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lunes, 15 de octubre de 2018

BARRANC DE SOTLLO: DÉCIMO ANIVERSARIO


No era la primera vez que abría algo, pero sí la primera vez que el barranco parecía valer la pena. Fuimos a echar un primer vistazo a finales de junio, equipamos un par de rápeles y salimos por piernas antes de que se nos llevara la corriente... En vista del caudal tuvimos que volver un par de veces más para poder acabar el trabajo: la última, el 1 de octubre de 2008. ¡Hace diez años!


En estos diez años no he vuelto al Sotllo. Abrir un barranco es una experiencia mucho más enriquecedora que simplemente descenderlo, mucho más íntima, así que ¿para qué volver? Y eso que había motivos: lo habíamos equipado todo a base de spits, sin taladro, y dejando la mayoría de los rápeles con reuniones monopunto. En su día llegamos a plantearnos volver para reforzar las instalaciones, pero la idea nunca se materializó. Tuvo que llegar este verano para que Frank nos propusiera, a Oscar y a mí, bajar el barranco. ¿O fue al revés? Sin pretenderlo, nos dimos cuenta de que se cumplía el décimo aniversario de la apertura, y ya teníamos la excusa.

Llegado el día Oscar -el otro aperturista pero verdadero artífice del descubrimiento- no pudo venir, y el descenso se convirtió en un mano a mano entre Frank y yo.

Y fue interesante. En primer lugar, porque tanto tiempo después afrontaba el descenso con mucha más perspectiva, con mayor distancia emocional, como un simple barranquista. Y en segundo lugar, porque a pesar de todo tenía grabado en la mente cada recoveco del barranco, y tenía curiosidad por ver si aquel tronco seguía en su sitio, si las reuniones habían envejecido bien y, sobre todo, si las dificultades me seguían pareciendo tales con diez años más de experiencia.


Diez años de perspectiva

rápel de regalo antes de la gran cascada
Diez años después, lo primero que comprobé fue que en mi cabeza había algunas lagunas acerca del camino de aproximación. En lugar de acceder al cauce a la altura del primer rápel entramos doscientos metros más arriba, en una zona más abierta y evidente. Eso nos hizo añadir un rápel y varios resaltes antes de la gran cascada inicial. ¿Necesarios? Están bien, pero no son imprescindibles.

Ya en terreno conocido, primera sorpresa: ¿y la reunión del primer rápel? Teníamos entendido que el natural original había sido sustituído por expansivos, pero no lo encontramos, así que volvimos a montar en un árbol a la derecha orográfica. Seguimos por tanto la línea original, y cruzamos la vena para alcanzar el fraccionamiento a media cascada. Una vez aquí, ¡problemas! No había manera de recuperar las cuerdas. Me tocó por tanto un ejercicio de escapismo del bueno: remontar unos metros y escalar para salir del cauce por la visera, y una vez allí flanquear para salir a buscar terreno más fácil y trepar hasta la cabecera; volver a la reunión, desmontarla y cambiarla a un árbol más alto y con menos roce; y volver a bajar. Total: una hora perdida, pero problema solucionado.



Frank, en pleno cruce de la cascada
recogiendo en la reunión del tercer fraccionamiento

con mucho caudal, un tercer fraccionamiento nos saca del embudo en el que se concentra toda el agua


Desde aquí y hasta el final bajamos sin contratiempos, pese a un caudal bastante superior al del día de la apertura. Donde esperaba cambios no los encontré: el par de enormes troncos que recordaba cruzados en el cauce, y que creía que habrían desaparecido arrastrados por alguna crecida, allí siguen desafiantes. En cambio, nuevos troncos han vuelto más incómodas un par de reuniones.


en este rápel se ha creado una presa de troncos...
...y en este un árbol caído oculta la reunión

¡buen caudal!


Las reuniones

reunión del primer fraccionamiento de la cascada de 70m, bajo el agua
¿Y las reuniones? Me habían dicho que se había entrado con taladro y material al barranco, y lo había interpretado como una reequipación, pero sobre el terreno comprobamos que sólo se habían reforzado algunas reuniones. El resto, la verdad, han envejecido mal. La segunda reunión, el fraccionamiento a media cascada, permanece bañada por el agua excepto en pleno estiaje, por lo que está completamente oxidada. La mayor parte del resto de los anclajes están igual de oxidados, tanto los spits originales nuestros como los parabolts que se han añadido después. Eso, sumado a que todos los rápeles pequeños tienen reuniones monopunto, le da al descenso un carácter más propio del terreno de aventura. ¿Habría que reequiparlo? Estaría bien añadir un segundo punto en muchas reuniones, y cambiar algún anclaje en las demás, pero sin pasarse y hacerle perder al barranco su carácter. Si algún día alguien lo hace y no somos los aperturistas, solo pedimos -creo que puedo hablar por mi compañero- que no se suprima el cruce de vena de la cascada inicial. Una cosa es reequipar por motivos de seguridad, y otra hacerlo para rebajar la dificultad.


Una buena segunda primera impresión

De vuelta al Sotllo por primera vez como un barranquista más, pues... me gustó. No está muy formado, y sus pozas no cubren mucho. ¡Es un barranco alpino! Y eso significa que abundan los bloques, que los rápeles son irregulares y que las paredes no van a ser demasiado altas. Pero el Sotllo no da tregua: diecinueve rápeles continuados, sin zonas muertas, y un caudal siempre abundante te hacen trabajar sin parar y te obligan a prestar atención al agua, a los roces y a las recuperaciones. La cascada inicial es el elemento distintivo del descenso, es su foto; y el cruce de vena, el mejor de sus pasos. Sí, es un buen descenso.


en el último rápel, bañados por el sol del atardecer
¡alguna que otra poza cubre!


Fotos: Frank Fernández, Xavi Guerrero


martes, 21 de agosto de 2018

BARRANC DE LA GAVARRA


Con el paso del tiempo, descenso a descenso, miramos guías y mapas cada vez más lejanos y nos animamos a hacer cada vez más kilómetros cada vez que salimos a barranquear. Ya conocemos suficientes barrancos de nuestra región y empezamos a fijarnos en la región vecina, en el país vecino, en el continente vecino. En ese proceso algunos descensos se van quedando atrás, injustamente olvidados por estar demasiado cerca mientras fijamos nuestra vista cada vez más lejos.

Algo así me ha pasado a mí con el barranco de la Gavarra, en Lérida. He tardado muchos años y varios cientos de descensos en fijarme en él. Las excusas han sido variadas: apenas hay información reciente, las reseñas no se ponen de acuerdo sobre por dónde entrar y salir, los horarios son teóricamente largos, es dificilísimo encontrarlo con agua, etcétera, etcétera. Siempre había un motivo para no ir; de hecho, ni siquiera me lo planteaba... hasta que este año surgió por fin la idea. ¡La primavera más lluviosa de los últimos setenta años parecía una oportunidad demasiado buena como para dejarla escapar! 

Escogido el día adecuado, allá que fuimos esperando acertar. Y resultó que habíamos dado en el centro de la diana: una meteorología perfecta y unas condiciones irrepetibles hicieron que tantos años de espera merecieran la pena.

Y eso que no es fácil... la zona es una esponja enorme que absorbe el agua con voracidad. La Gavarra se anima con las lluvias, pero una vez deja de llover, el caudal baja rápidamente hasta desaparecer. Además hay que tener ojo con las prisas, porque el barranco desemboca en el río Rialb, y si cogemos aquel demasiado animado, éste podemos encontrarlo directamente imposible.

¡Y la clavamos! Al final de esta entrada os daré algunos datos para que podáis intentar acertar con el caudal.



El barranco de la Gavarra

La Gavarra es un barranco largo y estrecho, muy bien encajado y formado y con mucho ambiente. En su interior se suceden los rápeles cortos, los destrepes y los pasillos acuáticos de forma ininterrumpida, con pocos espacios muertos. Técnicamente hablando, no tiene dificultades destacables. Al acertar con la fecha lo encontramos con agua de principio a fin, de manera que pudimos saltar en bastantes de los rápeles y disfrutamos de un descenso acuático magnífico. Algunos anclajes quedaban extrañamente cerca del agua, inútiles en esas condiciones, indicando lo diferente que puede resultar el descenso si lo encontramos seco. No es difícil darse cuenta de que sin agua, todos esos resaltes y saltos se convierten en una sucesión interminable de pequeños rápeles que pueden acabar con la paciencia de cualquiera. Lo que con agua es un gran descenso, ágil y repleto de saltos y pasillos inundados, seco puede convertirse en una larga y pesada paliza. 

Este es el resumen en imágenes:
   
primeros y prometedores pasos
el primer rápel, de doce metros...

...es el más largo del descenso.
uno de tantos pasillos


si no se ve claro el salto, mejor rapelar
rápel de 10m, previo al afluente del barranco de Carreu

el agua lo facilita todo y lo hace más bello...
...y la espuma, ¡incluso da un toque de emoción!

más pasillos, largos y sinuosos
y más saltos, esta vez sobre un bloque empotrado


superando un par de enormes troncos
y atravesando uno de los últimos pasillos


En estas condiciones el Gavarra se vuelve muy disfrutón y permite jugar y saltar, pero no debemos distraernos. El barranco es una grieta estrecha que lo engulle todo, y acostumbra a estar lleno de árboles y ramas caídas. Precaución, pues, si la visibilidad no es buena.

Con este caudal, además, también es inevitable que un pensamiento ronde por tu cabeza durante todo el descenso: si esto va así, ¿como irá el Rialb?




soleado inicio del tramo del Rialb
El río Rialb

Superadas las últimas dificultades del Gavarra llegaremos de repente a su río principal, y resolveremos la duda que nos corroe desde el principio de la actividad: el caudal del Rialb.

Y es que como decía más arriba, si hemos disfrutado del barranco con agua corriente, aquí tendremos que prestar atención: el descenso del Rialb en las condiciones que nosotros encontramos, con un caudal muy elevado, es un ejercicio técnico que conlleva superar tramos de rápidos y fuertes corrientes. Al llegar a la surgencia conocida como forat del Buli debe superarse un estrecho bastante comprometido, aunque evitable si no se ve claro. Además, en estas condiciones el forat se sifona, por lo que tendremos que buscar un paso alternativo.




superando una pequeña pero agitada cascada en la zona del forat del Buli

entrando al túnel de tosca, un paso precioso

Más abajo aún queda un paso bello y curioso: un túnel de tosca en el que solo hay que dejarse llevar por la corriente. 

Si no habéis bajado el Gavarra con agua, el Rialb llevará un caudal mucho más amable que al menos os permitirá relajaros, remojaros y disfrutar sin problemas de esta última parte.

En definitiva: si como nosotros, acertáis con el caudal y disfrutáis de una Gavarra acuática y de un Rialb potente y técnico, os llevaréis a casa varios recuerdos para enmarcar y lamentaréis no haber ido antes.

Si por contra hacéis la aproximación bajo un sol de justicia para luego encontrar seco el barranco, y os dáis un tute de ¿veinte? rápeles y un número similar de destrepes, sorteando pozas podridas, árboles caídos y jabalíes en descomposición... os llevaréis a casa un recuerdo de pesadilla y lamentaréis el día en que os planteásteis hacer este descenso.

Avisados quedáis.



Acertar con el caudal

Si habéis leído todo lo anterior, ya tendréis claro que el éxito o el fracaso con este descenso depende de acertar con el caudal. ¿Cómo conseguirlo?

La primera opción es esperar a que alguien lo baje y cuelgue el caudal en internet. El barranquista moderno suele ser bastante vago, así que esta será la opción preferida para muchos.

Si tenéis un poco más de iniciativa, también podéis hacer otra cosa: controlar las precipitaciones de la zona y esperar el momento adecuado. En nuestro caso, llegada la primavera me dediqué a controlar los datos que ofrecía la estación del embalse de Rialb que ofrece la página web del SAIH Ebro. Tras un mes de febrero con precipitaciones puntuales, a principios de marzo empezó a llover en la zona de forma regular: apenas pasaban dos o tres días sin que cayera una gota. A mediados de abril, en poco más de mes y medio, habían caído allí un total de 268,1 l/m3. Tras un episodio de once días seguidos de fuertes lluvias, por fin se abrió una ventana de buen tiempo. Sabiendo que el Gavarra desagua muy rápido, esperamos tres soleados días y entramos al cuarto. Y salió bien.

gráfico del último episodio de precipitaciones antes de dos descensos conocidos (fuente: SAIH Ebro)

 
¿Y si hubieramos esperado más?

La respuesta a esta pregunta me la dieron tres amigos que afrontaron el descenso una semana después. En solo siete días, en los que no hubo precipitaciones destacables, el Gavarra no sólo dejó de fluir, sino que se secó en gran parte: pocas pozas con agua, agua corriente sólo en el tramo final y río Rialb alegre, pero sin problemas. Según la opinión de uno de mis amigos, "una paliza".

En estas dos fotos podéis comparar el caudal de ambos descensos en dos puntos: el vado del río Rialb que se cruza durante el acceso (un buen checkpoint del río) y la cascada del forat del Buli, también en el Rialb.

Si no habéis hecho nunca el Gavarra, no creo que el caudal del descenso 2 pueda considerarse un fracaso. Aún así, es un ejemplo claro de que si vamos a bajar este barranco a lo loco, sin prestar atención a la época y las lluvias, muy probablemente lo encontraremos más seco que la mojama.

Suerte.


vado sobre el Rialb, checkpoint del mismo
el forat del Buli


Datos de interés

Fecha del descenso: 21 de abril de 2018

Dificultad: v3 a3 V

Acceso desde: Ponts (Lérida) o bien Gavarra (Lérida)

Combinación de coches: posible, aunque no imprescindible, en función del acceso escogido.

Aproximación: de 15 minutos a 2 horas, según punto de acceso.

Descenso: Las reseñas marcan de 5 a 7 horas según grupo y condiciones. A nosotros nos llevó 4h 30 min completar todo el recorrido (Gavarra más Rialb).

Retorno: de 15 minutos a 2 horas y media, según número de vehículos y punto de acceso.

Rápel más largo: 12 metros

Material: neopreno completo, 2 cuerdas de 30 metros. Recomendable llevar una cuerda por persona para agilizar el descenso.

Lo mejor: con agua, descenso imprescindible; largo y físico pero estético, bien formado y muy interesante.

Lo peor: sin agua, pozas normalmente vacías o podridas; puede hacerse muy largo y pesado.

Valoración personal (de 0 a 4): 3,2


Para más datos sobre acceso, descenso y retorno, puede consultarse por ejemplo en ropewiki.


Fotos: Oscar González, Xavi Guerrero
 

lunes, 22 de agosto de 2016

BARRANC D'UNARRE


De entrada, puede parecer que aquellos barrancos que llevan años abiertos y, pese a estar en zonas accesibles y visitadas, han caído en el olvido, nada bueno pueden ofrecer. Las viejas guías de Pere Miralles o Albert Batllori, hoy descatalogadas y difíciles de encontrar, recogen muchos descensos del Pirineo catalán que hoy día casi nadie visita. Algunos, ciertamente, no tienen demasiado interés. Otros en cambio, pese a tener cierto atractivo, han quedado eclipsados por vecinos más famosos, o simplemente pagan el precio de no aparecer en intenet o en las guías tipo "los mejores descensos de tal zona", que son las únicas que mucha gente tiene en la estantería. Pero son justamente esos descensos más o menos olvidados los que mantienen la capacidad de sorprenderte, de generarte esa intriga de no saber qué te encontrarás y en qué condiciones, y los que te permiten disfrutar de su interior en soledad.

Observando un posible objetivo con una meteo, digamos, inestable...
El pasado mes de marzo, durante el que posiblemente fue el peor fin de semana que pudimos escoger para hacer barrancos, descendimos el barranco de Unarre, un descenso que hoy aparece en la guía que se elaboró para el encuentro Speleocanyons 2016, pero que en aquellas fechas sólo era conocido por algunos barranquistas y por guías de la zona, mientras se mantenía en la sombra para la mayoría de los mortales... o al menos, para los tres que fuimos a bajarlo. Muy poca información disponible nos obligó a tirar de mapa y de contactos, propios y ajenos; y un tiempo realmente asqueroso nos empujó a vestirnos como si estuviéramos en el Oberland suizo en octubre.

A pesar de esas condiciones, mereció la pena. El barranco resultó simpático, corto pero continuado, excavado y entretenido. Además, el descenso es caudaloso, lo que lo hace más interesante. Por lo visto, hay una presa en cabecera que abre los fines de semana y eleva el caudal, pero no parece que ello sea determinante, ni que impida realizar el descenso. Aún así, es mejor tener en cuenta ese dato y ser cauteloso...

El descenso empieza con varios resaltes y rápeles cortos. Puede que alguno de ellos sea saltable, pero la presencia de algún árbol caído y lo oscuro de las pozas hizo que ni nos lo planteáramos.

Entramos más arriba de lo aconsejable, y nos tocó caminar por un tramo de río sin dificultad alguna

Primer rápel del descenso, de unos seis metros

El primer rápel, visto desde abajo
Con caudal, algunos resaltes se bajan mejor con cuerda


Poco a poco, el recorrido se va animando y no se tarda en llegar a los tres últimos rápeles, que además de los más altos del barranco, vienen seguidos, están bien formados y son interesantes. Sin duda, esta zona final es la que justifica el descenso, y justamente por ser lo último que guardaremos en la retina, ayuda a acabar la actividad con un buen sabor de boca.



Otro pequeño rápel
En el tramo final: rápel acanalado de 9 metros


Por fin, un poco de emoción
Rápel de 23 metros que pone punto y final al descenso

Puede que el Unarre no esté a la altura de un Infern, pero sin duda, merece una oportunidad.



Datos de interés

Fecha del descenso: 19 de marzo de 2016

Cotación: v3 a3 III

Acceso desde: Escalarre (Lérida)

Combinación de coches: no

Aproximación: Desde la Guingueta d'Àneu nos dirigiremos al vecino Esterri d'Àneu, y en la entrada de esta última población, tomaremos un desvío a la derecha en dirección a Escalarre y Llavorre. Cruzaremos el Noguera Pallaresa, torceremos a la derecha en dirección a Escalarre y, en una curva a la derecha, a la entrada del pueblo, veremos un puente sobre un arroyo: es nuestro barranco. Aparcaremos procurando no molestar, y a pie seguiremos calle arriba hasta llegar a las últimas casas. Desde allí, tomaremos un camino que tiende hacia la izquierda y conduce a unos prados. Los rodearemos y por detrás retomaremos el sendero, que finalmente nos llevará al río. Donde lo cruza iniciaremos el descenso. Tiempo, 25 minutos.

Descenso: 2 horas 30 minutos

Retorno: Tras el último rápel, con las casas del pueblo ya a la vista, seguiremos río abajo por la orilla derecha evitando entrar en los prados, hasta llegar al puente mencionado en la aproximación. La orilla izquierda puede ser tentadora, pero es propiedad privada y se encuentra vallada. Sed respetuosos. Tiempo, 10 minutos.

Rápel más largo: 23 m

Material: cuerdas 2 x 25 m, neopreno completo, material de instalación (las crecidas pueden dañar las instalaciones).

Observaciones: Atención al caudal, presa en cabecera que hace sueltas los fines de semana, aunque éstas no parecen imposibilitar el descenso.

Lo mejor: buen caudal en primavera, interés progresivo.

Lo peor: equipamiento justo aunque suficiente en las reuniones finales; alguna instalación está algo tocada por las crecidas.

Valoración personal (de 0 a 4): 2,6


lunes, 25 de julio de 2016

TORRENT DEL BOSC DE SERRADELL




El Serradell es un pequeño clásico, un descenso para principiantes que fue de los primeros en caer para muchos barranquistas de este extremo del país, entre ellos yo. Al estar equipado como barranco escuela, luego muchos hemos ido volviendo para hacer talleres o cursos, para practicar y, por supuesto, para iniciar a otros en este mundillo.

El pasado mes de mayo, mi pareja, una persona a la que esto del barranquismo no le había interesado lo más mínimo hasta hace poco, me propuso ir a descender algo facilito. No podía desperdiciar semejante oportunidad, de manera que rápidamente tiré de memoria, y de biblioteca, para encontrar el barranco adecuado. Las lluvias recientes, las temperaturas y la proximidad del Serradell lo pusieron rápidamente el primero de la lista.

Y es que estamos hablando de un descenso bueno, bonito y barato: de tiempos de aproximación, descenso y retorno contenidos, con rápeles de más de diez metros pero técnicamente asequible, estético y bien  formado, con agua (en esta época), pero sin problemas. Un descenso, en definitiva, ideal para la iniciación, pero que también tiene suficientes elementos para contentar a barranquistas más experimentados.


Después de una soleada pero breve aproximación, entraremos enseguida en materia. El primer rápel está nada más empezar, y tras él haremos una serie de pequeños resaltes, en un pasillo estrecho, antes de salir a un tramo brevemente abierto.

aproximación al sol
uno de los resaltes, tobogán con agua


El barranco vuelve a cerrarse, y forma una sucesión de resaltes y pequeños rápeles. Algunos tramos se estrechan y forman pasillos sinuosos y pulidos, con bonitos contraluces. Tras un rápel de ocho metros y el paso bajo un bloque empotrado, entraremos en una garganta de altas paredes y recorrido horizontal.

uno de los pequeños rápeles del tramo intermedio
juego de luces en la parte más estrecha


rápel directo al agujero formado por un bloque empotrado
caminando por el interior de la garganta


Finalmente, la garganta se abre y salimos a cauce abierto. Puede parecer que el recorrido ha terminado, pero aún nos queda un último estrechamiento, una garganta breve pero vertical y muy pulida que sería una pena no bajar. Un primer rápel, de doce metros, lleva a la que antaño fue la poza más  profunda del descenso que yo recuerde, aunque hoy día se encuentra completamente enronada. Acto seguido, montaremos cuerda por última vez para poner punto y final al descenso con un rápel de 15 metros, el más alto del recorrido.

el último rápel, el más alto del descenso con sus 15 metros



Datos de interés

Fecha del descenso: 16 de mayo de 2016

Cotación: v3 a3 III

Acceso desde: Serradell (la Pobla de Segur, Lérida)

Combinación de coches: no

Aproximación: Desde la Pobla  de Segur, tomaremos la carretera N-260 en dirección al Pont de Suert, y en pocos kilómetros, antes de entrar en un túnel, tomaremos un desvío en direcció a Erinyà. Al llegar a la entrada de este pueblo, torceremos a la derecha y continuaremos en dirección a Serradell. Justo antes de llegar a este último, en una curva pronunciada a la derecha y en ascenso, continuaremos recto siguiendo una pista de tierra hasta su final. No tiene pérdida (el barranco está señalizado), aunque en la fecha de nuestro descenso la pista tenía algunos pasos en mal estado.

indicaciones durante la aproximación a pie
Desde el parking, tomaremos un sendero que cruza un torrente. Algo más allá, tomaremos un desvío a la derecha, ascenderemos y continuaremos bordeando el barranco, remontándolo por su izquierda. Pasaremos un desvío a la izquierda, que nos permitiría saltarnos la primera parte del descenso, y seguiremos remontando hasta alcanzar el cauce justo en el inicio del primer estrecho, con la reunión del rápel ya a la vista. Todo esto nos llevará apenas veinte minutos.

Descenso: 1 hora 30 minutos

Retorno: Tras el último rápel, por la izquierda veremos algunas trazas de sendero. Las seguiremos, y aunque finalmente se pierden, continuaremos por entre la vegetación para subir y salir al otro lado, donde ya se intuye el aparcamiento.  Tiempo, diez minutos aproximadamente.

Rápel más largo: 15 m

Material: cuerdas 2 x 15 m, neopreno completo

Lo mejor: Descenso estético, agradable y sencillo.

Lo peor: Caudal siempre escaso, seco en estiaje.

Valoración personal (de 0 a 4): 2,4

martes, 2 de junio de 2015

BARRANC D'ERTA


No. Definitivamente, no me gusta demasiado repetir descensos. Sin embargo, cuando mis amigos vienen a verme y pretenden descubrir alguno de esos barrancos que quedan a quince minutos de mi casa, no acostumbra a importarme demasiado.

El Erta es uno de esos cañones que, por distancia, podría bajar una vez a la semana... pero exige combinación de coches y no es rápido de hacer. Por ello, y supongo que por otros motivos que no me vienen ahora a la cabeza, hasta este mes sólo lo había bajado una vez. Para repetirlo, pues, sólo necesitaba como excusa que me visitaran un par de amigos: primero David, y unas semanas después, Frank. Con el primero tuve la suerte de encontrarlo bastante animado gracias al deshielo. Y con el segundo, tres semanas después, lo encontré igual o mejor tras los veintiséis litros por metro cuadrado caídos la noche anterior. Tres repeticiones, y las tres con caudal alto... es mejor que no lo vuelva a bajar: no voy a conseguir mejorarlo. O puede que sí...

Así pues, en estas últimas semanas he bajado dos veces el Erta en unas condiciones inmejorables. Estamos hablando de un descenso disfrutón y bonito, con pasillos estrechos, giros, paredes pulidas, saltos y toboganes de baja altura y un par de rápeles obligados (¿quizá solo uno?), que en condiciones normales sirve para la iniciación y deja un buen sabor de boca. Con caudal alto, muchos de los resaltes de la zona estrecha generan pequeñas contras, e incluso algún que otro rebufo y drosage... y puede ser necesario montar un par de rápeles más.


resalte de entrada, no destrepable con caudal alto
un par de resaltes y entramos en un pasillo estrecho


un tobogán que, con caudal alto, quizá es mejor rapelar

El barranco empieza con un pasillo salpicado de pequeños resaltes, por el que normalmente avanzaremos sin contratiempos hasta llegar al primer rápel obligado. Sin embargo, con caudal alto hay dos pasos en que la cuerda puede venir bien: al principio de todo, en un resalte de unos dos metros, y algo más adelante, en un tobogán muy canalizado. En el siguiente resalte hay otra instalación, pero no vimos necesario utilizarla.


Este tramo inicial, con sus estrecheces y sus resaltes, recuerda a su vecino Viu de Llevata. De hecho, estos descensos son muy similares, aunque el Viu tiene más entidad y longitud.





accediendo a un pequeño resalte, con un umbral estrecho y un tronco empotrado que parece cerrarnos el paso

uno de los pequeños pero divertidos toboganes que salpican el descenso

El barranco se abre un poco y llegamos al primer rápel obligado del descenso sea cual sea su caudal. El agua rodea un bloque y se precipita por ambos lados: igualmente, nosotros tendremos que escoger por qué lado bajar. Con caudal alto, por la izquierda podemos tener problemas, así que es mejor escoger el pasamanos y los parabolts que encontraremos a la derecha.


Frank, a punto de descender este rápel
la recepción del rápel mencionado


















A continuación, un par de saltos, unos resaltes y un tobogán nos conducirán hasta el que habitualmente es el segundo rápel. Durante años esta cascada fue saltable, pero hará un par de temporadas se enronó y pasó a cubrir por las rodillas. Este año parece que vuelve a cubrir, pero no hemos comprobado si la profundidad es suficiente. Mucho ojo.


un pequeño salto
recogiendo cuerda tras el "segundo" rápel

Ahora sí, la parte deportiva se ha acabado. El barranco se abre primero durante unas decenas de metros, para luego volver a encerrarse en un pasillo estrecho pero sin dificultades. Tras él, podemos dar por terminado el descenso en sentido estricto: lo que nos queda es progresión por abierto, resaltes y un salto de un par de metros hasta dar con el camino de salida.




Datos de interés

Cotación: v2a2II

Acceso desde: el Pont de Suert (Lleida)

Aproximación: Saldremos del Pont de Suert en dirección a la Pobla de Segur (ctra. N-260), y tras el cruce de Malpàs, cruzaremos dos puentes. Pocos metros después del segundo, aparcaremos a la derecha el primer coche, y con el segundo volveremos atrás. Tomaremos el desvío a Malpàs primero, y más adelante, seguiremos por la derecha hacia Castellars, Erta y Sas. La carretera asciende sinuosa, y al llegar a la entrada a Castellars se convierte en pista. Seguiremos subiendo, y a unos ochocientos metros nos desviaremos a la derecha por una pista de tierra rojiza. Está en mal estado, pero se puede transitar con un turismo. Tras una bajada, llegaremos a un collado y la pista gira a la izquierda. Aparcaremos aquí, y ya a pie, seguiremos la pista menos rodada que siguie hacia la derecha. Después de ascender un poco, la pista llanea, cruza un cercado para ganado y baja a un nuevo collado. Una línea eléctrica cruza la pista: entraremos en los prados de la izquierda y seguiremos sus postes, para tomar un sendero poco trazado que desciende por entre el bosque. Cerca de un abrevadero, tendremos que saltar un cercado para seguir la senda, que tiende a la derecha, y bajar al río. Tiempo: 45 minutos.

Descenso: 1 hora de tramo deportivo, y una hora más de río hasta alcanzar el sendero de salida.

Retorno: Después de las últimas dificultades, progresaremos por río abierto durante un buen rato, hasta encontrar un sendero en la orilla derecha que, siguiendo una antigua y casi desaparecida acequia, nos sacará a unos prados. Atravesándolos hacia la derecha, saldremos a un puente sobre la carretera, ya cerca del coche. Tiempo: 15-20 minutos del principio del sendero al aparcamiento inferior.

Material: neopreno completo, cuerda 1x20

Época: primavera, una vez el deshielo lo permita

Lo mejor: unos estrechos pulidos, bonitos y entretenidos

Lo peor: el tramo de río abierto una vez finalizado el tramo deportivo

el valle de Malpàs, un rincón olvidado de la Alta Ribagorza. En lo alto, el pueblo abandonado de Erill Castell.


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