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sábado, 6 de mayo de 2017

BARRANCO OS COCHÁS Y MASCÚN INFERIOR


Con Guara tengo, desde hace tiempo, una profunda relación amor-odio. Amor, porque es uno de los primeros lugares en los que barranqueé, por esa gran concentración de descensos de calidad, por los buenos momentos vividos en sus gargantas y por la belleza de sus rincones. Odio, por la masificación, por ese estiaje que convierte sus barrancos en secarrales y por los robos que regularmente azotan los aparcamientos menos concurridos.

El lado oscuro se impuso al más amable de forma temprana, y por ello no he llegado a pisar muchos de los clásicos de la zona. Aunque parezca imperdonable, no he bajado el Vero, ni la Peonera. Y tampoco tengo fecha prevista para hacerlo, la verdad: lo siento, es algo personal. Sin embargo, de vez en cuando surge alguna propuesta lo suficientemente interesante como para olvidar por un rato la manía que le tengo a Guara, y como para coger los trastos, cargar la furgoneta y poner rumbo a Alquézar o a Rodellar.

La idea era, en esta ocasión, bajar el barranco de Os Cochás. En el fondo, eso no es más que una de las diferentes maneras que existen de bajar el Mascún (un clásico que sí he bajado, y varias veces). Tiene el inconveniente de saltarse las primeras cascadas del cauce principal, pero también la ventaja de desembocar en él, como dice Enrique Salamero en su biblia Sierras de piedra y agua, "de la mejor manera posible y en su sector más grandioso".

Y allá que fuimos.


Barranco Os Cochás

El descenso se inicia de una forma nada especial, en terreno excavado aunque vestido. Un primer rápel, aéreo y estéticamente muy guarero, da paso a un tramo vestido y a un par de rápeles de escaso interés.


el primer rápel, de 25 metros
tramo abierto en el tercer rápel, de pocos metros

Sin embargo, a partir del cuarto rápel el barranco se encaja y empieza a mostrarse interesante. A través de él se accede a unos pasillos y, finalmente, a la tirada que conduce a la gran vertical sobre el Mascún. El encajamiento en los últimos metros es muy bueno, y un bloque enpotrado crea incluso la sensación de estar adentrándote en las profundidades de la montaña.

el rápel de 20 m que da entrada a la zona estrecha...
...y la entrada a la vertical final (R 15m)

Eso es cierto y, al mismo tiempo, no lo es. El pequeño tajo que estamos recorriendo llega a su final, pero para precipitarse en otro mucho más largo y profundo: el Mascún. Es hora de afrontar un rápel de cuarenta metros ligeramente inclinado que se asoma al abismo, y que requiere un péndulo final para acceder a la última reunión de este afluente. En realidad este no plantea problemas, porque la roca agarra y la distancia es escasa. Basta con rapelar desplazándonos hacia la derecha para alcanzar la reunión sin problemas. Una vez en ella, sólo hay que tener en cuenta que en la instalación no caben más de tres personas. Las vistas del Mascún desde este privilegiado balcón son impresionantes.

salida al vacío: primer rápel de 40
un último R 40m nos dejará en el fondo del abismo

 
Barranco de Mascún Inferior

Descendiendo por nuestro particular hilo de araña nos posamos en un tramo llano del Mascún, justo antes de un largo pasillo y la entrada al Pozo Negro.

nadando nuestros primeros metros en el Mascún
Añadir leyenda

El pasillo -más bien una calle- da paso a un primer rápel de apenas cinco metros. Es la antesala del Pozo Negro, en el que encontraremos unos bloques sifonados desde los que descender con cuerda hasta una poza oscura y algo angosta que da nombre al paso. Estamos en pleno corazón del barranco de Mascún, una zona estrecha y sin escape posible en la que debe prestarse atención en caso de caudal elevado. Esos bloques sifonados, justamente, nos dieron un susto al tragarse a uno de los miembros de nuestro grupo en un descuido. La corriente lanzó al compañero cascada abajo hasta el pozo, y aunque volvió a casa bastante magullado y dolorido, pudo acabar el barranco por su propio pie y sin lesiones que lamentar. Hubo suerte.


un pequeño rápel, antesala del pozo negro
recogiendo cuerda en lo más estrecho del Mascún


pasamanos y rápel que dan salida al pozo negro
la última poza de esta galería, con fuerte caudal


si el barranco ya es bello, con caudal es espectacular
rápel corto que nos saca de la zona estrecha


gestionando los últimos pasillos estrechos
Después del Pozo Negro, hay que encadenar tres rápeles cortos, de hasta cinco metros, para salir de los oscuros y alcanzar unos nuevos estrechos, esta vez de recorrido horizontal. Tras ellos, el escenario vuelve a ser el de un cañón sinuoso y de altas paredes, en el que se progresa disfrutando del entorno sin otra dificultad que un último rápel opcional de seis metros. Si se nos hace largo, podremos evitar algunos pasos y caos por senderos alternativos. De esta forma aceleraremos el paso para llegar al ensanchamiento definitivo del cauce, en el que daremos por finalizado el descenso e iniciaremos el retorno.

Sin duda, una actividad completa por esfuerzo y contenido. Como decía aquel, "a programar sin dudar" para todos aquellos que ya han bajado el Mascún y buscan repetirlo añadiéndole alguna novedad.




Datos de interés

Fecha del descenso: 1 de abril de 2017

Dificultad: Os Cochás v4 a1 III; Mascún v4 a4 III

Acceso desde: Rodellar (Sierra de Guara, Huesca)

Aproximación: Aparcaremos a la entrada de Rodellar, cruzaremos el pueblo y junto a las últimas casas, ya con el río a la vista, bajaremos por la derecha para cruzarlo y saltar al pequeño barrio que hay al otro lado. Una vez allí, tomaremos a mano derecha el antiguo camino de Cheto. Al llegar a esa pequeña aldea seguiremos camino arriba, en direcció a Pozo Nieve y Bagüeste. Bajaremos una vaguada y al otro lado, tras un collado, remontaremos el barranco de la Virgen por su izquierda orográfica. Más adelante, el camino cruza el cauce y sube fuertemente. Sin dejar el camino, llegaremos a un pedregal. Ojo aquí: tendremos que seguir las indicaciones a Letosa y descender unos metros por ese pedregal para encontrar el camino correcto. Por él, cruzaremos el cauce del Fornazos y finalmente llegaremos a una bifurcación, ya justo delante de nuestro barranco. Aunque tiente seguir el ramal de la izquierda, el de la derecha conduce de forma mucho más cómoda al cauce, completamente seco y algo vestido en sus inicios. Progresaremos un centenar de metros y llegaremos a las primeras dificultades. Tiempo aproximado, 2h 40min.

el famoso delfín, en la recta final del retorno
Descenso: Unas 3 horas para Os Cochás, más 1 hora en los estrechos de Otín.

Retorno: Una vez finalizadas todas las dificultades, progresaremos río abajo por un sendero que cruza una y otra vez el cauce. Ya cerca del pueblo, saldremos definitivamente de aquel hacia la izquierda, remontaremos unas gradas y saldremos a las casas desde las que iniciamos la aproximación al descenso. Tiempo: 2 horas aproximadamente.

Rápel más largo: 40 metros

Material: cuerdas 2 x 45m, neopreno completo para el Mascún

Observaciones: Aunque la reunión del primer rápel de Os Cochás no promete nada bueno, el resto del equipamiento está en buen estado en general. Recomendable buscar fechas en las que el caudal del Mascún sea interesante, o al menos, normal. Con caudal alto (nuestro caso), los oscuros del Mascún ganan muchos enteros.

Lo mejor: la vertical final del afluente es una magnífica forma de acceder al Mascún

Lo peor: el primer tramo del Os Cochás no tiene apenas interés

Valoración personal (de 0 a 4): 2,7 para Os Cochás (3,5 para Mascún)


Fotos: David Sánchez, Sergi López, Xavi Guerrero

jueves, 22 de noviembre de 2012

SALTO D'O CIEGO


Guara. La última vez que estuve allí, hace año y medio, nos abrieron el coche y nos robaron las mochilas con la ropa seca. Aquel día, a mí me robaron también las ganas de volver a una zona que, aparte de las cerraduras forzadas y los cristales rotos, en plena temporada también padece una gran masificación. Todavía recuerdo un domingo de abril en que, en la cabecera del Mascún, nos encontramos sesenta personas -¡sesenta!- haciendo cola en el Saltador de las Lañas...

Sin embargo, tarde o temprano vuelves al lugar del crimen. En plena temporada baja, y a pesar de las lluvias, pasamos en la sierra este último fin de semana. La lluvia sólo nos dio tregua el domingo, y decidimos aprovecharlo haciendo un barranco. La zona escogida fue Vadiello, y el atípico descenso escogido, el Salto d'o Ciego (v5a1II), parte superior de la conocida Canal del Palomo: una gran vertical de 170 metros de desnivel y tan sólo 80 metros de longitud, en conglomerado y sin agua, abierta en octubre de 2009 y en la que hay instalados un total de siete rápeles de hasta 41 metros. El descenso es diferente, y para alguno de mis amigos, ni siquiera debería considerarse un barranco. Sin embargo, tiene unas vistas magníficas y es perfecto para disfrutar del vértigo. Diría que es apto sólo para amantes de lo extremadamente vertical.


Grandes vistas al alcanzar la cresta durante la aproximación
Aproximación: Desde el pueblo de Loporzano, próximo a Huesca, tomaremos la carretera HU-330 que lleva al embalse de Vadiello. Pasaremos los desvíos a Castilsabás y Santa Eulalia la Mayor, y nos adentraremos en el congosto que forma el río Guatizalema. Después del refugio de Peña Guara, en una curva a la derecha y tras pasar un puente, veremos una pequeño aparcamiento, donde dejaremos el coche. Desde aquí sale un sendero ascendente por la derecha. Seguiremos por él, ignoraremos un primer desvío a la izquierda (que luego será nuestro retorno) y llegaremos a la cresta, donde enlazaremos con un sendero mucho más marcado y seguiremos hacia la izquierda. El camino conduce a una canal por la que llegaremos, trepando en algunas ocasiones, hasta lo alto de los mallos. Una vez fuera de la canal, la vegetación se despeja. Cuando veamos a nuestra izquierda las montañas del otro lado del valle del Isarre, nos desviaremos hacia ese lado, buscando la vaguada que forma la cabecera de nuestro descenso. Está señalizado con hitos. La reseña marca un tiempo de acceso de una hora, pero nosotros no podemos corroborarlo porque... una vez en lo alto de los mallos, nos desorientamos y caminamos un rato más, hasta darnos cuenta del error.

En esa aproximación puede disfrutarse de las vistas sobre Vadiello, y también de la compañía de muchas, muchísimas cabras, que no siempre salen huyendo a nuestro paso.


Vadiello y la peña de San Cosme, con los barrancos de la Canaleta y de las Cuevas de la Reina

Descenso: Una vez en el inicio del barranco, la vaguada que tenemos delante no aparenta gran cosa, salvo por el patio que se intuye más abajo. Un primer rápel desde un árbol (5m) lleva hasta la reunión del segundo, en una repisa. Desde allí hay que rapelar 15 metros hasta la tercera reunión, esta sí, colgada. Como todas las demás del descenso, está formada únicamente por dos parabolts con chapa y anilla, por lo que en ellas no caben más de dos personas.


Bajando el segundo rápel, camino de la instalación colgada
 
La primera parte es menos aérea, pero ya se intuye el patio que nos espera más abajo

Con el tercer rápel, de 23 metros, se finaliza el primer salto del descenso, de unos 45 metros en total. Antes de continuar puede abandonarse por las fajas de la izquierda, que permiten volver a la parte superior de los mallos y al camino de acceso.

Siguiendo adelante, tras unos destrepes llegamos en seguida al gran circo, la parte más vertical. Está equipada para descenderse en cuatro rápeles de 18, 41, 32 y 36 metros, todos menos el primero con reuniones colgadas. 

Llegados a este punto escuchamos los primeros truenos, de manera que decidimos acelerar el paso y descender el salto en dos tiradas de sesenta y setenta metros aproximadamente, aunque para ello tuviéramos que bajar en simple. Al ser la línea de rápel practicamente rectilínea y sin péndulos, no tuvimos problemas de roces ni de recuperaciones.


Segunda y última tirada, volada y de 70 metros
Saltándonos R5 en busca de R6























  


Recuperando sin problemas
Aquí casi puede verse todo el descenso
























De esta manera, el descenso se nos hizo bastante rápido, y antes de darnos cuenta ya estábamos recuperando las cuerdas al pie del salto. En total, nos llevó aproximadamente una hora y media.

Al principio, el retorno es muy aéreo
Retorno: El descenso puede enlazarse con la Canal del Palomo. Si no lo hacemos, como fue nuestro caso, saldremos por las cornisas de la izquierda, equipadas con cable o línea de vida y algunos clavos. Más adelante, ya en terreno menos aéreo, sólo nos quedará seguir el sendero descendente que vuelve al camino de acceso, y por él al aparcamiento. 30 a 45 min.

Cuerdas: 2x45m para dos personas, prever más cuerdas si el grupo es más numeroso (en las reuniones colgadas sólo caben dos personas).


sábado, 26 de marzo de 2011

BARRANCO DEL FORNOCAL


El pasado miércoles quedé con Edgar y Pepe para descender este barranco de Guara, uno de los clásicos que todavía me quedaban por bajar de la sierra. Y es que es un barranco estético, entretenido y técnicamente sencillo, pero tiene un hándicap: sólo va bien de agua a principio de temporada, cuando el deshielo y las lluvias llenan los acuíferos y hacen correr el agua por todo su cauce. Después, lo normal es encontrar seca al menos la primera mitad del descenso. La última semana había llovido bastante, y decidimos aprovechar la oportunidad.


Aunque se puede hacer con un sólo coche, lo ideal es la combinación de vehículos. Saliendo de Colungo por la A-2205 en dirección norte, dejamos el primer coche junto al puente de Las Gargantas, justo al final de nuestro descenso. Desde ahí seguimos carretera arriba unos kilómetros, y en una curva a la izquierda nos desviamos por una pista a la derecha. Por ella, en unos pocos metros llegamos a una valla que la cierra y al aparcamiento en el que dejamos el segundo coche. Continuamos a pie por la pista, tomamos un primer desvío a la derecha y seguimos hasta llegar al cauce del Fornocal, que discurre plácido entre la vegetación. Paciencia, no tardará en encajarse. La aproximación nos habrá llevado menos de 45 minutos.

Llegados a este punto, comprobamos que habíamos acertado: agua corriente de principio a fin del descenso, y aumentando progresivamente gracias a los afluentes para hacerse bastante interesante en el tramo final, aunque sin llegar a ser nunca aguas vivas.

El descenso puede dividirse en tres tramos. Empezamos por una primera zona estrecha, con algunos rápeles cortos y pasillos inundados. Cuenta con algunos caos y pasos sifonados, muy estéticos.







































































Le sucede un tramo intermedio, encañonado, en el que las paredes se separan, y que lleva al tercer y último estrecho.





































Tras este último estrecho, avanzamos por el río, se acaba la roca caliza y empieza el conglomerado. Pasamos bajo el puente de la carretera, y enseguida tomamos por la derecha la senda que remonta en zig zags y sube a la carretera, junto al aparcamiento.


Hasta aquí todo bien, pero nos faltaba una última sorpresa. La de comprobar que nos habían roto el cristal de una de las ventanas del coche, y nos habían robado las mochilas con la ropa seca. La cara de idiota que se te queda... impagable, vamos. Ya había oído muchas veces que en Guara abren los coches, y había visto cristales en el suelo de más de un aparcamiento. Pues nada: hoy nos ha tocado a nosotros. ¡Malditos bastardos! Id con ojo, y no dejéis nada de valor en el coche.


martes, 27 de julio de 2010

ESTRECHOS DEL GORGONCHÓN

Después de la paliza que habia supuesto el encadenamiento Oscuros + Estrechos del Balcés el día anterior, y teniendo en cuenta que el lunes había que madrugar para ir a trabajar, Manu y yo nos planteamos algo más suave para el domingo. Mientras el resto del grupo se iba al Vero, nosotros quedamos con dos piratas, Edgar y Javier, para bajar el Gorgonchón. Ya teníamos ganas de reunirnos con ellos para meternos en el agua.

A apenas 200 metros del pueblo de Bastaras, siguiendo la carretera A-1230 en dirección a Yaso, encontraremos una pista de tierra a la derecha, junto a unos campos de cultivo, y un aparcamiento señalizado con el cartel correspondiente. Desde él, en apenas diez o quince minutos nos plantaremos en la entrada del barranco.

El descenso consiste en un breve pero interesante pasillo, de una estrechez difícil de igualar, en el que superamos dos cascadas equipadas, un pequeño caos y un sifón. Debe prestarse atención, sobre todo, en la segunda cascada, equipada con un pasamanos para alejarnos del agua y de un agujero oculto que se ha cobrado varias vidas. Todo ello lleva apenas una hora, pero deja muy buen sabor de boca.
Una vez finalizado el descenso, del que saldremos por la izquierda a través de un canal de irrigación, tomaremos un sendero que remonta el barranco de forma evidente por su orilla izquierda.












































A mediodía, como despedida de Guara por esta vez, ya estábamos cerveza en mano en la terraza del albergue de la presa de Bierge, disfrutando de unas vistas muy distintas a las que se observan fuera de temporada...


DESCENSO DEL BALCÉS INFERIOR


El río Isuala o Balcés es uno de esos cursos de agua que acumulan diferentes tramos de interés barranquista a lo largo de su recorrido; en este caso, Balcés superior, Oscuros del Balcés y Estrechos del Balcés. El descenso integral encadenando los tres supone recorrer un total de 25 kilómetros, aunque la mayor parte de éstos es de progresión a pie sin dificultades. Es todo un reto que algunos ya han afrontado; nosotros, sin embargo, no nos planteamos todavía palizas de ese calibre. Este pasado fin de semana, Oscar nos "engañó" a Bego y a mí para bajar la mitad inferior del Isuala, es decir, para encadenar Oscuros y Estrechos del Balcés. Además, nos acompañaron dos amigos suyos, Nico y Jose, para los que éste era su primer descenso de barrancos. Una forma algo dura de iniciarse...

Obviamente, la combinación de coches -o un arriesgado autostop- es imprescindible. El primer vehículo debe quedarse en el punto de salida, el puente de la carretera A-1230 sobre el río Isuala, situado entre Alberuela de la Liena y Bierge. Desde allí, hay que subir con el otro en dirección a Rodellar (ctra. HU-341), y hacer la aproximación normal del Oscuros del Balcés: entre los kilómetros 9 y 10 de la vía, nos desviaremos a la derecha por una pista de tierra, y la seguiremos un par de kilómetros hasta llegar a un claro aparcamiento, con carteles indicativos y postes indicadores a nuestro descenso. Dejando aquí el segundo coche, toca seguir a pie esos indicadores, por un sendero que sigue por la derecha hasta llegar a la cresta y contemplar, bajo nuestros pies, la profunda grieta por la que discurre nuestro barranco. El sendero se interna cañón arriba, hasta llegar a una gran tartera por la que descenderemos, zigzagueando, hasta llegar al río. Una vez en él, debemos avanzar por el cauce hasta que éste se encaje y nos plantee las primeras dificultades.













Estas adoptan la forma de gran caos de rocas. Los primeros bloques pueden sortearse rapelando por la derecha, o como alternativa más interesante, mediante un tobogán y un paso sifonado por la izquierda.















Al poco encontraremos a la derecha un rápel, ésta vez obligado, de unos 7 metros, que nos deja bajo unos bloques. A partir de ahí continamos la progresión a través del caos.



























Las paredes se van estrechando, y llegamos a un pequeño caos oscuro. Éste marca el inicio de una galería estrecha, acuática y muy estética.


















Tras un rápel de unos 6 metros, con instalaciones a izquierda y derecha, las paredes se abren y encontramos un nuevo caos, ya en terreno abierto, y al poco el Tranco As Olas, último estrechamiento y punto final del descenso de los Oscuros del Balcés.
El cauce se abre y por la derecha nace el sendero que nos devuelve al aparcamiento. Sin embargo, ésa no era nuestra idea...



























En lugar de quitarnos los trastos, seguimos caminando río abajo, entrando en los Estrechos del Balcés. Se trata de un tramo de unos ocho kilómetros de longitud y 150 metros de desnivel, labrado en conglomerado, sin rápeles ni resaltes destacables pero de gran interés estético, con alternancia de estrechos y ensanchamientos y un largo y estrecho pasillo central de unos tres kilómetros. El caudal era algo más bajo de lo que nos hubiera gustado y arrastraba más bien poco, así que tocó caminar bastante, además de nadar.






















































En algunos tramos, las telarañas dejaban claro lo poco concurrido que está este descenso.






























Finalmente, una sala abovedada y un pasillo subexcavado constituyen los últimos pasos de un descenso que a mí se me hizo particularmente monótono. El barranco se abre, y tras una serie de giros, llegamos al puente, a la carretera y al coche. Siete horas después y tras recorrer más de nueve kilómetros de río, nos quitábamos el neopreno. Yo acabé muerto...

























...así que tras el esfuerzo, nos merecíamos unas cervezas en Alquézar para reponernos.


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