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jueves, 2 de junio de 2016

CANYON DES ECOUGES


El año pasado, a la vuelta de nuestro viaje veraniego a Dolomitas, pasamos unos días en el macizo francés del Vercors, un destino que siempre nos había quedado más o menos de paso pero al que nunca habíamos prestado atención. Y eso que la zona tiene barrancos de interés, como por ejemplo Ruzand, Infernet, y por supuesto, el Ecouges.

Así pues, el Vercors merecía su oportunidad, y llegaba la hora de comprobar los motivos por los que el Ecouges es uno de los descensos más clásicos y famosos de Francia. No nos defraudó.

El barranco tiene dos partes completamente diferentes. Bueno, en realidad tiene tres... pero la tercera y última está prohibida, supongo que por acoger captaciones de agua o alguna instalación hidroeléctrica. Las dos partes "bajables" están separadas por la carretera de acceso a la parte alta, de manera que podemos valorar el caudal mucho antes de ponernos el neopreno.





Tramo I

Es el tramo más deportivo y técnico del descenso. El río enseguida se engorga y se encierra entre altas paredes, formando una sucesión de cascadas bastante serias en caso de caudal alto. No fue nuestro caso, ya que en el mes de agosto el barranco se encuentra en pleno estiaje, a pesar de lo que en alguna foto pueda parecer. Los rápeles se suceden uno tras otro formando una empinada escalera de roca. No es para principiantes, pero es un descenso muy concurrido: aún siendo lunes, nos tocó hacer cola en algún que otro rápel, y en la cascada final tuvimos que optar por la tirada de la izquierda orográfica, la más alejada del agua, para no perder más tiempo.



reunión del primer rápel de 25, con pasamanos de cable
al final del rápel nos aguarda un sifón bajo los bloques


otro rápel de 25 metros: recepción complicada con agua
este tramo es sostenido, estético y vertical


encuentro entre dos batracios en una poza del Ecouges

reuniones altas y expuestas, a salvo de crecidas
a pesar del caudal normal, disfrutamos de lo lindo


otro rápel de 25 m, el tercero del tramo
la gran cascada final, por la izquierda orográfica



Tramo II

Si el primer tramo es vertical, técnico y cerrado, el segundo es todo lo contrario. Tras el puente de la carretera, bajaremos de nuevo al río y lo que allí encontraremos será un río algo abierto al principio y poco encajado después, rodeado de bosque y con un desarrollo más horizontal. Si la primera parte pone la seriedad, ésta se encarga de aportar la diversión. Superados un par de rápeles y esa zona abierta que mencionaba, los toboganes y los saltos empiezan a sucederse en un escenario mucho más apto para todos los públicos.


rápel de 25 metros, parcialmente volado, en una zona completamente abierta al principio del tramo

uno de tantos saltos
el tronco no molesta en este tobogán


al final del tramo, el ambiente se vuelve más encajado...
...y encontraremos cascadas que no admiten el salto


El hecho de que ambos tramos sean tan diferentes hace que su combinación sea obligada. De esta manera, el Ecouges se convierte en un descenso perfecto, completo, aunando técnica, deportividad, verticalidad y diversión en un mínimo de cinco horas en total.




Datos de interés

Fecha del descenso: 17 de agosto de 2015

Cotación: v5 a4 IV

Acceso desde: Saint Gervais (Isère, Francia)

Combinación de coches: sí para el descenso integral

Aproximación: Por la carretera D1532, accederemos a la población de Saint Gervais, lo cruzaremos y seguiremos ascendiendo por una estrecha carretera asfaltada. Dejaremos atrás diferentes desvíos, siguiendo siempre por la principal (Route des Ecouges, carretera D35), y llegaremos al puente que cruza nuestro barranco, muy evidente. Para la integral, aparcaremos un primer vehículo poco antes del puente y con el segundo seguiremos carretera arriba. Pasaremos un túnel, haremos una curva y en un desvío a la izquierda encontraremos un aparcamiento con caseta de información. El acceso al barranco, desde aquí, es inmediato.

Descenso: 3 a 5 h para el tramo I; 2 h 30 min para el tramo II

Retorno: El primer tramo finaliza justo delante del puente y la carretera. Del segundo, tras el último rápel recorreremos cincuenta metros y tomaremos un sendero a la derecha, que nos devolverá a la carretera y al primer vehículo en unos 45 minutos. Ignorad el sendero que parte por la orilla izquierda, sólo conduce a una instalación hidroeléctrica (damos fe).

Rápel más largo: 60 m en el tramo I, 25 metros en el tramo II

Material: cuerdas 2 x 60 m (2 x 30 m si solo bajamos el tramo II), neopreno completo

Lo mejor: descenso muy completo, lo tiene todo

Lo peor: muy frecuentado

Valoración personal (de 0 a 4): 3,4 para el descenso integral



Fotografías: Bernat Castells, Xavi Guerrero 

viernes, 4 de septiembre de 2015

TRES JUGUETES DEL VERCORS


Durante estos últimos años, el rats team -el grupo de amigos barranquistas habituales del que formo parte- ha buscado, un verano tras otro, una zona en los Alpes en la que pasar diez o quince días bajando barrancos. Después de haber recorrido Alpes Marítimos, Ticino, Lombardía, Ossola, Córcega, etc., el año pasado nos fijamos en el macizo italiano de Dolomitas, en las montañas más orientales del país transalpino. No tuvimos suerte, el tiempo fue realmente nefasto y apenas bajamos tres barrancos allí. Por ello, a la hora de reunirnos para escoger el destino de 2015, el debate fue breve y la elección, fácil y rápida: Dolomitas otra vez. Merecía la pena un segundo intento, pero en el primero habíamos aprendido algo: los mil cuatrocientos kilómetros que separan Barcelona de Belluno son muchos para hacerlos del tirón. Por ello, esta vez decidimos que aunque iríamos directos a Dolomitas, la vuelta sería escalonada, parando unos días en otro destino barranquista. Para esa escala escogimos el macizo francés del Vercors, cercano a Grenoble y conocido por descensos tan clásicos e imprescindibles como el Ecouges.

pasamanos en un rápel del Infernet
Acerca de Dolomitas y sus barrancos intentaré escribir en profundidad en próximas entradas, de manera que, por una vez, empezaré el relato de mi último viaje por el final.

Así pues, después de haber estado una semana larga en Dolomitas, bajando todo lo que quisimos bajo un sol espléndido -ya os lo explicaré-, montamos en la furgoneta y nos trasladamos al Vercors. Una vez establecidos, y después de tomarnos un día de descanso, dedicamos tres jornadas a la actividad, en las que hicimos cuatro barrancos y, sin que sirva de precedente, una cueva. Al cuarto día, levantamos el campamento y pusimos rumbo a casa, no sin antes hacer una parada en los Alpes de la Alta Provenza para descender La Blache.

- Día 1: Ecouges, tramos I y II
- Día 2: Versoud Inferior y Grotte de Gournier
- Día 3: Furon Superior e Infernet
- Día 4: La Blache


De Ecouges y La Blache hay suficientes cosas que contar, y por ello tendrán su entrada propia en este blog. Los otros tres descensos son pequeños juguetes, lo bastante cortos y sencillos como para fusionarlos en un solo artículo, y por tanto, os dejo los datos básicos de cada uno a continuación. Si os parecen interesantes, más abajo encontraréis la información necesaria para pasar unos días en este rincón de los Alpes franceses.

Espero que os sea útil.


Canyon du Furon Superior (Furon Express) 

Barranco corto y técnicamente sencillo, apto para la iniciación por ello y por tener de todo: rápeles -de hasta 11 metros-, saltos, badinas que nadar, paredes altas y estrechas -sobre todo en su parte final- y agua verde esmeralda. En medio tiene un pequeño tramo de caminata por cauce relativamente abierto, que no llega a hacerse pesado aunque rompe la continuidad. Perfecto para combinar.

Cotación: v3a3II

rápel cruzando vena, más fotogénico que problemático
Acceso desde: Sassenage (Isère, Francia)

Combinación de coches: en teoría, no

Aproximación: Desde Sassenage, tomaremos la carretera D531 en ascenso, en dirección a Lans en Vercors. Dejaremos el coche en un aparcamiento a la izquierda de la vía, señalizado con un panel indicador referente al descenso. Desde allí, retrocederemos a pie siguiendo las indicaciones, y bajaremos al puente en el que comienza el barranco. 5 minutos

Descenso: 2 h

Retorno: Al final del descenso, y en el mismo cauce, encontraremos la vía ferrata que nos sacará a un sendero. Remontándolo hacia la derecha, volveremos al aparcamiento en unos 40 minutos. Este es el retorno que debe hacerse, pero a pesar de ello, en la práctica todo el mundo sale unos metros más abajo, por un sendero que, por la izquierda, nos saca del cauce en cuanto éste se abre, y que en apenas 10 minutos sale a la carretera, justo a una amplia curva de 180 grados con mucho espacio para aparcar. Ese sendero no pasa por ninguna casa ni cruza ninguna cerca, pero atraviesa una finca particular y su uso está prohibido. La ley es dura, pero es la ley.

Rápel más largo: 11 m

Material: Cuerda de 25 m, neopreno completo.

Lo mejor: completo y bonito

Lo peor: muy corto, posibilidad de aglomeraciones (empresas)

 
primer encajamiento, nada más empezar
el último rápel, un bonito aunque breve volado


 
Le Versoud Inferior 

Breve y lúdico descenso, con rápeles, saltos y algún que otro tobogán, todo ello en un ambiente encajado. El ambiente y la actividad es corta, aunque sostenida. Los rápeles más altos -15 metros- son saltables. 

Cotación: v3a3II

Acceso desde: La Rivière, Saint Quentin (Isère, Francia) 

Combinación de coches: no

Aproximación: Algo intuitiva. Desde La Rivière, entraremos en el pequeño núcleo de Lignet. Entre sus cuatro casas, sale una corta pista, de apenas 100 metros, que acaba junto a un establo o granero en ruinas. Aparcaremos ahí, y tomaremos un sendero que asciende rápidamente y que en diez o quince minutos conduce a la pequeña presa en la que empieza el barranco. Antes, al principio de la aproximación, podemos desviarnos brevemente a la derecha para evaluar el caudal desde un puente.

Descenso: 1h 30 minutos, menos si saltamos mucho.

Retorno: Por la derecha, un sendero claro nos devolverá al aparcamiento, pasando por detrás del edificio en ruinas. Inmediato.

Rápel más largo: 15 metros

Material: Cuerda de 30 metros, neopreno completo

Lo mejor: divertido, acceso y retorno inmediatos

Lo peor: muy frecuentado por las empresas de aventura, con lo que ello supone (gente, colas)

el rápel más alto del descenso es saltable
un guía francés, impresionando a sus clientes



Canyon de l'Infernet

De estos tres juguetes, el Infernet es sin duda el mejor. Un rápel de 28 metros, nada más empezar, conduce al fondo de un cañón estrecho, sombrío, muy bien formado, bello y de gran ambiente. Tiene varios rápeles, tramos de nado y algún togobán. Es menos juguetón que los otros dos reseñados, pero los supera, y con nota. Si aquellos pueden incluso ser prescindibles, éste es de visita obligada.  

el rápel de 28, una magnífica entrada a las profundidades
Cotación: v5a4II

Acceso desde: Quaix en Chartreuse (Isère, Francia)

Combinación de coches: no

Aproximación: Desde la localidad de Saint Egrève, cercana a Grenoble, tomaremos la carretera D105A en dirección a Quaix en Chartreuse. A punto de entrar en esta población, ignoraremos un desvío a la izquierda en dirección a Proveyzieux y cien metros más allá, justo después de la entrada a una casa, encontraremos a la izquierda un hueco apto para aparcar dos coches. Dejaremos aquí el vehículo, y tomaremos a pie la pista que sale a escasos metros y que pasa junto a una granja. Más adelante nos desviaremos a la izquierda, y tomaremos un sendero menos trazado que baja fuertemente por el bosque y conduce a la entrada del descenso. En ese desvío, el camino que viene de frente es el del retorno. 15 minutos.

Descenso: 1 hora

Retorno: Una vez acaba el descenso y el cañón se abre, por la derecha tomaremos un sendero sin pérdida que sube sin pausa hasta el desvío mencionado en la aproximación, y de allí al aparcamiento. 25 minutos.

Rápel más largo: 28 metros

Material: Cuerdas 2 x 30 metros, neopreno completo

Lo mejor: ambiente y encajamiento soberbios

Lo peor: algunos rápeles equipados con cuerdas fijas


tras el primer rápel, el barranco es muy sombrío
más adelante, algunos pasos son exuberantes




Sobre Vercors


¿Cómo ir?

De Barcelona a Pont en Royans, por ejemplo, hay unos 580 kilómetros. La zona está bien comunicada mediante autopista y carreteras principales, por lo que el viaje en coche es una buena opción. Eso sí, contad con gastar unos cincuenta euros en peajes... En total, peajes y gasolina os puede salir por unos cien euros el trayecto. Una vez allí, el coste del combustible diesel es practicamente el mismo que en España en estos momentos (agosto de 2015).


¿Qué descender?

uno de los rápeles del Ecouges (tramo I)
Ya hemos visto los tres juguetes reseñados arriba, pero Vercors es bastante más. La estrella imprescindible de la zona es el barranco de Ecouges, dividido en dos partes: una superior, más técnica y vertical, y una inferior, más sencilla y lúdica. Además, hay otros descensos con buenas valoraciones en general, como el Ruzand o el Ruisant, en este caso grandes verticales. En cualquier caso, con lo que conozco me atrevería a decir que, para el barranquista clásico, que busca cañones con un cierto desarrollo, encajados y con agua, la zona en su conjunto presenta un interés medio. Si nos gustan las grandes verticales, en la zona y en sus alrededores encontraremos unas cuantas interesantes. Si lo que buscamos es una alta concentración de barrancos buenos y de una cierta entidad, ya puestos a hacer kilómetros es mejor desplazarse más al este, y emigrar a tierras suizas o italianas: lo bueno, en el Vercors, se acaba rápido.




¿Dónde dormir?

A lo largo de la carretera que recorre el oeste del macizo del Vercors, entre Grenoble y Pont en Royans, podemos encontrar varios campings. Algunos, como el Camping La Thullière (La Rivière), son poco más que un prado con un baño y una ducha (aprox. 6 € pers./día), mientras que en Pont en Royans hay un camping municipal más grande y aparentemente con mejores servicios. Nosotros optamos por el Camping du Chateau, en Beauvoir en Royans: pequeño, tranquilo y limpio, bien situado respecto a los barrancos de la zona, con buenas vistas sobre el valle y las ruinas de un castillo, y barato (aprox. 5 € pers./día). Lo recomiendo. 
 

las ruinas del castillo de Beauvoir en Royans, justo al lado del camping

¿Cuándo ir?

Buena pregunta. En abril. Ruzand, Versoud o Furon ya llevan caudal normal, pero otros barrancos siguen imposibles. Podemos plantearnos viajar a la zona a partir de finales de mayo o principios de junio, teniendo siempre en cuenta que en esas fechas descensos como Infernet o Ecouges casi seguro podrán hacerse, aunque muy posiblemente con caudal alto. Durante nuestro viaje (mediados de agosto), encontramos todos los descensos con caudal normal, agua corriente y pozas llenas y limpias.


Otros datos útiles

En el pueblo de La Rivière encontraréis una pequeña pero bien provista tienda de barranquismo: Aquatik Canyon. Reparan neoprenos, tienen a la venta gran cantidad de material específico (trajes secos incluídos) y un buen surtido de libros y guías de barrancos. Allí puede comprarse el libro 100 descentes de canyon autour de Grenoble, de Arnaud Astier. La obra es de este mismo año, y recoge todos los barrancos mencionados y muchos, muchos más, con una edición cuidada y completa.



miércoles, 4 de diciembre de 2013

ECRINS VIDEO EXPRESS


Un mes después de ponerme el traje de neopreno por última vez, ya vuelvo a sentir dentro de mí esa inquietud, esa desazón, ese mono. He tenido ideas y propuestas, pero el trabajo, el maldito trabajo, no me ha dejado aprovecharlas. Los barrancos del estilo del último viaje son trenes que pasan pocas veces al año, y si no estás a tiempo en la estación, los pierdes. Habrá que esperar.





sábado, 9 de noviembre de 2013

VALLON DES ÉTAGES


19 de octubre. Después de habernos anotado el cañón de La Meije el día anterior, la idea era entrar en el vallon des Etages para atacar al día siguiente el Oules de Freissinières y cerrar el viaje allí. Finalmente, digamos que las cosas no salieron exactamente como estaban previstas.

El Etages es el último de los descensos del valle de Vénéon. Excavado en granito blanco y de una estética similar a la de los cañones suizos de Ticino, este barranco glaciar es difícil de encontrar en buenas condiciones de caudal, como el resto de sus vecinos. Por acusado que sea el estiaje, el volumen de agua que debe gestionarse es siempre muy elevado, con venas potentes y fuertes movimientos. Estrecho y bien formado, las dificultades empiezan nada más entrar en él aunque, a diferencia de La Meije, el encajamiento no es contínuo y algunas breves zonas abiertas dan un respiro e incluso escapes por los que abandonar si es necesario. Es, sin duda, uno de los imprescindibles del macizo de Écrins.

Nada más empezar, tras unos resaltes aparece el primer paso serio del descenso. Un plano inclinado conduce a una poza muy cerrada con un potente remolino que, sin embargo, puede esquivarse mediante un pasamanos recuperable por la derecha. Tras él, el barranco se encaja y los rápeles se suceden por zonas pulidas y estrechas, siempre regadas por abundantes cantidades de agua y con el rugido furioso del caudal como banda sonora.

zona muy encajada, al poco de entrar
la poza de recepción no siempre se ve desde arriba


Antes de llegar a la mitad del descenso nos encontraremos con uno de los rincones más estéticos del barranco: un puente de roca que enmarca la entrada a una pequeña zona oscura. Ello, por supuesto, adecuadamente aderezado con un pasillo de acceso bien cargado de agua y una poza de recepción agitada y de salida expuesta.

descendiendo ante el puente de roca
En lo que a nosotros respecta, todo iba perfectamente hasta aquí. Estábamos resolviendo el descenso sin contratiempos y con agilidad. Bajé de primero el rápel que acabo de describir, y me dispuse a ayudar a David en la salida de la poza, ya que bajaba su mochila y debía lanzarme la mía.

- Me he jodido.
- ¿Qué?
- Que me he jodido. Me he hecho mucho daño.
- Pero... ¿qué te ha pasado? ¿Un pie? ¿Te has dado con alguna piedra o algo al saltar?
- No, no... el brazo. No lo puedo levantar.
- ¿Qué?

Le había observado mientras descendía el rápel y mientras saltaba al agua, y no había visto nada raro, ningún golpe, ningún mal gesto. Y sin embargo, ahí estábamos, con David dolorido y practicamente incapaz de mover su brazo derecho... pero el sitio era malo, y había que moverse. Le ayudamos a llegar a la siguiente reunión y montamos en ella el rápel correspondiente, fácil, corto y en seco. David se vió capaz y bajó sin ayuda rapelando con su mano izquierda. Sin embargo, todavía estábamos en remojo y en una zona demasiado encajada. El siguiente rápel estaba a continuación, evitaba el agua y tenía una recepción tranquila y amplia, así que decidimos bajarlo. Al ser de unos diez metros, optamos por descolgar al compañero caído y superar el paso. Ahora sí estábamos fuera del agua, y en una zona lo suficientemente amplia, de modo que nos paramos a evaluar la situación. No sabíamos lo que le pasaba a David, pero desde luego no parecía estar en las mejores condiciones para seguir luchando en un barranco de estas características, y menos con todo lo que nos quedaba por delante. Decidimos pedir ayuda y sacamos nuestros teléfonos de los bidones, pero no conseguimos cobertura y nos fue imposible contactar con emergencias. No nos quedaba más remedio que seguir moviéndonos, y al ser sólo tres, decidimos continuar juntos descendiendo hasta encontrar cobertura o un escape por el que abandonar. Si el último rápel descendido evitaba el agua, el que venía a continuación hacía todo lo contrario: su trayectoria te hacía entrar de lleno en el activo y la recepción era bastante agitada, por lo que escogimos montar un guiado al cuerpo que permitiera descender al compañero alejado del agua y sin peligro. Un destrepe más allá, por fin llegamos a una zona más abierta en la que tras una pequeña trepada, se observaba una pendiente herbosa que parecía permitir el escape. Subí a comprobarlo, y al ver que daba a terreno abierto y accesible, monté una cuerda en un árbol con la que asegurar a David y ayudarle a subir y abandonamos el barranco. En apenas quince o veinte minutos más, estábamos todos a salvo en el aparcamiento.

Mientras nos cambiábamos, todavía nos preguntábamos cómo demonios se lo había hecho, y si era grave lo que tenía. La respuesta a la primera pregunta todavía no la sabemos. La respuesta a la segunda la tuvimos clara en cuanto le quitamos el neopreno y vimos el bulto en su hombro derecho. Un rato después, los médicos de urgencias de un hospital de Grenoble atendían el hombro dislocado de David y lo devolvían a su sitio natural. Otra batallita que contar, y como siempre, de acuerdo con nuestra máxima: ¡Semper fidelis!


nuestro último rápel antes de abandonar
Datos de interés

Cotación: MD+, v5a5III

Acceso desde: Les Étages (Isère, Francia)

Aproximación:  Desde le Bourg d'Oisans, saldremos en dirección a Briançon y posteriormente nos desviaremos por la carretera D530 en dirección a Venosc y Saint-Christophe. Superaremos ambas y llegaremos al pueblo de Les Etages; en teoría debemos aparcar justo pasado el núcleo, pero nosotros lo hicimos en la entrada. Sea como sea, buscaremos un puente que cruza el río Vénéon justo frente a nuestro cañón, a la vista y muy evidente, y al otro lado tomaremos un sendero circular, señalizado "vallón des Étages", que conduce al puente de madera en el que se inicia el descenso en unos 30 minutos. Aunque podemos seguir el sendero de acceso tanto por la derecha como por la izquierda orográfica del descenso, las reseñas recomiendan esta última.

Descenso: 4 h aprox. según grupo y caudal

Retorno: Llegados a las ruinas de una presa, saldremos por la derecha a un sendero que nos devolverá al pueblo. 5 minutos

Material: 2 x 20 m, material de instalación de repuesto

martes, 29 de octubre de 2013

CANYON DU DIABLE


17 de octubre. Eran las nueve de la mañana cuando entramos en le Bourg d'Oisans (Hautes Alpes, Francia), siguiendo la carretera que parte de Grenoble. Como muchas otras poblaciones de alta montaña en estas fechas, la ciudad parecía adormecida, aletargada, superando la resaca de la temporada estival mientras esperaba la llegada del invierno, la nieve y los esquiadores. Muchos comercios estaban cerrados y faltaba vida en las calles, aunque esto último no debía extrañarme: al fin y al cabo, estábamos en Francia... En esta época de impasse, y con el maletero de nuestro coche lleno de petates, cuerdas, cascos y otros trastos de barrancos de colores chillones, atravesamos casi furtivos unas poblaciones llenas de referencias al esquí, por una parte, y al ciclismo por otra.

El plan previsto para nuestro primer día en la zona era el Canyon du Diable (v5a5IV), que nos debía servir para tomarle la medida a los caudales de la zona. Al pasar con el coche por el puente que parte en dos el descenso, nos pareció que el volumen de agua que corría por él era muy asequible, y así fue: acabamos recorriendo el barranco en el tiempo previsto por las reseñas, y sin problema alguno.

Sobre el barranco en sí, he de decir que nos gustó. El granito favorece la formación de barrancos encajados y pulidos, y el agua ha hecho un bonito trabajo aquí, creando un recorrido sinuoso y de mucha continuidad. Con el caudal que encontramos no tuvimos problemas, pero observamos unos cuantos pasos estrechos que pueden complicarse bastante con un caudal mayor. Por otro lado, muchas reseñas avisan del mal estado del equipamiento: sin embargo nosotros lo encontramos, en líneas generales, de calidad -químicos y parabolts- y en buen estado. Aún así, viendo los volúmenes de agua a los que llegan a estar sometidos los descensos de esta zona -en este caso, por tener una presa en cabecera- no está de más ser precavidos y llevar material de repuesto.

Como tantos otros, este descenso puede dividirse en dos partes: la primera va desde el inicio hasta un molino, zona en la que puede escaparse si el caudal es excesivo; y la segunda desde aquel y hasta desembocar en el río Venéon.


primer rápel del descenso, bajo el puente
el granito y sus vetas, en los primeros pasos


estrechez y sinuosidad
abundan los rápeles cortos de pozas poco profundas


destrepe delicado, sin instalación
en su recorrido, el agua aprovecha grietas y fallas

otro rápel corto, más aparente desde arriba...
...que desde abajo: sin problema alguno


Una vez en el molino, tenemos una última oportunidad de abandonar. Tras ella entraremos en el segundo tramo y encontraremos un breve tramo vertical, con tres rápeles encadenados de los que no debemos fiarnos: una placa recuerda la muerte de un barranquista en este punto en el año 2000.


el molino, punto de escape
rápel de 20 metros, al inicio de la segunda parte

El resto del tramo lo forman algunas secciones encajadas y estrechas, y de nuevo tres rápeles encadenados, en una zona más caótica.

la segunda parte tiene tramos muy engorgados y con gran ambiente


 En esta última parte nos pareció encontrar un caudal superior al inicial.

bonito embudo en caso de caudal alto...
atacando la tirada final de rápeles


penúltimo rápel
la emoción, al final




Pocos metros antes de llegar al río Venéon, por la izquierda sale el sendero de retorno. De nuevo en Saint Christophe en Oisans, mientras Carrasco se sacrificaba y subía a pie a buscar el coche, David y yo entramos en calor con un café con leche en el pintoresco hotel de la foto, regentado por una señora y su legión de gatos.



Datos de interés

Acceso desde: Saint Christophe en Oisans (Isère, Francia)

Cuerdas: 2 x 30 m (rápel más largo, 22 m)

Aproximación: con combinación de coches, inmediata

Descenso: de 4 a 5 h según caudal

Retorno: inmediato con combinación de coches

Combinación de coches: Aunque posible, no es necesaria. En caso de tener un sólo vehículo, puede dejarse en el pueblo y caminar unos treinta minutos de acceso y otros tantos de retorno.


viernes, 25 de octubre de 2013

ÉCRINS EXPRESS 2


Love will tear us apart. Suena el bajo y el malogrado Ian Curtis empieza a entonar las primeras frases de su himno al desamor mientras entro en mi pueblo por la puerta de atrás. Hace frío, las calles están desiertas y mi estómago me transmite esa sensación de vacío propia de la vuelta a la rutina después de haber hecho algo que te llena, que te hace sentir vivo. He conducido más de la mitad del viaje bajo la lluvia, y eso no hace más que aumentar mi sensación de pérdida. Dejo atrás tres días de experiencias y sensaciones en los Alpes franceses, a donde he viajado con dos amigos, David y Carrasco, para descender algunos de los cañones más reputados y terribles de Europa. Esto engancha. Me gustaría seguir allí, pero no puede ser.


Ambiente fascinante al salir del canyon du Diable


El imponente glaciar de la Meije
Si el año pasado viajamos a L'Argentière para descender Freissinières, Chichin, Oules de Diable y Pra Reboul, este decidimos visitar le Bourg d'Oisans para seguir nuestra búsqueda de caudales cada vez mayores. En una época en la que la mayoría de la gente ya ha guardado el neopreno en el armario y se dedica a otros menesteres, nosotros nos dejamos fascinar por los glaciares alpinos y nos sumergimos en las gélidas aguas que descienden directamente desde ellos a pesar de las bajas temperaturas, o precisamente gracias a ellas. El resumen de nuestro nuevo viaje express a los Écrins es este:



Jueves, 17 de octubre. Llegamos a la zona a media mañana y, siguiendo el plan previsto, empezamos por el Canyon du Diable (v5a5IV), a priori el más fácil de los escogidos para la ocasión. Tan frío como bonito, presentaba unas condiciones de caudal bastante asequibles que no dieron ningún problema y nos sirvieron de toma de contacto. De vuelta visitamos el final de las cascadas de Lânchatra (v5a5III), mucho más técnicas y que no nos parecieron viables, aunque no las conocemos.

Emoción en el Diable
Cascadas finales del Lânchatra: ¿viables?



Viernes, 18 de octubre. A primerísima hora nos plantamos en la salida del cañón de la Meije (MD+, v5a5V). Viendo la última cascada, la información de la que disponíamos indicaba que el caudal era "normal", por lo que caminamos los veinte minutos que nos separaban del inicio del descenso y nos anotamos uno de los barrancos más hardcore, en palabras de David, que hemos hecho hasta la fecha. De su vecino, el canyon du Ga (v6a5IV), nos limitamos a admirar su gran cascada final, ya que no entraba en nuestros planes.

Contentos en el final de la Meije
Vertical final, de 130 metros, del canyon du Ga



Sábado, 19 de octubre. En vista de los caudales de la zona, estábamos decididos a seguir con la lista de barrancos extremos bajando el vallon des Étages (MD+, v5a5III). Éste lo hacíamos a vista, así que asumíamos un compromiso mayor. Bajamos la primera mitad sin novedad hasta que saliendo de una poza, de forma incomprensible, David se dislocó un hombro. Tres rápeles más abajo, escapamos antes de que el tema fuera a mayores e invertimos el resto de la tarde entre el hospital y el McDonald's de Grenoble.

Granito blanco y magnífico ambiente
Un último rápel antes de abandonar

 
Domingo, 20 de octubre. Con uno de los tres miembros del equipo fuera de juego, ya habíamos descartado bajar cualquier otra cosa, pero es que además amaneció lloviendo. Después de hacer un café y un croissant, como mandan los cánones, nos montamos en el coche y condujimos bajo un fuerte aguacero hacia casa, dando por finalizado un viaje que, sin duda alguna, tendrá continuidad en futuras ediciones.

Una de las muchas cascadas que caen por todas partes. ¿Abierta?



 
"Persigo la felicidad. Y la montaña responde a mi búsqueda."
                                                                                                        Chantal Maudit


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