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miércoles, 10 de enero de 2018

GRIESSCHLUCHT


No sé por qué lo hacemos. No es lógico. Ni sensato, ni agradable, ni divertido. No obtenemos beneficio, no es nuestro trabajo, ni nos pagan por ello. Tampoco es fácil, ni seguro. Temblamos de frío, los hierros se congelan, las mochilas no se abren y las cuerdas heladas corren más de lo recomendable. El riesgo se incrementa, el compromiso se eleva y sí, se sufre. Se pelea. Se lucha contra el hielo, contra el caudal, contra la pérdida de temperatura, contra unos dedos que se entumecen, contra unos mosquetones que se bloquean. 

mis mosquetones al inicio del tercer tramo
Y sin embargo lo hacemos. Porque en esos lugares inhóspitos, en esas condiciones extremas, en las fronteras de la hipotermia, en un terreno en el que una vez iniciado el camino la única salida es llegar hasta el final... ahí, junto a nuestros camaradas, nos sentimos más vivos que nunca. Porque esta absurda cruzada nos hace más grandes por dentro, y porque mediante el sufrimiento y la superación de las dificultades alcanzamos la verdadera trascendencia. 

Por todo eso, sin duda, seguiremos haciéndolo. Y por eso, cada final de verano vemos crecer en nuestro interior, cada vez con más fuerza, la misma idea: la de volver, una y otra vez, a las gélidas entrañas de los Alpes suizos. 

En 2017, el objetivo era ambicioso. Uno de los mejores descensos de la zona llevaba varios años escapándosenos. En 2016 lo habíamos rozado con la yema de los dedos: habíamos ido a verlo, el caudal era adecuado, y sin embargo al día siguiente había subido y se había puesto fuera de nuestro alcance. El Griesschlucht. El Gries. 

El viernes 1 de diciembre fuimos aterrizando en el aeropuerto de Ginebra. Diferentes vuelos, diferentes puntos de origen, un mismo objetivo. Recogimos nuestro coche de alquiler y ya de madrugada nos echamos a dormir en Interlaken. La noche fue corta: a las siete ya estábamos en pie, y a las nueve en el aparcamiento de Griesalp, junto a la boca de salida del monstruo. 

llegando al inicio del descenso
Fuera del coche, ocho bajo cero. Hielo y nieve. No es lo que uno espera cuando piensa en ir a hacer barrancos. Subimos a pie por la carretera, completamente pintada de blanco, y echamos un vistazo desde diferentes puntos al tramo final. El agua corría por él rodeada de hielo. Sin embargo, el Gries nos ofrecía un trueque: no hacernos luchar contra un caudal imposible a cambio de someternos a un frío espantoso. Rara vez se puede llegar a un trato con él, así que aceptamos sin dudar. Este averno abre sus puertas durante apenas dos o tres semanas al año, y en ese tiempo impone sus condiciones al que quiera adentrarse en su interior. Esperar que no haya nieve, que el caudal baje un poco más o que haga sol supone echar los dados y, normalmente, perder la oportunidad y esperar a otro año.

Mientras otros montañeros, a nuestro alrededor, se calzaban los esquís, nosotros nos devestimos para ponernos nuestros trajes de goma: la aproximación es corta, de manera que decidimos hacerla ya medio vestidos. Media hora más tarde estábamos en cabecera. 


El descenso 

El Griesschlucht es un cañón esculpido, estrecho y enormemente caudaloso, y se divide en tres tramos claramente diferenciados. El primero concentra las principales dificultades del barranco, es el más largo, el de mayor entidad y también el más difícil. Los dos siguientes, más breves, apenas tienen dos o tres rápeles cada uno. La suma de los tres da un total de catorce o quince rápeles, y para recorrerlos se necesitan de tres a cinco horas. Entre tramo y tramo existe la posibilidad de abandonar fácilmente el descenso volviendo a la retorcida carretera de Griesalp. Puede parecer que el Gries no es para tanto: es relativamente corto, tiene escapes y hacer invernales está de moda. Pero con todos los respetos, esto no es un Furco invernal: es un barranco difícil, en unas condiciones más difíciles aún y que no buscas, sino que te vienen impuestas. 

Entramos al primer tramo descolgándonos desde un árbol y llegamos a la reunión del primer rápel. Los parabolts, desnudos, no tenían chapas, de manera que destrepamos por el hielo y saltamos a la poza. Recibíamos así el primer aviso -entrar aquí sin material de equipar es casi suicida- y mi intención de mantenerme seco el máximo de tiempo se veía hecha añicos en el minuto uno. Tras la poza, encadenamos dos rápeles de una veintena de metros cada uno, con salidas delicadas y muy resbaladizas por el hielo. Esa sería la tónica de todo el descenso.

Nuestro primer rápel en el interior del barranco. Tras saltar a la poza ya no había vuelta atrás.

Un breve receso, más abierto a la luz solar, y llegamos al cuarto rápel del recorrido: la temible cascada en ese. Llegar a la reunión, sobre dos bloques cubiertos de nieve, ya fue delicado. Lanzada la cuerda nos fuimos descolgando uno a uno hasta el fondo. Unos primeros metros volados dieron paso a un canalón en forma de ese en el que se concentraba todo el caudal. Con la roca helada y resbaladiza, no había otra opción que entrar en la vena y recibir de lleno el impacto del agua en el pecho. La reunión que permite fraccionar el paso y quizá evitar el chorro estaba completamente cubierta por el verglás. No puede contarse con ella por sistema. De hecho, no puede contarse por sistema con ninguna reunión en este tipo de barrancos: las brutales crecidas no acostumbran a respetarlas.
 
bajando con cuidado para no resbalar
entrando al activo en la cascada en ese


alcanzando el umbral de salida de los oscuros
Superado este paso nos adentramos en la zona de oscuros. A estas alturas el frío, el agua y el viento había creado una capa de verglás en nuestros cascos: alguno no pudo encender su frontal, y otro ya no consiguió apagarlo más tarde. Yo tuve que golpear el interruptor del mío hasta romper el hielo y poder ponerlo en marcha. Sorteamos con precaución un pequeño caos de troncos helados y tras un par de rápeles cortos alcanzamos la última sala de los oscuros. Es indescriptible la extraña sensación de recogimiento, de paz, que se puede tener en un lugar así, oscuro y cubierto de hielo: no en vano, este tramo es conocido como La Catedral. Montamos un nuevo rápel y los dos primeros se lanzaron hacia la reunión más difícil y expuesta del descenso: la de la cascada conocida como Pochtenfall, la "palpitante caída".

No era fácil, y tardaron lo suyo. Mientras esperábamos en la reunión del rápel anterior, yo miraba a mi compañero. Sin previo aviso, de vez en cuando sus piernas se ponían a temblar descontroladamente, y las mías también. Había que moverse. 

Pochtenfall, la última dificultad del primer tramo
Cuando estuvo preparado el siguiente rápel me descolgué por la cuerda. Rodeando unos carámbanos duros como la roca de la que colgaban, alcancé el labio de salida de la poza. Un par de metros más arriba, al otro lado de un saliente, me esperaba la reunión. Un par de metros más abajo, rugiendo furioso, me aguardaba un sifón de hielo y una caída de veintisiete metros. Sin soltar la cuerda de rápel, me aseguré a la reunión e intenté trepar hasta ella. Resbalé en las paredes heladas y fallé. Apenas notaba la mano derecha, de manera que le di varios golpes contra la pared, como si en lugar de una mano fuera un trozo de madera, y sentí un hormigueo. Parecía funcionar... Hice un nuevo intento de auparme a la reunión, y volví a resbalar. Sin margen de error -me había quedado solo- me liberé de la cuerda de rápel y le indiqué al siguiente que bajara. Entre dos sería más fácil... y sí, lo fue. Solventado el paso, y curiosamente sin sentir frío alguno, bajé el último, recuperamos las cuerdas y pusimos fin al primer tramo. Un termo de té caliente llegó a tiempo para darnos calor y ayudarnos a recuperar fuerzas. 


Después de un breve descanso afrontamos el segundo tramo, un breve estrecho con dos rápeles cortos que deben encadenarse. La entrada estaba cubierta de un grueso manto de nieve, pero su interior volvía a ser un reino de hielo. Tras las dos cascadas, superamos un espectacular pasillo completamente helado y salimos de nuevo a terreno abierto. 

la entrada al tercer tramo, cubierta de nieve
abriendo paso en el hielo
 
en las zonas en calma, el hielo se acumula
en el pasillo, el hielo batido oculta los bloques


sobre el pasillo cae un afluente por la izquierda...
...que congela las paredes y llena la poza de hielo

 
Llegábamos así al inicio del tercer tramo, tan breve como el segundo pero más congelado aún. Durante la aproximación ya habíamos visto que su tercer rápel era imposible: la reunión cuelga de un saliente rocoso, y a su alrededor se había formado un enorme carámbano que la hacía inaccesible. Tocaba buscar alternativas, así que nos pareció que lo mejor sería acceder al fondo de la garganta desde un pequeño mirador, instalando en un árbol. Nos saltábamos así "el Caldero de la Bruja" (Hexenkessel) y la poza colgada, pero el Gries no los había incluído en el trato. 

A estas alturas del descenso las cuerdas estaban prácticamente congeladas y muchos mosquetones o no abrían, o no cerraban por culpa del hielo. Reconozco que me sentí tentado de abandonar aquí: al fin y al cabo sólo quedaba un rápel y un breve pasillo, así que ya estaba hecho. Quería dejar atrás el frío... pero también seguir absorbiendo hasta el último aliento que exhalara aquel monstruo, no abandonar hasta el último segundo, disfrutar hasta el último metro. 

Bajamos nuestro último rápel y superamos los resaltes finales. Tras un umbral de roca, salimos al valle glaciar en el que la bestia se desparrama dócilmente en mil brazos, nos abrazamos llenos de alegría y salimos de nuevo a la carretera. Acababa de grabar en  mi alma cinco horas de pura vida, cinco horas que permanecerán para siempre en mi memoria.

adentrándonos en el tercer tramo mediante un rápel alternativo: el Gries impone sus condiciones

el autor, a punto de sumergirse para superar el sifón que anuncia el final


Datos de interés

Fecha del descenso: 2 de diciembre de 2017

Dificultad: v6 a5 IV

Acceso desde: Kiental (cantón de Berna, Suiza)

Combinación de coches: posible, aunque no merece la pena: el ahorro en tiempo es mínimo. Si hay nieve o hielo en la revirada carretera que sube a Griesalp, la combinación será casi misión imposible (rampas del 28 %).

saliendo de Kiental, con el glaciar del Gamchi al fondo
Aproximación: Desde Reichenbach, tomar la carretera que sube a Kiental y a Griesalp. Pasado Kiental, la carretera cruza un tramo de bosque y sale al valle glaciar del Gamchischlucht. Al llegar al inicio de la fuerte subida a Griesalp, encontraremos un aparcamiento señalizado junto a una casa de madera, apenas a cinco minutos del final del barranco. Dejaremos nuestro vehículo, cargaremos con el equipo y seguiremos a pie, carretera arriba. Cruzaremos el barranco y lo seguiremos de cerca, de manera que podremos echar un vistazo y valorar el caudal con facilidad. Unos veinticinco minutos después, tras unas cuantas curvas, nos desviaremos por una pista que sale hacia la izquierda en dirección a un hotel. Cruzaremos un puente y al otro lado tenderemos hacia la derecha para buscar un lugar desde el que descolgarnos hasta el cauce, ya a poca profundidad. Tiempo, unos 30 minutos.

Descenso: Igual que el caso del Gamchi -que de hecho es su parte superior-, el Gries es un barranco glaciar difícil de encontrar en condiciones. Sin embargo, aquí el problema no es la altitud, sino el agua: el río Gamchi es un gran colector, con una cuenca enorme (30 kilómetros cuadrados), y al llegar a Griesalp el caudal es normalmente inabordable. Sólo cuando una ola de frío paraliza el deshielo del glaciar, el caudal baja lo suficiente como para poder entrar. Si hay suerte y esa ola de frío llega antes de la primera nevada, el barranco puede bajarse limpio de nieve y hielo. Si la nevada llega primero las condiciones del descenso serán, al menos, las que encontramos nosotros. Así pues, el Gries es un descenso duro por temperaturas, por caudal o por las dos cosas. Lo único que alivia esa dificultad es, como ya he explicado más arriba, el tener dos tramos abiertos que permiten el escape.

Esas dificultades, y ese carácter esquivo y hostil, ayudan a hacer de este cañón algo único, magnífico, y su descenso deja un recuerdo imborrable.

Tiempo de descenso, de 2 horas y media a 5 horas según grupo y condiciones.

Retorno: Bajados los últimos resaltes, la garganta se abre por completo y de repente, dejándonos en pleno valle glaciar. A la derecha veremos la pista de acceso, y a menos de cinco minutos encontraremos el aparcamiento.

Rápel más largo: 35 metros

Material: Cuerdas 2 x 40m, combinación de neopreno adecuada para aguas muy frías o condiciones invernales, frontal. Las instalaciones acostubran a ser escasas pero buenas; sin embargo, las crecidas anuales son brutales, por lo que es obligado llevar material de equipamiento.

Observaciones: Sobre la época y otras características de éste y otros barrancos glaciares, consultad esta otra entrada genérica sobre los descensos del Oberland.

Lo mejor: auténtico reto que combina como pocos belleza y dureza.

Lo peor: muy difícil de encontrar con el caudal y las condiciones adecuadas.

Valoración personal (de 0 a 4): 3,9 en las condiciones del descenso.





Fotos: Rubén del Río (blog Xankleteando), David Sánchez, Xavi Guerrero
Vídeo: Josito (visitad su canal en Youtube)


lunes, 14 de noviembre de 2016

SCHWARZBACH


Las palabras otoño y Suiza van, desde el año pasado, unidas indisolublemente para mí. En esa época del año, en el país alpino se abren las puertas de algunos de los descensos más espectaculares - y muchas veces, también más duros y comprometidos - de Europa. Pero esas puertas se mantienen abiertas sólo durante unas pocas semanas, y eso obliga a estar atento con antelación, y a tenerlo todo listo para salir corriendo en cuanto las condiciones de meteorología y caudales son propicias. Algo que no siempre es fácil de compatibilizar con el trabajo.

El año pasado la cosa salió más que bien, y este año estábamos dispuestos a repetir. Las ideas bullían en nuestras cabezas, teníamos grandes clásicos pendientes y alguna que otra idea bastante ambiciosa, y poco a poco fuimos esbozando una lista de posibles descensos. Sin embargo, finalmente fue la meteorología la que acabó escogiendo en buena parte de los casos. En esta zona, la cosa funciona así. Segnes o Trummelbach, por motivos distintos, no pudieron ser y quedarán para próximas expediciones. No obstante, nos anotamos algunos descensos realmente buenos, el primero de ellos, el Schwarzbach.


el valle de Gastern, con las típicas casas de madera omnipresentes en Suiza

El barranco era inédito para los cuatro del grupo, y la información de que disponíamos nos lo pintaba como realmente duro. El descenso normalmente se afronta más tarde, y los amigos que lo habían bajado en años anteriores lo habían hecho con nieve en el acceso, hielo en su interior y temperaturas bastante bajas en el exterior. El cañón empieza a 1800 metros de altitud y se encuentra orientado al norte, por lo que la insolación es mínima. Su entorno, el valle de Gastern, es muy frío, sus aguas están heladas, y el descenso es largo y tiene trabajo, de manera que no es un barranco cómodo ni sencillo. Sin embargo, la fortuna estuvo de nuestra parte y encontramos el barranco con un caudal alto pero asumible, limpio de nieve o hielo y con una temperatura ambiente más alta de lo normal para la época. Así, con suerte es posible descenderlo en unas condiciones menos extremas, por frío y caudal, que las que requieren habitualmente muchos de los descensos del Oberland, aunque siempre controlando antes y durante el caudal, la meteorología y la temperatura: no olvidéis que el Schwarzbach, en cabecera, tiene un glaciar de 44 kilómetros cuadrados que puede incrementar notablemente el volumen de agua del barranco durante nuestro descenso.

El Schwarzbach es un barranco frío y oscuro, en el que con el paso de las horas podemos pasarlo mal si no vamos vestidos adecuadamente. Bien pulido y tallado, el descenso se divide en tres tramos claramente diferenciados, separados por partes abiertas de marcha (de 5 minutos la primera, pero de 15 la segunda). Esos tiempos muertos restan puntuación a un barranco que ya de por sí es realmente bueno, pero que si fuera contínuo, sería magnífico... y al mismo tiempo, aligeran el compromiso y, si lo estamos pasando mal, nos permiten abandonar el descenso con bastante dignidad.

Por lo demás, debe prestarse mucha atención al caudal con el que se afronta ya que, por un lado, varios rápeles deben descenderse obligatoriamente por el activo y no ofrecen alternativa; y por otro, muchas reuniones se encuentran en puntos elevados o expuestos y si ya es delicado acceder a ellas con caudal normal, no digamos con grandes volúmenes de agua. Además, y aunque el equipamiento está bien protegido, consiste la mayoría de las veces en reuniones monopunto, incluso en los rápeles más altos. Esto es una constante en la mayoría de barrancos de este tipo y estas regiones, y más vale ir mentalizado de que bajar cascadas de incluso cien metros desde un sólo parabolt aquí es algo normal.

Por mérito propio, estamos ante uno de los descensos imprescindibles del Oberland.

El primer tramo se inicia con rápeles cortos, y enseguida permite el escape por una pasarela en ruinas si no lo vemos claro. Aunque visto su estado, igual es más seguro continuar barranco abajo... Si seguimos adelante, nos esperan un par de rápeles por el activo, de 18 y 20 metros respectivamente. 
 
Primeros pasos dentro del barranco, en un cauce...
bien encajado y con mucho ambiente.


R18, salida estrecha y ducha obligada
El tramo también presenta una zona de oscuros...


...que deja estampas realmente bonitas.
Rápel que finiquita el primer tramo.


Un breve espacio de cinco minutos de marcha nos separa del segundo tramo. Esta empieza con varios resaltes y rápeles cortos, pero enseguida se anima y gana verticalidad. Habrá que prestar atención, ya que algunas reuniones están muy altas o alejadas -es la única manera de ponerlas a salvo de las crecidas- y tienen accesos bastante expuestos. Más vale no resbalar al acceder a ellas...


Rápel de 10 metros. Acceso delicado.
rápel de 7 metros



Este tramo finaliza con un rápel de treinta y cinco metros que nos saca a terreno abierto. La cascada se precipita hacia el suelo pasando bajo un puente de roca, que también forma una ventana a la derecha. Gracias a ella, podemos escoger entre rapelar por dentro o por fuera del activo, según el caudal.

en el pasamanos, bajo el puente de roca
David, en el rápel de 35 que montamos fuera del activo


A continuación, no queda más remedio que caminar unos quince minutos por cauce abierto para llegar al inicio del tercer tramo. A esas alturas hace rato que uno está plenamente concentrado, de manera que esa zona muerta se recorre con impaciencia. Una vez dentro, un par de rápeles nos llevarán hasta uno de los pasos más interesantes del barranco: un rápel de 10 metros que forma un géyser en su salto al vacío.


El rápel del géyser...
... es uno de los pasos más espectaculares del descenso.


Josito, bajando a la agitada poza del rápel de 10 metros y su géyser.


Tras él, las dificultades más interesantes son dos rápeles de 22 y 20 metros, el primero de ellos con una recepción agitada. Tras ellos, lo único que nos separa ya del suelo es una última cascada, también de 22 metros y posiblemente la más fea del descenso, con la que pondremos punto y final a uno de los mejores descensos del Oberland.


Luchando en el R22
El último rápel supera una pared algo descompuesta.


Finalizando el descenso, con los increíbles plegamientos del Jegertosse (2154 m) de fondo




Inicio de la pista: prohibido recoger bombas (!)
Datos de interés

Fecha del descenso: 24/10/2016

Cotación: v6 a5 IV

Acceso desde: Kandersteg (Berna, Suiza)


Aproximación: Desde el mismo núcleo urbano de Kandersteg, continuaremos por la carretera hasta el fondo del valle. Pasada la estación del telecabina, al final de la carretera encontraremos un aparcamiento y el principio de la pista forestal que conduce a Gasterntal. Para usarla, es necesario sacar un tíquet en la máquina expendedora que encontraremos allí mismo. Tomaremos la pista, giraremos en un desvío a la izquierda y ascenderemos rápidamente por una estrecha cornisa, atravesando varios túneles en los que habrá que ser cuidadoso si llevamos furgoneta. Cruzaremos el río, seguiremos ascendiendo y finalmente llegaremos al valle superior. En un nuevo cruce, giraremos a la derecha, atravesaremos un puente y aparcaremos al otro lado, junto a los árboles.

Ya a pie, seguiremos la pista que se adentra en el bosque. Alcanzaremos varias casas de madera y seguiremos las indicaciones a Gemmipass, torciendo a la derecha en un desvío. Caminando ya por un sendero, ascenderemos dejando las cascadas finales a nuestra derecha. La senda remonta sin descanso, pasa por el principio del tercer tramo y más adelante cruza el barranco por un puente de madera, bajo el que se inicia el segundo. Seguiremos subiendo, y finalmente alcanzaremos el inicio del descenso en una zona claramente abierta, con el remontador de unas pistas de esquí ya a la vista. Tiempo de acceso, una hora y media aproximadamente. 

Descenso: 4 horas 30 minutos

Retorno: Tras la última cascada, cruzaremos el canchal de la orilla derecha y alcanzaremos inmediatamente el camino de acceso. Sólo habrá que deshacerlo para volver al coche (15 minutos aproximadamente).

Rápel más largo: 35 metros

Material: cuerdas 2 x 40 metros, neopreno completo, guantes. Recomendable material de instalación de repuesto.

Observaciones: Atención a la pista de acceso, es de sentido único y hay horarios distintos de subida y de bajada (subida de y 45 a y 05; bajada de y 15 a y 35).

Lo mejor: técnico, estrecho, frío y duro.

Lo peor: los quince minutos de progresión por cauce abierto entre los tramos segundo y tercero.

Valoración personal (de 0 a 4): 3'5


Fotos: David Sánchez, Xavi Guerrero


viernes, 8 de enero de 2016

VIAJE AL CORAZÓN HELADO DE SUIZA (I): OBERLAND


Oberland. Tres años soñando con sus recorrer sus heladas entrañas, con sumergirme en sus gélidas aguas, con enfrentarme a los monstruos que habitan en su oscuro interior en un combate desigual. El trabajo unas veces, las lesiones otras, habían prolongado la espera mucho más de lo deseado. Quizá no era el momento, quizá no estaba física o psicológicamente preparado, quizá, simplemente, no había manera de coincidir en la época y con los amigos adecuados. Todo tiene un motivo, todo pasa por algo, pero al mismo tiempo, todo llega. Y los astros, por fin, se alinearon este pasado mes de octubre.

saliendo de la ducha, en el rápel de 30 metros del Tersolbach
Una semana en Suiza central, en esta época del año, cunde menos que en otras zonas y en verano. Es algo inevitable: el frío, las pocas horas de sol y la dureza de muchos descensos dan poco margen por un lado, y desgastan físicamente por otro. Aún así, nos volvimos a casa con cinco descensos en la saca, en un periplo que nos llevó a cruzar Suiza de oeste a este, del cantón de Berna al de San Galo. Intentamos alguno más, pero el resultado final fue este:
 
- Latrejebach (Berna). Nos sirvió de introducción tras un largo y duro viaje en coche y unas pocas horas de descanso. La gran cascada final lo es todo en este descenso.
- Gamchi (Berna). Memorable: un monstruo maravilloso, con una aproximación dura y alpina, de gran belleza y con un compromiso muy elevado.
- Sefi integral (Berna). Enorme, completo, deportivo... y frío. Una actividad de diez horas totales que nos dejó tan satisfechos como cansados.
- Turnigla (Grisones). Tras el intento fallido a otros descensos, salvamos el día con este clásico y volvimos a la actividad sin cansarnos demasiado.
- Tersolbach (San Galo). Descenso de despedida, de buen ambiente y caudaloso, quizá el menos frío de todos los que hicimos.

cabañas de madera durante la aproximación al Schwarzbach


Los cinco descensos ya están descritos en el blog, cada uno en su entrada correspondiente. Son barrancos distintos entre sí: unos más técnicos, duros y comprometidos, y otros no tanto; unos glaciales y/o extremos, y otros no; algunos abordables sólo en esta fría época, y el resto más propios incluso de finales de verano. Los más llamativos son los primeros, está claro. Y si hay una zona en la que se da una especial concentración de barrancos extremos, esa es el Oberland, la región más elevada del cantón de Berna. A continuación podéis encontrar los datos de interés que he podido extraer de este primer viaje a esa zona, unos datos que, si todo va bien, espero poder completar en futuras incursiones.


Sobre el Oberland bernés 

¿Cómo ir?

De Barcelona a Lauterbrunnen, población que nos servirá de referencia para la mayoría de descensos del Oberland bernés, hay mil kilómetros practicamente exactos por autopista. El viaje lleva unas diez horas y media más las paradas que hagamos, y cuesta aproximadamente ciento setenta y cinco euros por vehículo. La mayoría del dinero se nos irá en los peajes franceses (unos 76 €), y en la viñeta o pase de las autopistas suizas (40 €). Mejor suerte tendrán aquellos que viajen a la zona entrando en Francia desde el País Vasco o incluso Aragón, ya que tomando la conocida como ruta de los portugueses, que cruza el país galo trazando una diagonal, pueden evitarse la mayoría de los peajes del país vecino. Salgamos de donde salgamos, yendo en furgoneta el consumo de combustible será algo mayor, pero el coste total del viaje será igualmente moderado si somos tres o cuatro personas. La alternativa es volar en avión a Berna y alquilar allí un coche: con ello se ahorra tiempo, pero hay que recordar que Suiza no es un país barato.


¿Qué descender?

Además de Gamchi o Sefi, entre las estrellas indiscutibles de la zona está el Rosenlaui inferior, el Schwarzbach y, sobre todo, Gries y Trummelbach. Para complementar estos monstruos, en las inmediaciones encontraremos otros descensos interesantes, como el Reichenbach, el Sefinen Lutschine o el mismo Latrejebach, que dan para barranquear durante más de una semana sin parar, y también para volver a casa con el frío metido en el cuerpo por un mes. Evidentemente, estamos hablando de barrancos no aptos para todos los públicos, de compromiso elevado, difíciles de encontrar con las condiciones meteorológicas y de caudal adecuadas y siempre fríos y duros. Sin duda son barrancos situados más allá de las líneas rojas de la mayoría de los barranquistas, a los que uno no va a divertirse, sino a sufrir, a superarse.

el distrito de Interlaken concentra los mejores descensos, aunque no todos


¿Dónde dormir?

Los meses de octubre y noviembre no son demasiado calurosos en los Alpes suizos, y en consecuencia, es posible que descartéis de entrada la opción de acampar por libre o bivaquear. Si las bajas temperaturas no os echan para atrás, debéis saber que los berneses no miran con buenos ojos a la gente que bivaquea en los aparcamientos. Es fácil que aparezca alguien y os llame la atención sólo por que le parezca que tenéis intención de hacerlo, doy fe.

el temible pasamanos del Sefi inferior
Si se viaja a la zona en furgoneta tipo camper, las opciones y el confort serán mayores, pero también conviene ser discreto. En la mayoría de aparcamientos públicos las señales advierten de que pernoctar en autocaravana o similares está prohibido. 

Si decidís que con el frío de los barrancos es suficiente y preferís dormir calentitos en una buena cama, en Lauterbrunnen podéis optar por el Valley Hostel. Es un albergue acogedor, con habitaciones de literas para 8 personas a razón de 28 CHF/pers. Dispone de cocina, wifi, aparcamiento y cuarto de secado del material, y la recepcionista habla castellano, cosa que es de agradecer. Si queréis comer fuera, cerca del hostal, a la entrada de Lauterbrunnen encontraréis el Restaurante Steinbock, donde podréis comer un buen plato de carne acompañado de un refresco por unos 28'40 CHF. No es barato, pero estamos en Suiza, y además sirven cenas en horario español. Está abierto todo el año; el resto de hoteles y restaurantes del pueblo cierran de mediados de agosto a principio de la temporada de esquí. Algunas camareras hablan castellano.

Si vuestro objetivo son barrancos como Gamchi o Gries, una buena opción para alojarse cerca de ellos es el Camping Grassi, en Frutiggen. Los precios son contenidos fuera de temporada (aproximadamente 12 CHF/pers. si vamos con tienda de campaña o furgo), tiene wifi y unos aseos grandes y cuidados. Hablan inglés. En temporada baja, si lo pedís os dejarán poner a secar los neoprenos en los baños.


¿Cuándo ir?

llegando al suelo, en la gran cascada del Latrejebach
Esta es la pregunta del millón. Amigos como Giputxi llevan mucho tiempo rebanándose los sesos para establecer un calendario más o menos fiable para los descensos más delicados, pero la meteorología no entiende de fechas y es adicta a las excepciones. Los barrancos glaciares necesitan que haga frío, que no haya deshielo, pero también, en la mayoría de los casos, que no haya nevado todavía. Por lo tanto, no queda más remedio que estar muy atento a la meteorología, a las webcams y a las mediciones de las estaciones de aforo a partir de mediados de septiembre, y tener disponibilidad para desplazarnos a la zona en cuanto lo veamos claro. La época adecuada para estos descensos suele estar entre octubre y noviembre, aunque la horquilla puede ensancharse en años cálidos y secos como este, o estrecharse en otoños con muchas precipitaciones. Algunos descensos puede ser directamente impracticables algunos años.

Lo importante es tener claro que no es lugar para planear un viaje con las fechas predeterminadas con antelación. Otra cosa, claro está, son los descensos "normales", como Latrejebach, Sefinen Lutschine u otros, que pueden descenderse a partir de agosto o que presentan condiciones más asequibles.


Otros datos útiles
 
Los barrancos glaciares suizos son un mundo aparte, una especialidad en sí misma. Para conocer más sobre ellos, nada como visitar Las puertas del infierno, el blog de Giputxi dedicado específicamente a este tipo de descensos. En él, y salvo excepciones, no encontraréis reseñas estructuradas y topografías de estos descensos, pero sí información práctica sobre valoración de caudales, dificultades y otros detalles, además de las experiencias del autor. Todo ello narrado con un estilo muy personal.

Por último, para saber mas de la zona y de Suiza en general es imprescindible la guía Swiss Alps Canyoning, de la Association Openbach: una auténtica biblia de los Alpes suizos que describe, en inglés y francés, un total de ciento veintiún descensos, incluyendo por supuesto todos los que hemos mencionado aquí. Imprescindible.


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