. En su día llegamos a plantearnos volver para reforzar las instalaciones, pero la idea nunca se materializó. Tuvo que llegar este verano para que Frank nos propusiera, a Oscar y a mí, bajar el barranco. ¿O fue al revés? Sin pretenderlo, nos dimos cuenta de que se cumplía el décimo aniversario de la apertura, y ya teníamos la excusa.

Llegado el día Oscar -el otro aperturista pero verdadero artífice del descubrimiento- no pudo venir, y el descenso se convirtió en un mano a mano entre Frank y yo.

Y fue interesante. En primer lugar, porque tanto tiempo después afrontaba el descenso con mucha más perspectiva, con mayor distancia emocional, como un simple barranquista. Y en segundo lugar, porque a pesar de todo tenía grabado en la mente cada recoveco del barranco, y tenía curiosidad por ver si aquel tronco seguía en su sitio, si las reuniones habían envejecido bien y, sobre todo, si las dificultades me seguían pareciendo tales con diez años más de experiencia.


Diez años de perspectiva

rápel de regalo antes de la gran cascada
Diez años después, lo primero que comprobé fue que en mi cabeza había algunas lagunas acerca del camino de aproximación. En lugar de acceder al cauce a la altura del primer rápel entramos doscientos metros más arriba, en una zona más abierta y evidente. Eso nos hizo añadir un rápel y varios resaltes antes de la gran cascada inicial. ¿Necesarios? Están bien, pero no son imprescindibles.

Ya en terreno conocido, primera sorpresa: ¿y la reunión del primer rápel? Teníamos entendido que el natural original había sido sustituído por expansivos, pero no lo encontramos, así que volvimos a montar en un árbol a la derecha orográfica. Seguimos por tanto la línea original, y cruzamos la vena para alcanzar el fraccionamiento a media cascada. Una vez aquí, ¡problemas! No había manera de recuperar las cuerdas. Me tocó por tanto un ejercicio de escapismo del bueno: remontar unos metros y escalar para salir del cauce por la visera, y una vez allí flanquear para salir a buscar terreno más fácil y trepar hasta la cabecera; volver a la reunión, desmontarla y cambiarla a un árbol más alto y con menos roce; y volver a bajar. Total: una hora perdida, pero problema solucionado.



Frank, en pleno cruce de la cascada
recogiendo en la reunión del tercer fraccionamiento

con mucho caudal, un tercer fraccionamiento nos saca del embudo en el que se concentra toda el agua


Desde aquí y hasta el final bajamos sin contratiempos, pese a un caudal bastante superior al del día de la apertura. Donde esperaba cambios no los encontré: el par de enormes troncos que recordaba cruzados en el cauce, y que creía que habrían desaparecido arrastrados por alguna crecida, allí siguen desafiantes. En cambio, nuevos troncos han vuelto más incómodas un par de reuniones.


en este rápel se ha creado una presa de troncos...
...y en este un árbol caído oculta la reunión

¡buen caudal!


Las reuniones

reunión del primer fraccionamiento de la cascada de 70m, bajo el agua
¿Y las reuniones? Me habían dicho que se había entrado con taladro y material al barranco, y lo había interpretado como una reequipación, pero sobre el terreno comprobamos que sólo se habían reforzado algunas reuniones. El resto, la verdad, han envejecido mal. La segunda reunión, el fraccionamiento a media cascada, permanece bañada por el agua excepto en pleno estiaje, por lo que está completamente oxidada. La mayor parte del resto de los anclajes están igual de oxidados, tanto los spits originales nuestros como los parabolts que se han añadido después. Eso, sumado a que todos los rápeles pequeños tienen reuniones monopunto, le da al descenso un carácter más propio del terreno de aventura. ¿Habría que reequiparlo? Estaría bien añadir un segundo punto en muchas reuniones, y cambiar algún anclaje en las demás, pero sin pasarse y hacerle perder al barranco su carácter. Si algún día alguien lo hace y no somos los aperturistas, solo pedimos -creo que puedo hablar por mi compañero- que no se suprima el cruce de vena de la cascada inicial. Una cosa es reequipar por motivos de seguridad, y otra hacerlo para rebajar la dificultad.


Una buena segunda primera impresión

De vuelta al Sotllo por primera vez como un barranquista más, pues... me gustó. No está muy formado, y sus pozas no cubren mucho. ¡Es un barranco alpino! Y eso significa que abundan los bloques, que los rápeles son irregulares y que las paredes no van a ser demasiado altas. Pero el Sotllo no da tregua: diecinueve rápeles continuados, sin zonas muertas, y un caudal siempre abundante te hacen trabajar sin parar y te obligan a prestar atención al agua, a los roces y a las recuperaciones. La cascada inicial es el elemento distintivo del descenso, es su foto; y el cruce de vena, el mejor de sus pasos. Sí, es un buen descenso.


en el último rápel, bañados por el sol del atardecer
¡alguna que otra poza cubre!


Fotos: Frank Fernández, Xavi Guerrero


martes, 21 de agosto de 2018

BARRANC DE LA GAVARRA


Con el paso del tiempo, descenso a descenso, miramos guías y mapas cada vez más lejanos y nos animamos a hacer cada vez más kilómetros cada vez que salimos a barranquear. Ya conocemos suficientes barrancos de nuestra región y empezamos a fijarnos en la región vecina, en el país vecino, en el continente vecino. En ese proceso algunos descensos se van quedando atrás, injustamente olvidados por estar demasiado cerca mientras fijamos nuestra vista cada vez más lejos.

Algo así me ha pasado a mí con el barranco de la Gavarra, en Lérida. He tardado muchos años y varios cientos de descensos en fijarme en él. Las excusas han sido variadas: apenas hay información reciente, las reseñas no se ponen de acuerdo sobre por dónde entrar y salir, los horarios son teóricamente largos, es dificilísimo encontrarlo con agua, etcétera, etcétera. Siempre había un motivo para no ir; de hecho, ni siquiera me lo planteaba... hasta que este año surgió por fin la idea. ¡La primavera más lluviosa de los últimos setenta años parecía una oportunidad demasiado buena como para dejarla escapar! 

Escogido el día adecuado, allá que fuimos esperando acertar. Y resultó que habíamos dado en el centro de la diana: una meteorología perfecta y unas condiciones irrepetibles hicieron que tantos años de espera merecieran la pena.

Y eso que no es fácil... la zona es una esponja enorme que absorbe el agua con voracidad. La Gavarra se anima con las lluvias, pero una vez deja de llover, el caudal baja rápidamente hasta desaparecer. Además hay que tener ojo con las prisas, porque el barranco desemboca en el río Rialb, y si cogemos aquel demasiado animado, éste podemos encontrarlo directamente imposible.

¡Y la clavamos! Al final de esta entrada os daré algunos datos para que podáis intentar acertar con el caudal.



El barranco de la Gavarra

La Gavarra es un barranco largo y estrecho, muy bien encajado y formado y con mucho ambiente. En su interior se suceden los rápeles cortos, los destrepes y los pasillos acuáticos de forma ininterrumpida, con pocos espacios muertos. Técnicamente hablando, no tiene dificultades destacables. Al acertar con la fecha lo encontramos con agua de principio a fin, de manera que pudimos saltar en bastantes de los rápeles y disfrutamos de un descenso acuático magnífico. Algunos anclajes quedaban extrañamente cerca del agua, inútiles en esas condiciones, indicando lo diferente que puede resultar el descenso si lo encontramos seco. No es difícil darse cuenta de que sin agua, todos esos resaltes y saltos se convierten en una sucesión interminable de pequeños rápeles que pueden acabar con la paciencia de cualquiera. Lo que con agua es un gran descenso, ágil y repleto de saltos y pasillos inundados, seco puede convertirse en una larga y pesada paliza. 

Este es el resumen en imágenes:
   
primeros y prometedores pasos
el primer rápel, de doce metros...

...es el más largo del descenso.
uno de tantos pasillos


si no se ve claro el salto, mejor rapelar
rápel de 10m, previo al afluente del barranco de Carreu

el agua lo facilita todo y lo hace más bello...
...y la espuma, ¡incluso da un toque de emoción!

más pasillos, largos y sinuosos
y más saltos, esta vez sobre un bloque empotrado


superando un par de enormes troncos
y atravesando uno de los últimos pasillos


En estas condiciones el Gavarra se vuelve muy disfrutón y permite jugar y saltar, pero no debemos distraernos. El barranco es una grieta estrecha que lo engulle todo, y acostumbra a estar lleno de árboles y ramas caídas. Precaución, pues, si la visibilidad no es buena.

Con este caudal, además, también es inevitable que un pensamiento ronde por tu cabeza durante todo el descenso: si esto va así, ¿como irá el Rialb?




soleado inicio del tramo del Rialb
El río Rialb

Superadas las últimas dificultades del Gavarra llegaremos de repente a su río principal, y resolveremos la duda que nos corroe desde el principio de la actividad: el caudal del Rialb.

Y es que como decía más arriba, si hemos disfrutado del barranco con agua corriente, aquí tendremos que prestar atención: el descenso del Rialb en las condiciones que nosotros encontramos, con un caudal muy elevado, es un ejercicio técnico que conlleva superar tramos de rápidos y fuertes corrientes. Al llegar a la surgencia conocida como forat del Buli debe superarse un estrecho bastante comprometido, aunque evitable si no se ve claro. Además, en estas condiciones el forat se sifona, por lo que tendremos que buscar un paso alternativo.




superando una pequeña pero agitada cascada en la zona del forat del Buli

entrando al túnel de tosca, un paso precioso

Más abajo aún queda un paso bello y curioso: un túnel de tosca en el que solo hay que dejarse llevar por la corriente. 

Si no habéis bajado el Gavarra con agua, el Rialb llevará un caudal mucho más amable que al menos os permitirá relajaros, remojaros y disfrutar sin problemas de esta última parte.

En definitiva: si como nosotros, acertáis con el caudal y disfrutáis de una Gavarra acuática y de un Rialb potente y técnico, os llevaréis a casa varios recuerdos para enmarcar y lamentaréis no haber ido antes.

Si por contra hacéis la aproximación bajo un sol de justicia para luego encontrar seco el barranco, y os dáis un tute de ¿veinte? rápeles y un número similar de destrepes, sorteando pozas podridas, árboles caídos y jabalíes en descomposición... os llevaréis a casa un recuerdo de pesadilla y lamentaréis el día en que os planteásteis hacer este descenso.

Avisados quedáis.



Acertar con el caudal

Si habéis leído todo lo anterior, ya tendréis claro que el éxito o el fracaso con este descenso depende de acertar con el caudal. ¿Cómo conseguirlo?

La primera opción es esperar a que alguien lo baje y cuelgue el caudal en internet. El barranquista moderno suele ser bastante vago, así que esta será la opción preferida para muchos.

Si tenéis un poco más de iniciativa, también podéis hacer otra cosa: controlar las precipitaciones de la zona y esperar el momento adecuado. En nuestro caso, llegada la primavera me dediqué a controlar los datos que ofrecía la estación del embalse de Rialb que ofrece la página web del SAIH Ebro. Tras un mes de febrero con precipitaciones puntuales, a principios de marzo empezó a llover en la zona de forma regular: apenas pasaban dos o tres días sin que cayera una gota. A mediados de abril, en poco más de mes y medio, habían caído allí un total de 268,1 l/m3. Tras un episodio de once días seguidos de fuertes lluvias, por fin se abrió una ventana de buen tiempo. Sabiendo que el Gavarra desagua muy rápido, esperamos tres soleados días y entramos al cuarto. Y salió bien.

gráfico del último episodio de precipitaciones antes de dos descensos conocidos (fuente: SAIH Ebro)

 
¿Y si hubieramos esperado más?

La respuesta a esta pregunta me la dieron tres amigos que afrontaron el descenso una semana después. En solo siete días, en los que no hubo precipitaciones destacables, el Gavarra no sólo dejó de fluir, sino que se secó en gran parte: pocas pozas con agua, agua corriente sólo en el tramo final y río Rialb alegre, pero sin problemas. Según la opinión de uno de mis amigos, "una paliza".

En estas dos fotos podéis comparar el caudal de ambos descensos en dos puntos: el vado del río Rialb que se cruza durante el acceso (un buen checkpoint del río) y la cascada del forat del Buli, también en el Rialb.

Si no habéis hecho nunca el Gavarra, no creo que el caudal del descenso 2 pueda considerarse un fracaso. Aún así, es un ejemplo claro de que si vamos a bajar este barranco a lo loco, sin prestar atención a la época y las lluvias, muy probablemente lo encontraremos más seco que la mojama.

Suerte.


vado sobre el Rialb, checkpoint del mismo
el forat del Buli


Datos de interés

Fecha del descenso: 21 de abril de 2018

Dificultad: v3 a3 V

Acceso desde: Ponts (Lérida) o bien Gavarra (Lérida)

Combinación de coches: posible, aunque no imprescindible, en función del acceso escogido.

Aproximación: de 15 minutos a 2 horas, según punto de acceso.

Descenso: Las reseñas marcan de 5 a 7 horas según grupo y condiciones. A nosotros nos llevó 4h 30 min completar todo el recorrido (Gavarra más Rialb).

Retorno: de 15 minutos a 2 horas y media, según número de vehículos y punto de acceso.

Rápel más largo: 12 metros

Material: neopreno completo, 2 cuerdas de 30 metros. Recomendable llevar una cuerda por persona para agilizar el descenso.

Lo mejor: con agua, descenso imprescindible; largo y físico pero estético, bien formado y muy interesante.

Lo peor: sin agua, pozas normalmente vacías o podridas; puede hacerse muy largo y pesado.

Valoración personal (de 0 a 4): 3,2


Para más datos sobre acceso, descenso y retorno, puede consultarse por ejemplo en ropewiki.


Fotos: Oscar González, Xavi Guerrero
 
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