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lunes, 15 de octubre de 2018

BARRANC DE SOTLLO: DÉCIMO ANIVERSARIO


No era la primera vez que abría algo, pero sí la primera vez que el barranco parecía valer la pena. Fuimos a echar un primer vistazo a finales de junio, equipamos un par de rápeles y salimos por piernas antes de que se nos llevara la corriente... En vista del caudal tuvimos que volver un par de veces más para poder acabar el trabajo: la última, el 1 de octubre de 2008. ¡Hace diez años!


En estos diez años no he vuelto al Sotllo. Abrir un barranco es una experiencia mucho más enriquecedora que simplemente descenderlo, mucho más íntima, así que ¿para qué volver? Y eso que había motivos: lo habíamos equipado todo a base de spits, sin taladro, y dejando la mayoría de los rápeles con reuniones monopunto. En su día llegamos a plantearnos volver para reforzar las instalaciones, pero la idea nunca se materializó. Tuvo que llegar este verano para que Frank nos propusiera, a Oscar y a mí, bajar el barranco. ¿O fue al revés? Sin pretenderlo, nos dimos cuenta de que se cumplía el décimo aniversario de la apertura, y ya teníamos la excusa.

Llegado el día Oscar -el otro aperturista pero verdadero artífice del descubrimiento- no pudo venir, y el descenso se convirtió en un mano a mano entre Frank y yo.

Y fue interesante. En primer lugar, porque tanto tiempo después afrontaba el descenso con mucha más perspectiva, con mayor distancia emocional, como un simple barranquista. Y en segundo lugar, porque a pesar de todo tenía grabado en la mente cada recoveco del barranco, y tenía curiosidad por ver si aquel tronco seguía en su sitio, si las reuniones habían envejecido bien y, sobre todo, si las dificultades me seguían pareciendo tales con diez años más de experiencia.


Diez años de perspectiva

rápel de regalo antes de la gran cascada
Diez años después, lo primero que comprobé fue que en mi cabeza había algunas lagunas acerca del camino de aproximación. En lugar de acceder al cauce a la altura del primer rápel entramos doscientos metros más arriba, en una zona más abierta y evidente. Eso nos hizo añadir un rápel y varios resaltes antes de la gran cascada inicial. ¿Necesarios? Están bien, pero no son imprescindibles.

Ya en terreno conocido, primera sorpresa: ¿y la reunión del primer rápel? Teníamos entendido que el natural original había sido sustituído por expansivos, pero no lo encontramos, así que volvimos a montar en un árbol a la derecha orográfica. Seguimos por tanto la línea original, y cruzamos la vena para alcanzar el fraccionamiento a media cascada. Una vez aquí, ¡problemas! No había manera de recuperar las cuerdas. Me tocó por tanto un ejercicio de escapismo del bueno: remontar unos metros y escalar para salir del cauce por la visera, y una vez allí flanquear para salir a buscar terreno más fácil y trepar hasta la cabecera; volver a la reunión, desmontarla y cambiarla a un árbol más alto y con menos roce; y volver a bajar. Total: una hora perdida, pero problema solucionado.



Frank, en pleno cruce de la cascada
recogiendo en la reunión del tercer fraccionamiento

con mucho caudal, un tercer fraccionamiento nos saca del embudo en el que se concentra toda el agua


Desde aquí y hasta el final bajamos sin contratiempos, pese a un caudal bastante superior al del día de la apertura. Donde esperaba cambios no los encontré: el par de enormes troncos que recordaba cruzados en el cauce, y que creía que habrían desaparecido arrastrados por alguna crecida, allí siguen desafiantes. En cambio, nuevos troncos han vuelto más incómodas un par de reuniones.


en este rápel se ha creado una presa de troncos...
...y en este un árbol caído oculta la reunión

¡buen caudal!


Las reuniones

reunión del primer fraccionamiento de la cascada de 70m, bajo el agua
¿Y las reuniones? Me habían dicho que se había entrado con taladro y material al barranco, y lo había interpretado como una reequipación, pero sobre el terreno comprobamos que sólo se habían reforzado algunas reuniones. El resto, la verdad, han envejecido mal. La segunda reunión, el fraccionamiento a media cascada, permanece bañada por el agua excepto en pleno estiaje, por lo que está completamente oxidada. La mayor parte del resto de los anclajes están igual de oxidados, tanto los spits originales nuestros como los parabolts que se han añadido después. Eso, sumado a que todos los rápeles pequeños tienen reuniones monopunto, le da al descenso un carácter más propio del terreno de aventura. ¿Habría que reequiparlo? Estaría bien añadir un segundo punto en muchas reuniones, y cambiar algún anclaje en las demás, pero sin pasarse y hacerle perder al barranco su carácter. Si algún día alguien lo hace y no somos los aperturistas, solo pedimos -creo que puedo hablar por mi compañero- que no se suprima el cruce de vena de la cascada inicial. Una cosa es reequipar por motivos de seguridad, y otra hacerlo para rebajar la dificultad.


Una buena segunda primera impresión

De vuelta al Sotllo por primera vez como un barranquista más, pues... me gustó. No está muy formado, y sus pozas no cubren mucho. ¡Es un barranco alpino! Y eso significa que abundan los bloques, que los rápeles son irregulares y que las paredes no van a ser demasiado altas. Pero el Sotllo no da tregua: diecinueve rápeles continuados, sin zonas muertas, y un caudal siempre abundante te hacen trabajar sin parar y te obligan a prestar atención al agua, a los roces y a las recuperaciones. La cascada inicial es el elemento distintivo del descenso, es su foto; y el cruce de vena, el mejor de sus pasos. Sí, es un buen descenso.


en el último rápel, bañados por el sol del atardecer
¡alguna que otra poza cubre!


Fotos: Frank Fernández, Xavi Guerrero


miércoles, 22 de noviembre de 2017

ABRIENDO EL BARRANCO DE RIUEÑO


Los Besiberris al este, el macizo de la Maladeta al oeste y la muralla del puerto de Vielha al norte. La cabecera del río Noguera Ribagorzana está flanqueada por picos que se acercan o superan los tres mil metros, que acumulan grandes cantidades de nieve en invierno y que alimentan generosamente el embalse de Baserca con el deshielo de la primavera. Los grandes desniveles y los caudales abundantes, pues, son una constante en esta zona. Sin embargo, y curiosamente, hasta hace cuatro días no había ningún barranco deportivo abierto allí: todos los descensos conocidos en el Alto Noguera Ribagorzana se encontraban del embalse para abajo.

Puede que las características del terreno no prometan, es cierto, pero a pesar de todo había algunos cauces que merecía la pena explorar. Así se abrió primero el barranco de Lac Redon y posteriormente el Salenques, aunque uno no siempre triunfa: otros torrentes, como el Fenerui, resultaron no tener absolutamente ningún interés.

el embalse de Baserca y, al fondo, el valle de Conangles
Así llegamos al Riueño, un barranco que vierte sus aguas justo enfrente de aquel último, a la derecha orográfica del Noguera Ribagorzana y a poca distancia de la cabecera del embalse de Baserca. Algún que otro barranquista local lo había descartado, pero siempre es bueno contar con otro par de ojos. Oscar, que interpreta como nadie las curvas de nivel y es de esos que saben apreciar el placer de explorar algo nuevo, vio posibilidades en un tramo concreto. No hizo falta decir mucho más para planificar un fin de semana completo de barranquismo en la Ribagorza. Un sábado de agosto, en compañía de Frank y Carrasco, bajamos el Salenques y el Llauset superior. Al día siguiente, domingo, y con el neopreno aún húmedo de la jornada anterior, Oscar y yo cargamos con los trastos necesarios y nos dispusimos a abrir un nuevo descenso mano a mano.

Y oye, no salió mal: una vez acabado el tramo con interés deportivo, habíamos equipado un total de nueve rápeles de hasta cuarenta metros. La roca estaba algo rota y el cauce no formaba paredes pulidas, es cierto. Pero se cerraba lo suficiente y formaba cascadas verticales de hasta veintidós metros, además de otra tumbada de setenta, que se sucedían de forma contínua y mantenían el interés de principio a fin. Si a todo esto le sumamos que los tiempos de acceso, descenso y retorno resultaron asequibles y equilibrados, y que mantenía un caudal suficiente incluso durante el estiaje de un año tan seco como este, el reultado fue un descenso perfecto para redondear una jornada barranquista en combinación con cualquiera de sus vecinos. O para salvar jornadas futuras cuando estos vayan pasados.

El caso es que, al ir avanzando sin saber cuánto nos quedaba por delante, fuimos racionando los parabolts y las chapas y procurando ir rápido. Por ello, y aunque finalizamos el descenso, algunas reuniones quedaron demasiado precarias o peor situadas de lo que nos hubiera gustado. Así, quedaba pendiente volver a él para finalizar su equipamiento.

la aproximación, en unas condiciones interesantes
Podríamos haberlo hecho un par de semanas después, pero ¿para qué hacerlo tan fácil? Lo fuimos atrasando y acabamos yendo después de las primeras nevadas, un frío y ventoso sábado de noviembre. Siendo positivos, de esta manera el segundo descenso del Riueño se convirtió en el primero invernal, y nos lo anotamos en compañía de los amigos del TEC, que se apuntan a un bombardeo y más si está helado.

El aparcamiento está a pie de embalse, a más de mil cuatrocientos metros de altitud, así que a los diez minutos de empezar la aproximación ya estábamos pisando nieve. En menos de una hora abandonamos el sendero y bajamos al cauce, ya visible. En ese punto no promete mucho, pero aguas abajo, en un centenar de metros, el río empieza a hundirse  en el terreno y forma las primeras dificultades.

El primer resalte, de unos siete metros, lo destrepamos sin dificultades en agosto. Con nieve y la roca helada, este segundo descenso montamos un pequeño rápel en un árbol, que los que vengan detrás, en condiciones normales, podrán evitar.

el primer rápel puede destreparse por la derecha en condiciones normales, pero la nieve y el hielo reclaman prudencia

R2, de 12 metros de altura, y su tronco

De inmediato llegamos al segundo rápel del descenso, el primero real, que se desciende desde una reunión equipada en un árbol. En medio nos espera un tronco, primer aviso de lo que a partir de aquí será una constante: la presencia de troncos y árboles caídos a lo largo de todo el descenso. Abunda la madera, sí, pero no llega a generar obstáculos de entidad.


Pasado este rápel, el cauce sigue una fisura en el estrato rocoso y avanza formando toboganes y resaltes. Tras un rápel en la zona más estrecha, superamos varios resaltes destrepando sin problemas, por el agua o por fuera, hasta unos troncos y un resalte algo más vertical, equipado para un pequeño rápel de cinco metros. Después, la fisura se estrecha y finaliza con un último escalón, de unos tres metros, tras el que ya se intuye una zona más vertical, más amplia y con buenas vistas de las montañas del otro lado del valle.



bajando R3 con la ayuda de la cuerda
el final del pasillo crea un bonito paso de tonos rojizos

Un rápel de diez metros volvió a dejarnos en la salida de lo que se intuye como una cascada de cierta longitud. La roca no es demasiado buena, de manera que en agosto pusimos un parabolt a bastante baja altura y nos descolgamos hacia lo desconocido, que resultó ser una salto de agua de veintidós metros.


un bello entorno alpino rodea nuestro descenso
salida del rápel de 22 metros, sin final a la vista


Xavimu, al pie de la cascada de 22 m
En este segundo descenso mejoramos la reunión, inicialmente monopunto, con un segundo parabolt y su correspondiente chapa con anilla, y afrontamos el remojón con mayor tranquilidad.

El barranco hace aquí un giro en ese. Superamos unos resaltes y unos troncos, un pequeño rápel de ocho metros y un nuevo resalte, y nos plantamos ante la recta final del descenso. El terreno circundante se abre, salimos al bosque y a nuestra derecha se intuye el cauce de un afluente, que baja desde el tossal de l'Home (2431m). Por delante tenemos una larga rampa, de la que un cambio de  inclinación nos oculta el final... aunque el gran desnivel hasta el fondo se hace evidente. En nuestro primer descenso, aquí montamos un rápel de cuarenta metros y fuimos a buscar un árbol a la orilla izquierda, desde el que nos descolgamos hasta el fondo: un cruce y una línea de rápeles que a toro pasado no nos pareció la mejor opción, y que decidimos variar. Así, en nuestro repaso de noviembre equipamos el segundo rápel de la cascada dentro del cauce, mediante dos parabolts en la visera rocosa que ya se ve desde la reunión superior. Una línea más interesante, pura y divertida que pasa a ser la definitiva.


añadiendo un segundo parabolt en la reunión de salida de la cascada tumbada

segunda fracción de la cascada tumbada, ahora ya más vertical, de treinta metros

R9 30m, visto desde abajo

Una vez abajo, las aguas de nuestro barranco se unen a las del afluente que adivinábamos desde arriba. Este llega mediante un paso estrecho e incluso parece aportar más agua que nuestro río. En consecuencia, el caudal se dobla al llegar aquí, aunque por desgracia ya no queda mucho por descender: el pasillo pulido de pequeñas bañeras que se abre a nuestros pies será la última dificultad a afrontar. Para ello dejamos montado un último rápel en la orilla izquierda, consistente en un parabolt con chapa y anilla, y liquidamos el pasillo y su salto final, de apenas tres o cuatro metros.


Después de este último paso recogimos las cuerdas, pero no nos quitamos el neopreno. Nos esperaban aún unos ciento cincuenta metros de resaltes y cauce sin interés, atravesando un terreno cada vez más abierto, hasta llegar al camino de salida que nos devolvió a los coches.

Misión cumplida: un nuevo barranco abierto en la Ribagorza.


bajando el pasillo final, apurando los últimos metros de nuestro descenso



Ficha técnica

Nombre: Barranco de Riueño o de la Font Blanca (IGN); barranco de Riueno (ICGC)
Dificultad: v4 a3 III 
Provincia: Huesca
Zona: Valle del Noguera Ribagorzana. Parque Natural Posets-Maladeta. Municipio de Montanuy
Cuenca hidrográfica: Noguera Ribagorzana
Población más cercana: Aneto (Huesca)
Mapas: IGN MTN 1:25.000, hoja 180-4 Barruera; ICC el Pont de Suert 1:25 000
Altura en inicio: 1740 m
Altura en final: 1477 m
Desnivel: 260 m
Longitud: 600 m 
Roca: calizas y pizarras
Tipo de cañón: barranco alpino con alternancia de zonas encajadas y abiertas


situación general del descenso, muy cerca del muro del embalse y al sur del barranco de Salenques



Acceso desde: Aneto (Huesca)

Combinación de coches: no

Aproximación: Desde Vilaller (Alta Ribagorça, Lérida) o desde Aneto, unos kilómetros más arriba, tomaremos la carretera N-230 en dirección a la Val d'Aran y llegando a la altura de la presa de Baserca cruzaremos tres túneles. A la salida del tercero de ellos, el túnel del Fogá, reduciremos la velocidad y prestaremos atención: a trescientos metros y a la derecha, por un hueco entre las vallas quitamiedos, saldremos de la carretera y entraremos en un amplio aparcamiento casi a la orilla del pantano. Dejaremos aquí el coche, cruzaremos la carretera y a la izquierda, a pocos metros, tomaremos el sendero que asciende en dirección a los ibones de Riueño y Anglios. Siguiendo siempre el sendero balizado ascenderemos fuertemente, trazaremos varias lazadas y finalmente, tras una pequeña bajada, veremos como nuestro camino se interna en el bosque, ahora ya con menor inclinación, para avanzar en paralelo al cauce de nuestro barranco. Cuando el terreno pierda inclinación y veamos el agua a nuestra izquierda, saldremos del sendero y bajaremos al cauce por entre los árboles. Si no lo vemos claro, seguiremos por el camino y al llegar al cauce de un torrente, seco según la época, lo seguiremos de bajada y alcanzaremos nuestro descenso. Una vez en el río, sólo hay que seguir las aguas hasta llegar a las primeras dificultades. Tiempo, de cincuenta minutos a una hora. 

Descenso: Unas dos horas.

Retorno: Tras el último rápel, el barranco se abre y el cauce avanza en forma de sucesión de bloques y resaltes. Seguiremos río abajo durante unos doscientos metros y encontraremos a nuestra derecha un sendero. Por él, nos internaremos en el bosque y en apenas diez o quince minutos llegaremos a la carretera, muy cerca del aparcamiento.

Altura del rápel más largo: 35 m

Material: cuerdas 2x40 m, neopreno completo 

Equipamiento: Bueno, a base de parabolts de 8 mm y naturales. Recomendable llevar cintas o cordinos de repuesto.

Época: Posible todo el año, con precaución en primavera (deshielo) e invierno (nieve y hielo). Recomendable de abril a octubre.

Restricciones: El descenso se encuentra en el interior del Parque Natural de Posets-Maladeta, pero por ahora el barranquismo no está regulado.

Observaciones: Aunque no hay referencias claras, podemos valorar el caudal del barranco desde el puente de la carretera, a la salida del túnel.

Historia: Abierto por Oscar González y Javier Guerrero el 13/08/2017. Equipamiento completado el 11/11/2017 con la colaboración del Team Espeleocanyons (Xavi Muñoz y Xavier Batiste).

Lo mejor: descenso rápido por horarios totales, perfecto complemento de sus vecinos

Lo peor: roca frágil y rota en algunos tramos, las pozas no cubren

Valoración personal (de 0 a 4): 2,6


Fotos: Oscar González, Xavi Guerrero

lunes, 25 de enero de 2016

SALENQUES, APERTURA EN DOS TIEMPOS


En agosto de 2014 parecíamos tener un barranco realmente interesante por abrir. Sobre el mapa, y sobre el terreno, parecía ser bastante corto... pero desde fuera, el caudal se mostraba tan elevado que aquello prometía ser breve pero intenso. Si se cumplían las expectativas, el descenso podía acabar siendo un nuevo clásico del Pirineo.

El día escogido, Didi y yo nos preparamos con todo lo necesario y nos pusimos a ello. Tras la aproximación, entramos al cauce y nos encontramos con un caudal muy, muy elevado, y un entorno granítico realmente resbaladizo. Equipamos dos rápeles en el estrecho incial, y por desgracia, no pasamos de ahí: la mala fortuna hizo que se me empotrara la pierna entre dos bloques y me destrozara la rodilla izquierda. Abandonamos por nuestros propios medios, pero imposibilitado como estaba para andar una hora hasta la carretera, acabamos volando en el helicóptero del GREIM.

La jornada, que tendría que haber acabado en un bar celebrando el éxito, finalizó conmigo lesionado y magullado en el hospital de Vielha. No entraré ahora en las causas del accidente, en los errores cometidos o en el funcionamiento del 112: todo eso da para una entrada independiente que posiblemente acabaré escribiendo. Diremos simplemente que, con semejante lesión, dí prematuramente por finalizada aquella temporada y empecé bastante tarde la siguiente.

Una vez recuperado y en pleno funcionamiento, estaba claro que había que completar aquella apertura interrumpida. Cosas así no se pueden dejar a medias. Eso sí, la mala experiencia del año anterior aconsejaba dos cosas: buscar un estiaje aún mayor, y repartir el peso entre más de dos personas. Siguiendo estas dos pequeñas lecciones, el 26 de septiembre Didi y yo volvimos al ataque, esta vez acompañados por dos amigos, David y Reynaldo, y con el peso de cuerdas, hierros y taladro convenientemente repartido. 

Después de cambiarnos iniciamos el descenso afrontando unos primeros pasos que aún teníamos frescos en la memoria. Descendimos la primera cascada desde el mismo árbol que el año anterior, y comprobamos que aunque seguía rugiendo, lo hacía con menor intensidad que la primera vez.


el primer rápel (28 m), una forma muy potente...
...e intensa de empezar el barranco


La poza de recepción mantenía su ambiente, y el gran tronco empotrado seguía allí, cerrando el paso de salida. Por la derecha, nos encaramamos de nuevo a la estrecha y resbaladiza repisa que habíamos utilizado el año pasado. El parabolt que pusimos entonces seguía allí, intacto, y en el pasillo siguiente el caudal se veía alto, pero no tanto como la vez anterior. Rapelé hasta el siguiente resalte, Didi me siguió para echarme un cable, y dejamos un nuevo parabolt para evitar aquel paso, pequeño pero traicionero, que me había costado la rodilla un año antes.

equipando la reunión del segundo rápel tras una travesía algo delicada, durante nuestro primer intento


fortísimo caudal la primera vez en el pasillo...
...pero volumen más asequible a la segunda


A partir de aquí, entrábamos en terreno inexplorado. El siguiente paso era una goulotte, un rápel fuertemente canalizado con un aspecto bastante infernal visto desde arriba. Tras un rápel a una primera poza intermedia, instalamos un pasamanos desmontable bastante delicado y finalmente un rápel por la izquierda con el que superamos completamente el paso. Visto desde la mitad, posiblemente hubiera sido mejor equipar una línea de rápeles por la orilla derecha, más directos y más cerca del agua, pero para cuando nos dimos cuenta, yo ya me había pasado de largo... Queda pendiente volver a revisar ese tramo.

otro paso delicado, esta vez a través de una cornisa...
...para llegar al rápel que supera esta goulotte


Tras la goulotte, comprobamos que el barranco se abría definitivamente, perdía el encajamiento tan interesante de la parte anterior y se acercaba mucho al camino de acceso. Aún así, nos quedaban por delante un resalte, un rápel de siete metros, tres pequeños resaltes más y una sorpresa final: un rápel con una recepción muy agitada y una línea de cizalla de cruce obligado.

pequeño rápel en una zona abierta
el último rápel, un buen colofón para el descenso


Bien... en realidad, sorpresa no era: el paso es fácilmente accesible desde el camino de aproximación, y ya nos había impresionado el año anterior. Por desgracia, este paso no es obligatorio. En la cabecera del rápel, si no lo vemos claro, podemos abandonar por la izquierda y sortear el rápel, o poner punto y final al descenso directamente... y eso es una lástima, porque de ser obligado, este paso sería realmente limitativo y elevaría el compromiso del descenso. No se puede tener todo.

Reynaldo, lanzándose a superar el "fregao" y la línea de cizalla que provoca la cascada


Unos resaltes más, y el descenso como tal se acabó. Los resaltes y rampas siguientes ya no tienen aliciente deportivo, y las recorrimos sin otra finalidad que encontrar un punto por el que abandonar el cauce y dar por finalizado un descenso que a mí me pareció realmente intenso e interesante, aunque es bastante difícil ser objetivo a la hora de valorar un descenso que has abierto tú mismo. ¿Un descenso tremendo? ¿Simplemente interesante? ¿O uno más? El tiempo y las repeticiones lo pondrán en su lugar.



Ficha técnica

Nombre: Barranco de Salenques o barranco de les Ixalenques
Cotación: v5 a4 III 
Provincia: Huesca
Zona: Valle de Salenques, Parque Natural Posets-Maladeta. Municipio de Montanuy
Cuenca hidrográfica: Noguera Ribagorzana
Población más cercana: Aneto (Huesca)
Mapa: ICC el Pont de Suert 1:25 000
Altura en inicio: 1803 m
Altura en final: 1659 m
Desnivel: 140 m
Longitud: 400 m 
Roca: granito
Tipo de cañón: primer tramo encajado, segundo abierto

caudales altísimos incluso en pleno verano


Aproximación: Desde Vilaller, o desde Aneto, tomaremos la carretera N-230 en dirección a la Val d'Aran. Bordearemos el embalse de Baserca, y cerca de su cola, justo antes de una curva a la derecha y del puente que cruza el río Salenques, dejaremos el coche en un apartadero de la carretera.

A pie, cruzaremos la carretera y tomaremos el sendero S9, bien señalizado, que parte del puente y sigue la orilla derecha orográfica del río. Nada más empezar a caminar, un breve resalte en la estación de aforo puede servirnos de checkpoint (ver foto). El camino asciende por el interior del bosque hasta llegar a un puente metálico. Lo cruzaremos y al otro lado torceremos a la izquierda, siguiendo un camino visible y marcado con hitos. Tras unos diez minutos de subida pronunciada, en la que pasaremos muy cerca del cauce en algunas ocasiones, tomaremos un sendero poco marcado a la izquierda para cruzar los matorrales y, unos metros más allá, llegar al cauce. Tiempo, 1h 15 min

checkpoint del descenso, el día de la apertura
Descenso: 2h 30 min. a 3 h. Horario estimado.

Retorno: Tras la confluencia con el barranco de Anglos, superaremos un resalte y buscaremos la mejor forma de salir hacia la derecha campo a través, hasta encontrar el camino GR que baja de los ibones. Lo seguiremos hacia la izquierda, y en pocos minutos llegaremos al puente metálico que cruzamos durante la aproximación. Solo queda deshacer el camino para volver al aparcamiento. Tiempo, 45 min.

Altura del rápel más largo: 28 m

Cuerdas: 2x30 m

Neopreno: Completo

Instalaciones: Monopuntos a base de parabolts de 10 mm y naturales. Recomendable llevar cintas o cordinos de repuesto.

Época: Verano avanzado. De agosto a octubre. 

Restricciones: Aunque el descenso se encuentra en el interior del Parque Natural de Posets-Maladeta, el barranquismo no está regulado por ahora.

Historia: Primer intento el 15 de agosto de 2014, por Didier Mena y Xavi Guerrero: abandono por lesión tras el resalte que hoy es el tercer rápel. Apertura completa el 26 de septiembre de 2015 por David Buil, Reynaldo Sáez, Didier Mena y Xavi Guerrero. Posteriormente Edu Gómez y Miquel Soro, aperturistas en serie que barren los Pirineos desde los años 90, me confirmaron que mucho antes que nosotros, en agosto de 1992, intentaron la apertura y se retiraron por culpa del caudal. Desde aquí les agradezco profundamente que se olvidaran del tema y no volvieran a acabar el trabajo...

Lo mejor: breve pero intenso ejercicio técnico

Lo peor: corto; los tramos abiertos le restan compromiso

Valoración personal (de 0 a 4): 3,2


Fotos: Didier Mena, Xavi Guerrero


miércoles, 26 de noviembre de 2014

BREVE HISTORIA DE UNA APERTURA INTERRUMPIDA


el primer rápel, de 25 metros

Llevo tres meses planteándome si escribir o no estas líneas. ¿Qué demonios explico, si he ido a abrir un barranco de trescientos metros de largo y no lo he acabado? ¿Que me he lesionado? ¿Y a quien le importa eso?


El caso es que así fue. Practiques el deporte que practiques, tarde o temprano llega el día en que te haces daño. La única diferencia, una diferencia que lo condiciona todo, es que no hace falta un helicóptero para sacarte de una cancha de baloncesto o de un tatami. Allí fuera no tienes un médico y una ambulancia junto al túnel de vestuarios, y cuando llega el momento un barranco es un lugar perfecto para apreciar lo expuesto que se puede llegar a estar. En los últimos meses, diversos compañeros y amigos han pasado por esto y sabrán de lo que hablo...







poniendo un parabolt que nos permita superar el pasillo y los resaltes que se abren a nuestros pies


Didi, acercándose al resalte que me dejó KO
En este país, los mejores barrancos ya llevan tiempo abiertos, aunque todavía pueden encontrarse cosas interesantes por ahí. Este pasado mes de agosto, Didier y yo teníamos localizado en el Pirineo aragonés un barranco corto (unos 300 metros), pero de fuerte caudal y con unos cuatro o cinco rápeles en su escaso recorrido; un descenso breve pero intenso que parecía merecer la pena. Así pues, el día escogido nos cargamos con todo lo necesario y nos pusimos a trabajar. Un acceso de poco más de una hora, unos destrepes... y el primer rápel. Vertical, caudaloso, intenso, de unos 25 metros. Lo dejamos equipado en un árbol y descendemos. Abajo nos espera un pasillo completamente repleto de espuma, con dos resaltes inabordables con este caudal. Flanqueamos por la derecha, y en una pequeña repisa dejamos un parabolt. Mientras recojo el taladro, Didi monta el rápel y supera el pasillo. Le sigo, y en el segundo resalte se acaba mi descenso. Entro en la vena, me desequilibro, se me encaja el pie entre dos bloques, el agua me empuja... y mi rodilla hace crack, aunque aún no lo sé. Es al dar unos pasos cuando mi rodilla se flexiona por donde no toca, y un intensísimo dolor me dice que algo no va bien. Lo que viene a continuación es una escapatoria del barranco, un vuelo en helicóptero, un viaje al hospital, una escayola, unas muletas, una operación, un mareo contínuo por parte de la mútua de la federación, y una rehabilitación que me llevará un tiempo todavía. Y lo que más duele: la cancelación de un par de viajes en octubre y noviembre que llevaba esperando todo el año, y que habrá que aplazar a 2015. En fin... Como suele decirse, los barrancos no se van a mover de allí.

¿Qué barranco estábamos abriendo? Cuando acabemos el trabajo os lo diré.


unos días después, sobrellevando la lesión












sábado, 5 de octubre de 2013

APERTURA DEL BARRANC DE LAC REDON


En los años 80 y 90, en España, un grupo de iluminados decidió que ríos y barrancos no sólo servían para llevar agua de un sitio a otro, sino también para caminar y nadar por ellos y bajarlos con cuerdas. Ya había muchos explorados, pero casi todo estaba por hacer. Imagino aquellos aperturistas llegando a Broto, o subiendo la carretera que lleva de Aínsa a Bielsa, diciendo con emoción y asombro ¡¿Por dónde empezamos?!

Desde entonces ha llovido mucho y se ha abierto casi todo lo que se podía abrir. Aquellos pioneros dejaron poca cosa decente por descubrir, por lo que como me dijo alguien recientemente, los que llegamos tarde nos hemos de limitar muchas veces a abrir "zanjas". O bien cascadas grandes o abiertas, que por entonces -y aún hoy para muchos- se alejaban del concepto de barranco en sentido estricto.

Cerca de casa, llegando a la boca sur del túnel de Vielha, los ocupantes de los coches que suben hacia el valle de Arán pueden ver, si desvían su mirada a la derecha, una larga y delgada cascada que cae desde lo alto de la muralla que separa la comarca occitana de las tierras ribagorzanas. Es el barranco de Lac Redon, que sirve de desagüe al lago homónimo situado más arriba, y que a pesar de estar bien a la vista, aparentemente seguía vírgen. Con el prolongado deshielo de este año, la cascada había conservado un caudal abundante hasta bien entrado el verano, y Didier y yo llevábamos ya un tiempo observándola y valorando su apertura. Después de varias inspecciones previas, el pasado 22 de septiembre fuimos finalmente a descenderla.

A las ocho de la mañana, habiendo dejado la furgoneta aparcada junto al refugio del Espitau de Vielha, echamos a andar cargados como mulas en dirección al lago Redón. La temperatura todavía era baja, y a esa hora el valle de Conangles está a la sombra, pero tanto peso a la espalda nos iba a hacer entrar en calor bastante rápido.





A los veinte minutos de aproximación, más o menos, ya se puede ver con claridad la cascada que vamos a bajar. Finalizado el deshielo y tras varias semanas sin lluvias, el caudal había bajado bastante en comparación con el que habíamos visto a mediado de agosto, cuando habíamos estado inspeccionando acceso y retorno.

La cascada, a mediados de agosto
Inicio del descenso


Por fin, después de superar el tramo de subida de la Escaleta, y con el tejado del refugio del lago asomando ya en lo alto, llegamos al clarísimo punto de entrada al barranco, una zona de cauce abierto justo antes de un estrechamiento. En este punto, el GPS nos marcaba una altitud de 2187 metros, cosa que convierte el barranco del Lac Redon en el descenso reseñado y publicado a mayor altitud de España que nosotros sepamos. Nos han comentado la existencia de descensos abiertos a mayor altitud, pero no hay ninguna información disponible de ellos.

Preparándonos para empezar el descenso


Una vez equipados, empezamos a progresar por un cauce lleno de bloques y de fuerte desnivel. Nada extraño en este entorno alpino, en el que no podíamos esperar paredes pulidas ni fuertes encajamientos. Enseguida llegamos a la primera cascada, en un giro a la derecha y sin visibilidad del fondo, y en el que instalamos con parabolts un rápel que resultó finalmente de treinta metros. A continuación, tras un par de resaltes llegamos a un embudo con fuerte inclinación, en el que equipamos otro rápel de treinta metros en un árbol a la derecha. Con el caudal mínimo que encontramos posiblemente era destrepable, pero las condiciones habituales -las que recomendamos- implican descenderlo con más agua.


Primer rápel (30 m)
Instalando el segundo rápel (30 m)


Ese segundo rápel no llega hasta el final del encajamiento: conduce a otra reunión, esta vez a base de parabolts, desde la que salvar un canalón que concentra el caudal mediante un rápel de veinticinco metros.

Cabecera del tercer rápel (25 m)
El tercer rápel es el más canalizado de todos


Para llegar a la reunión del cuarto rápel hay que cruzar ese canalón y llegar a al árbol en que se encuentra, en una repisa a salvo de las aguas. La perspectiva desde aquí es más amplia, hay más patio y las vistas del valle son más espectaculares.


El valle de Barrabés, a nuestros pies


Desde ese árbol, rapelamos veinticinco metros hasta una amplia repisa. A partir de ésta, observamos que el barranco se mostraba definitivamente abierto, y que bajo nuestros pies teníamos una sucesión de rampas hasta llegar al suelo. Desde abajo, el cauce daba mayor sensación de verticalidad.

El cuarto rápel (25 m), visto desde arriba...
...y desde abajo


Instalamos una nueva reunión, la quinta, a base de parabolts, y salvamos la primera de esas rampas abiertas. Al pie de la misma se forma un resalte y un canalón que concentra el caudal y lo lanza en un nuevo salto. Hasta el pie de la cascada, medimos unos treinta metros de rápel.


Picando piedra en la cabecera del quinto rápel (30 m)


Descendiendo el quinto rápel, ya en una zona mucho más abierta que la superior

Pasillo de acceso al sexto rápel
Acceso a la cabecera del sexto rápel


A continuación encontramos la rampa de menor inclinación del descenso. Aquí dejamos dos parabolts más, y desde ellos descendimos cincuenta metros, hasta estar de nuevo en plano. Este rápel, el sexto del barranco, es también el más largo y el menos interesante.


R6 (50 m), rampa que da lugar al rápel más largo del descenso


Octavo rápel (35 m) de la cascada izquierda
Con esto el barranco llega a su tramo final, pero aún guarda una sorpresa. El cauce gira a la derecha y tras unos resaltes, salta hacia su final definitivo a través de una cascada de cincuenta metros. Sin embargo, en ese giro parte del agua continúa recto y se precipita por una cascada más larga, aunque también más seca en estas fechas. Un gran pino negro hace las veces de isleta en la que el cauce se parte en dos. Después de dudar durante un rato acerca de qué variante tomar, decidimos equipar las dos. En la cascada derecha dejamos una reunión en un árbol y medimos cincuenta metros de cuerda hasta el suelo, y a continuación, descendimos la cascada izquierda, que quedó fraccionada en dos rápeles. Desde el pino negro que he mencionado, hicimos un primer rápel de cuarenta metros hasta un saliente, en el que dejamos dos parabolts más. Luego, unos últimos treinta y cinco metros de cuerda nos dejaron definitivamente al pie de la cascada. Habíamos abierto un nuevo descenso.




Celebrándolo con unas cervezas en el aparcamiento
























Ficha técnica

Provincia: Lleida
Zona: Vall de Conangles, Val d'Aran
Cuenca hidrográfica: Noguera Ribagorçana
Población más cercana: Senet (Alta Ribagorça)
Mapa: ICC el Pont de Suert 1:25 000
Altura en inicio: 2187 m
Altura en final: 1855 m
Desnivel: 332 m
Longitud: 400 m 
Tipo de cañón: vertical y abierto en general
Aproximación: 1h 45 min a 2 h
Descenso: 3 h aprox.
Retorno: 35 min.
Altura del rápel más largo: 50 m
Cuerdas: 2x50 m
Neopreno: No tiene pozas que cubran. Según caudal.
Instalaciones: Parabolts de 10 mm y naturales. Recomendable llevar cintas o cordinos de repuesto.
Época: Verano, según deshielo
Restricciones: No se conocen
Historia: Primer descenso, Didier Mena y Xavier Guerrero, 22/09/2013. Con anterioridad se había escalado en hielo su tramo final.


Mapa de situación del descenso, acceso y retorno
 
Datos prácticos

Acceso: Desde Pont de Suert, saldremos en dirección a la Val d'Aran por la carretera N-230. Al llegar a la boca sur del túnel de Vielha saldremos por el carril lateral, que conduce al antiguo túnel, y luego subiremos por la derecha hasta el refugio Espitau de Vielha. Aparcaremos en la gran esplanada adyacente, y ya a pie tomaremos el GR-11, pasando por entre los edificios del refugio. Después de cruzar nuestro barranco, el sendero se adentra en el valle de Conangles para luego girar a la izquierda y ascender fuertemente en el paso de la Escaleta. Al llegar a un desvío, el GR tuerce a la derecha: nosotros seguiremos recto, por un sendero que lleva ya de forma evidente hacia el barranco. Cuando el camino se acerca a pocos metros del cauce, casi llegando al refugio del lago Redón, entraremos al barranco. 

Retorno: No hay senda de retorno. Una vez finalizado el último rápel, lo más práctico es seguir cauce abajo hasta llegar a una zona más llana y de vegetación menos densa que nos permita seguir por la orilla hasta toparnos con el sendero GR-11. Una vez en él, desharemos el camino de acceso hasta el coche.

Combinación de vehículos: No

Caudal: Permanente. Muy alto en deshielo, pasa a normalizarse finalizado este. En invierno llega a helarse.

Escapes: No comprobados, aunque no parecen factibles a partir del segundo rápel.

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