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lunes, 14 de diciembre de 2015

TURNIGLA


De la prostitución siempre se ha dicho que es el oficio más antiguo del mundo. Sin embargo, hay otro trabajo que no solo debe ser igual de antiguo, sino que me atrevería a decir que es incluso anterior: el de tocapelotas. Y a pesar de ello, la palabra no aparece en el ilustre diccionario de la RAE.

Tocapelotas ha habido toda la vida, y siempre los habrá. Te los encuentras en la cola del supermercado, en la carretera, detrás de una ventanilla en la jefatura de tráfico de tu provincia y en el trabajo. De hecho, creo que existe un puesto específico de tocapelotas en casi todas las empresas y administraciones públicas. Sobre todo en las administraciones públicas.

El tocapelotismo, pues, es algo que ha existido siempre, y además no pertenece a ninguna raza o cultura en exclusiva. Va con el ser humano. En nuestro país hay muchos, pero el cargo existe incluso en países tan organizados y civilizados como Suiza. Y ahí quería yo llegar.

el tocapelotas helvético, en plena acción
El caso es que, después de tres jornadas de fríos barrancos, de descansar un día, de movernos al cantón de Grisones y de un intento fallido al cañón de Fluaz, ahí estábamos, en el aparcamiento del Turnigla, preparando las mochilas para su descenso... cuando apareció el tocapelotas de turno y, en un alarde de civismo mal entendido, nos advirtió de que el descenso estaba prohibido.

Al caballero ni le iba ni le venía, pero se mostró particularmente insistente en amenazarnos con llamar a la policía. De nada sirvió decirle que sí, que la parte inferior estaba prohibida, que ya lo sabíamos, pero que nosotros queríamos hacer la superior. Tampoco ayudó enseñarle las guías de barrancos que llevábamos, una de ellas en alemán. Al hombre le daba igual: para él, estaba prohibido todo el descenso.

Josito y Pixi no salían de su asombro. Aquel personaje era el mismo tocapelotas que, un año antes, les había fastidiado otro descenso llamando a los forestales para que les impidieran el acceso a una pista.

Como el acuerdo con aquel hombre parecía imposible, estábamos seguros de tener la razón, y lo del año pasado clamaba venganza, pasamos a la ofensiva. Le exigimos que llamara a la policía si tenía lo que había que tener, y el hombre lo hizo. Tuvo que llamar tres veces para que le hicieran caso, demostrando así que el tocapelotas puede atacar a diferentes objetivos de manera simultánea. No sólo nos estaba tocando las pelotas a nosotros: también se las estaba tocando a la policía cantonal.   

En diez minutos teníamos allí una patrulla. El que mandaba llevaba al cinto una de esas pistolas eléctricas, y me dije a mí mismo que la cosa prometía. Si aquel hombre se acababa llevando un calambrazo, habría valido la pena. Los agentes nos escucharon amablemente, nos pidieron las guías, se las enseñaron al tocapelotas y, después de cinco o diez minutos de insistirle en alemán, al parecer consiguieron convencerle de que lo que queríamos hacer era legal y de que ya les había hecho perder suficiente tiempo. El tocapelotas, derrotado, me dió la mano fugazmente, se subió a su coche y se largó. Para nuestro disgusto, había entrado en razón antes de que lo sometieran a las descargas de la taser... pero daba igual: ¡habíamos ganado! Aunque con una hora de retraso, ya podíamos disfrutar de nuestro barranco.

el primer rápel del descenso. al que se accede inmediatamente desde el puente


aún con un caudal muy normal, algunos pasos merecen atención y valorar bien por dónde afrontarlos


el encajamiento es permanente y no permite escapar...
...pero en algunos rincones deja entrar los rayos de sol


los troncos son estorbos imprevistos que no siempre están en la mejor de las posiciones


los rápeles son todos muy cortos...
...pero muchos, de una estética innegable


las venas ocultan, a veces, roces que es mejor evitar: acabando el barranco destrozamos una de mis cuerdas de 8,5 mm




vista desde el puente: caudal normal
Datos de interés

Fecha del descenso: 22 de octubre de 2015

Cotación: v5 a5 IV

Acceso desde: Trin Mulin (Grisons, Suiza)

Combinación de coches: no

Aproximación: El acceso parte desde un aparcamiento situado al este de Trin-Mulin. Para llegar a él, tanto si llegamos a esta población desde Flims como si lo hacemos desde Chur (carretera 19), tomaremos el desvío a Trin-Mulin Crestasee y un cámping. Pasaremos por encima de la carretera y enseguida volveremos a desviarnos hacia la derecha siguiendo las mismas indicaciones. A pocos metros, dejaremos el coche en un descampado situado a nuestra izquierda. Ya a pie, volveremos al último cruce y tomaremos una pista, en ascenso constante, que conduce sin pérdida hasta un puente de piedra. Evaluaremos el caudal, y sin cruzar el puente entraremos al barranco por detrás del mismo. Tiempo: 35 min.

Descenso: Muy buen descenso, con una fama sin duda merecida. Pulido y muy engorgado, con unas formas muy bien esculpidas en el clásico granito blanco suizo, es uno de esos barrancos estéticos y tan agradables a la vista a los que nos tiene acostumbrados el país alpino. Por otro lado, el caudal es normalmente abundante, cosa que puede hacer de él, además, un descenso técnico y complicado. Con caudal normal, el descenso es un juguete repleto de rápeles cortos y saltos que no plantea problemas, pese a que según parece hay más troncos y pozas colmatadas que otros años. En definitiva, se trata de uno de los imprescindibles, otro más, que nos ofrece Suiza.

uno de los últimos rápeles
Nosotros lo bajamos en aproximadamente 1h 30 min.

Retorno: Al llegar a una presa, saldremos del cauce y tomaremos un sendero que nos devolverá a la pista del acceso. Solo habrá que desandarla para volver al aparcamiento en apenas 10 minutos.

Observaciones: el barranco es abordable desde mediados o finales de agosto y hasta noviembre, por lo que, valorando bien el caudal, no es necesario bajarlo en condiciones extremas.

Rápel más largo: 10 m

Material: cuerdas 1 x 30m, neopreno completo

Lo mejor: técnica y estética y diversión concentrada

Lo peor: la parte final, la más encajada y vertical, está prohibida.

Valoración personal (de 0 a 4): 3,5



Fotos: David Sánchez, Xavi Guerrero

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