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domingo, 17 de septiembre de 2017

GARGANTA DE ORDISO O ARA SUPERIOR


Parece que no, pero los años van pasando. Te das cuenta el día en que te plantean bajar un barranco que ya tienes hecho, y compruebas que la última vez que lo hiciste aún no escribías este blog. ¡Y llevo ya diez años colgando mis descensos en Barranquistas!

Pues sí, amigos. Llevaba doce años sin bajar el Ordiso, uno de los grandes clásicos del Pirineo aragonés, cuando a finales de julio los amigos del TEC me plantearon revisitarlo. Hacía tiempo que tenía pendiente volver al valle de Bujaruelo: mi última visita al Ordiso había sido en 2005, y a la garganta de los Navarros, creo que en 2007... así que ya tocaba meterse otra vez en ambos.

El tramo superior del río Ara, también conocido como garganta de Ordiso, es uno de los descensos imprescindibles del Pirineo. Su caudal y su fama de técnico han hecho de él un objetivo codiciado, aunque con el tiempo ha padecido el mismo proceso que muchos otros descensos difíciles: su equipamiento ha ido aumentando hasta eliminar parte de su compromiso. Eso hace que en pleno estiaje sea un descenso bastante asequible y por ello frecuentado: nosotros seguramente éramos el primer grupo del día, pero llevábamos varios más pisándonos los talones.

El recorrido empieza sin calentamiento previo, con un salto  de unos diez metros a una amplia poza. Un tobogán con rebufo y un nuevo salto (o rápel opcional), ya bajo el puente de Burguil, dan color y emoción a este primer tramo del barranco, por lo demás bastante abierto.


salto de entrada al barranco
bajo el puente de Burguil podemos saltar de nuevo


el salto del Dado
 A continuación toca caminar y sortear bloques en un tramo sin interés de unos trescientos metros, preludio de una zona estrecha en la que encontraremos el paso más característico y fotografiado del barranco: el salto del Dado, un gran bloque encajado entre las paredes de la garganta que forma una cascada de unos seis metros. Abajo nos espera un largo y profundo pasillo, y un rebufo que sortearemos saltando lejos de la espuma. Sin duda, un paso muy estético.

Tras él, el cauce se mantiene estrecho durante un tramo en el que forma varios resaltes, y finalmente se abre después de pasar bajo un bloque empotrado a varios metros de altura. Este último paso puede sortearse por el agua, o bien subiendo a lo alto y rapelando desde allí. Según las reseñas también puede saltarse, pero a finales de julio, durante nuestro descenso, había varios troncos cruzados que lo desaconsejaban totalmente.




Esta última zona es una buena muestra de lo que puede hacer el agua cuando baja en crecida, algo que todos sabemos pero no siempre tenemos presente. Antiguamente, al final del pasillo había una cascada de unos diez metros de altura. Sin embargo, en octubre de 2005 una brutal crecida limpió el cauce: las mediciones de la estación de aforo de Boltaña pasaron de 7 a 360 m3/s en poco más de veinticuatro horas. La riada se llevó por delante los bloques y sedimentos que habían formado la cascada, aunque uno aguantó el tipo: el boque empotrado que se encontraba en lo más alto y bajo el que hoy puede pasarse tranquilamente.


el bloque empotrado del final del pasillo, en 2017...
...y en verano de 2005, antes de la crecida.



Después de este paso nos quedan un salto y unos pasillos antes de dar por finalizado el descenso.


Datos de interés

Fecha del descenso: 29 de julio de 2017

Dificultad:  v1 a5 II

Acceso desde: Torla (Huesca)

Combinación de coches: No

Aproximación: Desde la población de Torla, saldremos carretera arriba en dirección al Parque Nacional de Ordesa. Al llegar al puente de los Navarros, torceremos a la izquierda y seguiremos la pista de tierra, remontando el valle de Bujaruelo hasta llegar a su final. Aparcaremos el coche junto al refugio y el camping, y ya a pie seguiremos pista arriba, manteniéndonos en la derecha orográfica del río. llegaremos al puente de Oncins, final de nuestro descenso, y lo cruzaremos. Acto seguido tomaremos  una senda que sale por la izquierda, ascenderemos por ella y más adelante saldremos de nuevo a la pista. Al llegar a la altura de una cascada que aparece por nuestra derecha -el salto del Pich- bajaremos al cauce, nos prepararemos e iniciaremos el descenso. Tiempo aproximado, unos cuarenta y cinco minutos.

de vuelta a San Nicolás de Bujaruelo
Descenso: Unas tres horas, según grupo y caudal.

Retorno: La garganta final nos conduce directamente al puente de Oncins, que cruzamos durante la aproximación. Después de pasar por debajo, sólo tenemos que salir del cauce y desandar el camino hasta el aparcamiento. Tiempo, unos veinte minutos.

Rápel más largo: 10 metros.

Material: cuerdas 1 x 20m, neopreno completo.

Observaciones: Valorar el caudal de este descenso desde casa es relativamente sencillo. Para ello, deben consultarse las mediciones de la estación de aforo del río Ara a su paso por Boltaña (ver). Normalmente se considera que el descenso lleva un caudal alto cuando anda sobre los 7 m3/s, y se ha bajado con 10 m3/s, un caudal sin duda muy elevado. El día de nuestro descenso el caudal era de 2'7 m3/s, bajo para lo que es habitual y con escasos y débiles movimientos de aguas vivas. 

Lo mejor: descenso clásico, bueno para iniciarse en las aguas vivas si se afronta con caudal moderado

Lo peor: algún que otro tramo abierto de escaso interés

Valoración personal (de 0 a 4): 2,9

lunes, 4 de septiembre de 2017

RIBEIRA DO INFERNO


Y casi sin darnos cuenta llegó nuestro último día en Madeira. Parte del grupo ya había empaquetado el neopreno y esa misma mañana volaba de vuelta a Barcelona. El resto, después de los cambios realizados sobre la marcha en la planificación inicial, nos reservábamos como traca final un descenso algo distinto a lo que habíamos bajado hasta entonces: la ribeira do Inferno.

Echar un vistazo a la reseña y a la topografía sirve para darse cuenta de que el barranco es predominantemente horizontal: más de tres kilómetros de cauce, veintidós rápeles generalmente de corta o media altura y varios tramos intermedios nos alejan del perfil del Capulla o el Vimieiro, por ejemplo. Además, ese carácter horizontal ayuda a que el descenso esté más encajado. Si además de todo eso tuviera continuidad, la actividad sería muy buena. Sin embargo, esos tramos intermedios que mencionaba arriba son demasiado abundantes, y algunos como el tercero excesivamente resbaladizos, cosa que entorpece bastante la progresión. Aún así, la sensación que nos quedó a la mayoría fue que el Inferno era el barranco de más entidad de los que habíamos bajado en Madeira, Seixal integral aparte.

La ribeira do Inferno ofrece, por último, la posibilidad de convertirla en una gran integral. El descenso encadenado del barranco de Paúl do Inferno y de la ribeira do Inferno, de la levada Norte al mar, supone una actividad de entre ocho y diez horas, treinta y ocho cascadas y cuatro mil cuatrocientos metros de longitud. Algo a plantearse si os gustan las actividades físicas de este calibre.


rápeles cortos, vegetación exuberante y ambiente...
...encajado del primer tramo del descenso


abundan los tramos con breves resaltes y cauce llano...
...en los que se progresa andando durante un buen trecho


poco a poco, el barranco va ganando algo de caudal...
...gracias a las cascadas que van cayendo por los laterales

rápeles cortos y sin dificultad en la segunda parte...
...dan paso a la vertical fraccionada de 40 metros


segunda fracción de la vertical, con el colorido característico de estos barrancos

uno de tantos resaltes


La cascada más larga del descenso es una vez más el paso más característico del barranco. Esta vez estamos ante una vertical de cuarenta metros, más pequeña que las de sus barrancos vecinos, pero igualmente fraccionada en dos tiradas y con un pasamanos de acceso a la primera. La cascada no reviste especial dificultad, y en cambio es uno de los rincones más bonitos del descenso, aunque no el único.


Tras ella, el cauce pierde continuidad y también desnivel mientras continúa su camino en busca de un océano cada vez más cercano, aunque nada nos lo haga suponer... pero el barranco mantiene su ambiente enclaustrado hasta el último de los rápeles. Este, una vertical de 14 metros, marca el principio del fin.





rápel corto, ya en la recta final
rápel de 14 metros, última dificultad del descenso

Superado el último rápel, todavía no podemos cantar victoria: aún nos queda por delante casi medio kilómetro de progresión por cauce, un cauce resbaladizo y caótico, antes de girar un recodo, pasar bajo el puente de la carretera nueva y salir al de la vieja, cerrado al tráfico. Más abajo, otro puente aún más antiguo y el mar. Un lugar extraño, imbuido de esa paz que sólo puede encontrarse en los lugares antaño concurridos y hoy abandonados. Un rincón recogido, encerrado entre altas paredes, y en el que sólo el paso fugaz de algún que otro coche por la carretera nueva interrumpe la música del oleaje. ¡Qué gran final tendría el descenso si, después de tres kilómetros, recorriera doscientos metros más y acabara en el mar!


Natxo, recogiendo su material sobre el puente de la vieja carretera

el retorno por la antigua carretera proporciona vistas del Atlántico de gran belleza

Como anécdota, decir que para el descenso es necesario disponer de dos vehículos, y ahí es donde nosotros tuvimos algún que otro problema. Sólo nos quedaba un coche, de manera que el día anterior acordamos con la organización del meeting que ellos, como en otras ocasiones, nos llevarían en furgoneta hasta el punto de acceso. Sin embargo, a la hora convenida no se presentó nadie a buscarnos, ni conseguimos contactar con ellos: la fiesta del encuentro de la noche anterior, sin duda, había causado estragos... Contrariados, subimos con nuestro coche hasta el inicio de la aproximación y decidimos buscarnos la vida a la salida. Siete horas después, una vez fuera del descenso, intentamos contactar de nuevo con idéntico y negativo resultado. Tampoco teníamos llamadas perdidas, ni nos esperaba nadie. Total, que acabamos dándonos un paseo por la costa y volvimos a pie hasta São Vicente, donde buscamos un taxi para poder subir  a la carretera de Ginjas a recuperar nuestro coche... El tema tiene su miga, pero como decía aquel, "esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión".


Datos de interés

Fecha del descenso: 11 de junio de 2017

Dificultad:  v4 a3 V

Acceso desde: São Vicente (Madeira, Portugal)

Combinación de coches: Sí

Aproximación: Desde la población de São Vicente, bajaremos a la costa y tomaremos la carretera VE2 en dirección a Seixal y Porto Moniz. A  poca distancia, justo a la entrada del túnel Agua d'Alto, veremos un espacio para aparcar a la izquierda -ojo, línea contínua-. Dejaremos aquí un primer vehículo, y con el segundo volveremos a São Vicente y tomaremos la carretera que parte hacia Ginjas. Ascenderemos por ella hasta encontrar, en una fuerte curva a la izquierda, el nacimiento de una pista de tierra y un cartel con la indicación "Levada do Rodrigues 200 m". Dejaremos el coche aquí, ascenderemos a pie por la pista y en unos minutos alcanzaremos la levada mencionada. La seguiremos hacia la derecha de la pista, cruzaremos tres túneles y al inicio del cuarto veremos la reunión que da acceso al barranco de Passo inferior. La ignoraremos, cruzaremos el cuarto túnel -muy largo- y tras él encontraremos nuestro barranco. Tiempo aproximado, una hora.

Descenso: de 5h 30min a 6h según reseña (nosotros lo bajamos en menos de 4h 30min).

Retorno: Tras las últimas dificultades, avanzaremos por el cauce hasta ver sobre nosotros dos puentes: los de la nueva y la vieja carretera. Por la derecha saldremos al de la vieja carretera ER101, hoy en desuso, y la seguiremos hacia la derecha. En quince minutos llegaremos a la boca del túnel en el que dejamos el primer vehículo. Si como fue nuestro caso, tenéis que volver hasta São Vicente andando (por ejemplo para buscar allí un taxi que os suba al aparcamiento del acceso) tardaréis una media hora.

Rápel más largo: 30 metros (fraccionamiento de una cascada de 40 metros en total).

Material: cuerdas 2 x 35m, neopreno completo según época y criterio.

Observaciones: Necesario frontal para cruzar los túneles de la levada. Barranco regulado, necesario permiso de la dirección de florestas para su descenso.

Lo mejor: barranco largo y completo

Lo peor: tramos intermedios muy resbaladizos y de progresión algo penosa

Valoración personal (de 0 a 4): 2,7

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