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jueves, 22 de diciembre de 2011

REMEMBER 2011. WADI MUJIB INFERIOR


Ahora que fuera hace frío y el año apura sus últimos días, mientras la mayoría de los neoprenos hibernan en armarios y trasteros, a ratos me dedico a mirar las fotos y vídeos de lo que hemos hecho este 2011. Como por ejemplo el viaje a Jordania y el descenso del Wadi Mujib inferior, tan bonito, tan diferente. Y también tan extraño, tan multitudinario, tan domesticado. El precio a pagar por conocerlo fue integrarnos en el rebaño, pasar por el aro. La experiencia, más turística que deportiva, creo que aún así mereció la pena. Este es el breve resumen en imágenes.


Os deseo felices fiestas a todos, y un próspero año 2012 lleno de experiencias, tanto dentro de los barrancos como fuera de ellos.

domingo, 22 de mayo de 2011

WADI KARAK, EL VÍDEO


Algo más de un mes después de volver de Jordania, empiezo a procesar las casi cuatro mil fotos que hicimos entre los cuatro, y los muchos minutos de vídeo que hemos traído....






He decidido empezar por el Wadi Karak. Es el que más me gustó, supongo que por ser el más completo y por la incertidumbre de no saber lo que nos íbamos a encontrar. Ahí queda un buen videoresumen.



martes, 10 de mayo de 2011

WADI MUJIB INFERIOR


Y muy a nuestro pesar, el viaje por Jordania llegaba a su fin. El penúltimo día programamos los que a priori eran los dos mejores descensos del país: el Wadi Mujib inferior y su tributario, el Wadi Hidan Inferior. Debían haber sido los primeros en caer, pero las lluvias de principios de mes provocaron su crecida y nos obligaron a aplazarlo.

Los dos descensos se encuentran en la reserva natural de Mujib, un área protegida de 212 kilómetros cuadrados, limítrofe con el Mar Muerto, que gestiona la Royal Society for the Conservation of Nature (RSCN). Ello supone que ambos barrancos sólo pueden descenderse acompañados por un guía de la reserva, y pagando unos precios elevados. Por la combinación de ambos descensos, que el RSCN ofrece bajo el nombre Malaqi Trail, nos pidieron 65 JOD (unos 70 euros). Resignados a pasar por el aro, reservamos con la antelación requerida y el día indicado nos plantamos en la recepción de la reserva, situado en la carretera del Mar Muerto y junto al puente que cruza el Mujib. Después de mucho pelear conseguimos que nos hicieran precio especial y llevar nuestro propio material.

A partir de aquí, comprobamos que no se podía esperar un servicio al estilo occidental. El grupo en el que íbamos estaba formado por dos guías, sin equipamiento alguno, y veinticinco clientes que, si lo deseaban, podían ataviarse con el chaleco salvavidas que se les ofrecía como equipo. El traslado hasta el punto en el que se inicia la aproximación a pie se hizo en dos tandas, con la gente subida en la parte de atrás de un pick-up. Y lo peor: sobre la marcha, nuestros guías decidieron que el Wadi Hidan no se podía hacer y nos llevaron directamente al Wadi Mujib, sin muchas explicaciones y, por supuesto, sin devolvernos la diferencia de precio... En la entrada de la garganta de Mujib, abrimos las mochilas y nos pusimos nuestros cascos. En seguida advertimos que eso generaba inquietud en el resto de clientes, que empezaron a hacer preguntas a unos guías visiblemente incómodos. Luego fuimos bajando por el cañón, de forma desordenada, hasta que poco antes del único rápel el guía que llevaba la voz cantante nos pidió que le echáramos una mano. Total, que mientras el guía en cuestión descolgaba desde arriba a la gente con el único arnés disponible, Oscar acabó en una repisa en medio del rápel, controlando el descenso del resto de la gente del grupo, y yo al pie de la cascada, recibiendo a la gente y ayudándola a quitarse el arnés. Tras esto, nos mezclamos con el resto de grupos guiados y seguimos río abajo, ahora ya por libre, hasta finalizar el descenso.


El descenso

Por lo demás, el barranco merece la pena por su espectacularidad. Es un cañón estrecho y de altas paredes rojizas, con un caudal considerable aunque no problemático, que sólo se ve afeado por la sensación de estar en un parque acuático lleno de gente. Empieza en un estrecho repentino, y avanza sin complicaciones durante un buen rato, en el que se pueden admirar sus formas y colores.









































Más adelante se llega al único rápel del descenso, de dieciocho metros y bien equipado.





















Tras este paso, el barranco continúa a través de una zona de oscuros con destrepes y toboganes. Algunos pasos peligrosos están convenientemente señalizados.




























Finalmente, las paredes se abren ligeramente, y tras un giro a la izquierda, el cañón avanza hasta abrirse de repente a su paso bajo la carretera.
















Aproximación: Desde la oficina de recepción de la reserva de Mujib, junto al puente de la carretera y el final del descenso, saldremos en dirección Aqaba. A unos dos kilómetros, tras una curva a la izquierda, veremos una pista a la derecha cerrada con una cadena. Seguiremos por ella a pie, en fuerte ascenso primero y zigzagueante descenso después, hasta llegar al cauce. No tiene pérdida.

Retorno: Una vez en el final del descenso, subiremos por una escalera a una pasarela que nos llevará a la oficina de recepción de la reserva.

jueves, 5 de mayo de 2011

WADI HIMARA EN GRADO DE TENTATIVA


Si el Wadi Karak no se pudo hacer a la primera, el Wadi Mujib inferior tampoco. Era el descenso previsto para nuestro segundo día de barrancos en Jordania, pero al estar cerrado por riesgo de crecida, pasamos al plan B: cogimos los trastos y nos acercamos al Wadi Himara, unos kilómetros más arriba por la carretera del Mar Muerto. Este descenso contiene las dos cascadas más altas del país, de ciento veinte y ochenta metros. No está reseñado, pero una empresa de guías nos había facilitado alguna información y parecía estar equipado, así que decidimos intentarlo.

Una vez dentro del cauce, de carácter abierto y sin las formaciones ni la estética de los wadis Hudeira o Karak, iniciamos la progresión, y al poco llegamos a dos primeras cascadas. Sin equipar. Las evitamos fácilmente por su izquierda, y tras un par de caos de bloques y una hora en total de progresión, llegamos a la primera gran vertical.
























La instalación de salida era un anillo de cuerda, sin maillón ni anilla, que rodeaba un bloque empotrado. A ciento veinte metros del suelo. Para llegar a ella había que bajar un resalte de unos cuatro metros, que parecía necesitar una instalación que tampoco existía. Nos miramos entre nosotros, y después de comprobar que las malas vibraciones ganaban por unanimidad, abandonamos remontando. El puñado de spits, cintas y maillones que llevábamos encima tenía que servirnos para salvar alguna que otra instalación dañada o un peligro puntual, no para equipar completamente un barranco con dos grandes verticales.































Como no teníamos plan C, lo dejamos estar y nos fuimos a bañar al Mar Muerto, del que por cierto se tienen muy buenas vistas desde el barranco.



domingo, 1 de mayo de 2011

WADI KARAK


Descender el Wadi Karak requiere hacer combinación de coches. Durante el viaje, nos movimos por Jordania conduciendo nuestro propio coche de alquiler -el verdadero deporte de riesgo en este país, en el que se adelanta en cambios de rasante, sin visibilidad, con línea contínua, con camiones viniendo de frente, haya espacio o no-, pero nos hacía falta otro. El primer día que lo intentamos, nos falló el taxi que nos tenía que proporcionar el hotel, y buscando otro transporte se nos hizo demasiado tarde para un barranco que, según la información que teníamos, duraba más de siete horas.

Aquel día lo dedicamos al turismo y al descenso del Wadi Hudeira, pero volvimos al Karak unos días después. En un taller del pueblo de Mazra'a, a base de dibujos en un mapa, con las cuatro palabras en árabe que sabíamos nosotros y las cuatro en inglés que entendían los mecánicos, conseguimos nuestro segundo vehículo: Ibrahim, un vecino del pueblo, nos haría la combinación de coches con su pick-up Toyota Hilux de 1983.

Primero dejamos nuestro coche en la salida del descenso, junto al depósito de aguas del pueblo. Allí nos subimos al desvencijado pick-up de Ibrahim y subimos hasta la aldea de Al-Abdaliya, desde la que se accede al descenso. Después de negociar el precio del trayecto con nuestro improvisado taxista -error: hay que insistir y pactarlo antes de salir-, bajamos al río y empezamos nuestro recorrido.

El descenso

Tras un cuarto de hora de cauce abierto, llegamos a un primer estrecho sin desnivel. Continuamos por otro pequeño tramo abierto, superamos un par de pequeñas cascadas sin equipar -evitables- y llegamos a un breve, pulido y bien excavado estrecho. El agua forma en este punto tres cascadas seguidas, de diez, diez y veinticinco metros.




























Tras este interesante punto, el cauce se ensancha, y después de algunos caos de bloques, forma un sinuoso cañón de altísimas paredes, salpicado de jardines colgantes con plantas y palmeras.
















Encontramos algunos resaltes y más rápeles, aunque separados entre sí por tramos de marcha. El cañón avanza, y el caudal aumenta ligeramente gracias a varios afluentes, algunos bastante espectaculares.





























Poco a poco, el cauce se va abriendo y las paredes pierden altura. Avanzamos por terreno abierto y finalmente llegamos a una presa que desvía toda el agua del río. Aquí dimos por finalizado definitivamente el descenso; las siete horas y media que marcaba la reseña que teníamos se quedaron, al final, en 4h 45 min.

Más adelante alcanzamos el depósito junto al que teníamos el coche. Cuando llegamos a él, sorpresa: ¡nos lo habían limpiado! Comprobamos que en la caseta del depósito vivía una familia, en unas condiciones bastante pobres. El padre, manguera en mano, nos había limpiado el coche mientras estábamos fuera, y para colmo, mientras nos cambiábamos nos ofreció un melón. En agradecimiento, les dejamos la comida que llevábamos encima.


Acceso: Desde el cruce de Mazra'a entre las carreteras del Mar Muerto y de Karak, y yendo por la primera en dirección a Ammán, en más o menos un kilómetro tomaremos una calle a la derecha, y a cincuenta metros, giraremos a la izquierda por otra. Más adelante seguiremos la carretera que lleva al depósito de aguas de Karak, señalizada con un cartel azul, y la seguimos hasta el final, siempre en dirección al cañón que se ve al fondo. Aparcaremos el primer coche junto a la verja del depósito y una caseta, y con el segundo, volveremos al cruce de carreteras y tomaremos la de Karak hasta llegar a la aldea de Al-Abdaliya. Entraremos en el pueblo girando por una calle junto a una parada de autobús, y tras unos metros de frente, veremos una calle que sale hacia la derecha y continúa descendiendo hacia el barranco. La seguiremos hasta donde veamos oportuno aparcar, y luego continuaremos a pie. La calle, que pasa junto a unos campos de cultivo, se convierte en pista, y finalmente se corta. Desde su final, bajaremos al cauce por un sendero poco trazado, y luego avanzaremos por el cauce hasta llegar al primer estrecho. En total, no caminaremos más de media hora.

Retorno: Desde la presa, la opción más sencilla es continuar cauce abajo hasta llegar a un muro de contención a nuestra derecha. Al final del mismo podremos acceder a su parte superior, donde se encuentra el depósito de aguas y nuestro coche. Tiempo: quince minutos.




lunes, 25 de abril de 2011

WADI HUDEIRA


Después de una semana de viaje, y tras dos días de trekking por Wadi Rum, nos instalamos en la población de Karak. La intención era descender el Wadi Karak, pero tuvimos problemas con el taxista local que nos tenía que hacer la combinación de coches, y se nos hizo tarde. Por ello, cambiamos de planes, visitamos el castillo cruzado de la localidad y luego ojeamos las guías en busca de algo corto que nos permitiera aprovechar la tarde. ¿La solución? El Wadi Hudeira, un sencillísimo descenso (v1a1IV) que, sin embargo, es el tercero mejor valorado del país en la web descente-canyon. Así pues, parecía imprescindible visitarlo.


Se trata de un pequeño cañón, corto pero espectacular, fácilmente accesible desde la carretera del Mar Muerto. Sus paredes de arenisca llegan a alcanzar más de ciento cincuenta metros de altura, mientras se acercan hasta formar pasillos de pocos metros de ancho. No requiere material, ni tampoco neopreno, porque lleva un caudal bajo y sin profundidad, y el agua está templada.

Para llegar, tomaremos como punto de partida el cruce entre las carreteras 65 (del Mar Muerto) y 50 (de Karak), a la salida del pueblo de Mazra'a. Recorreremos unos trece kilómetros en dirección sur, y al llegar a un monumento memorial de color blanco, aparcaremos junto a él. Veremos el final de nuestro wadi al otro lado de la carretera, y a él nos dirigiremos, ya que lo normal es remontar el barranco para luego descenderlo.













No encontraremos rápeles, tan sólo dos o tres resaltes pequeños, así que es tarea fácil. Entramos en el cañón en sentido ascendente; el cauce es arenoso y de fácil progresión. En un giro a la izquierda, un bloque empotrado en lo alto parece formar la puerta de entrada y marcar el inicio de la garganta. A partir de aquí, las paredes se van acercando entre sí, y el descenso -o mejor dicho ascenso- es un espectáculo para los sentidos, con sus suaves formas, sus cambios de dirección y sus juegos de luces y colores.













































































Más pronto que tarde, el cañón gira a la derecha y se abre. No hay nada interesante más allá, así que daremos media vuelta y volveremos sobre nuestros pasos, esta vez barranco abajo, hasta salir de él y llegar al coche.













El recorrido completo lleva unas dos horas y media. Es breve, y deportivamente hablando no tiene ningún interés, pero merece la pena disfrutar de este ejercicio de estética de la naturaleza.

sábado, 23 de abril de 2011

BARRANQUISMO EN ORIENTE MEDIO. JORDANIA 2011


Las mochilas ya están vacías, la ropa sucia, limpia, y el retorno al trabajo ha sido tan intenso que parece que no me fui nunca. Y sin embargo, aún me parece oír la la llamada a la oración de las mezquitas de Madaba... Durante dos semanas Oscar, Bego, Anaïs y yo hemos recorrido Jordania de norte a sur, de las ruinas de Jerash al desierto de Wadi Rum, del bullicio de Ammán a la ciudad perdida de Petra, de las inertes aguas del Mar Muerto, a las cristalinas del Mar Rojo en Aqaba.


























Entre tanto, por supuesto, hemos aprovechado para conocer los mejores descensos del país. La aridez de la región, su composición geológica y su hidrología hacen que la mayor parte de los descensos conocidos sean cañones excavados en arenisca, con poco desarrollo vertical, largo recorrido horizontal y escaso caudal. Pero lo compensan con unas bellas formas y colores y un entorno muy distinto al que estamos acostumbrados aquí. En general, la mejor época para afrontar estos descensos es la primavera, cuando las temperaturas son altas pero aceptables, hay caudal y el agua, templada, no requiere neopreno.

Los descensos conocidos se concentran en la franja oeste del país, la mayoría en las gobernaciones de Madaba, Karak, y en menor medida en la de Ma'an. Los que decidimos sobre el terreno, ya en la última parte de nuestro viaje, fueron éstos:

El país es pequeño (cinco veces más pequeño que España), y las distancias relativamente cortas. Para los descensos nos basamos en la ciudad de Madaba, con todos los servicios necesarios y a una hora y media máximo del barranco escogido más lejano.


















Con esto cogimos el avión de vuelta plenamente satisfechos, aunque también se nos quedaron algunos descensos en el tintero: el Wadi Feid, por falta de días, y el breve Wadi Hidan inferior, que debíamos haber combinado con el Mujib, por prohibición de los guías de la Reserva. Siempre tiene que quedar algo para la próxima vez. Quien sabe, igual volvemos...



BIBLIOGRAFÍA

Hay pocas guías con información sobre el descenso de barrancos en Jordania, y en internet tampoco hay gran cosa. Nosotros utilizamos las siguientes:
  • Trekking and Canyoning in the Jordanian Dead Sea Rift. Itai Haviv, Ed. Desert Breeze Press 2000, 1ª edición
  • Walking in Jordan. Walks, treks, caves, climbs, canyons. Di Taylor y Toni Howard, Ed. Interlink Books 2002
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