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martes, 7 de noviembre de 2017

BARRANCO DE SALENQUES


Cuando en 2015 abrimos el barranco de Salenques salí con la sensación de que, a diferencia de otras veces, habíamos descubierto un descenso potente y realmente interesante. Sin embargo, es difícil valorar un barranco que has abierto tú. Primero, por culpa del elemento subjetivo. Ya sabéis, tus hijos siempre son los más guapos. Y segundo, porque no es lo mismo abrir un barranco, con las interrupciones y el tiempo que se pasa taladrando, comprobando, reseñando, etc., que bajarlo, encadenando dificultades de forma dinámica. Por eso, para valorar mejor el barranco necesitaba dos cosas: repetirlo deportivamente, y que mis amigos lo bajaran y opinaran.

A principios de agosto, Frank planteó al resto de amigos hacer su escapada mensual a la Ribagorza para liquidar una de sus cuentas pendientes, el Llauset superior, y de paso bajar también el Salenques. ¡Perfecto! Ahí tenía mi oportunidad de repetir el descenso, de llevar a mis amigos y ¡ah!, también de hacer algún que otro arreglillo.

El barranco ya está descrito y reseñado en detalle en esta otra entrada, y sobre todo en la guía Cañones y barrancos de la Ribagorza, así que no me extenderé. Sí diré que sin darme cuenta y sin pretenderlo lo bajamos casi dos años exactos después del primer intento, y que a pesar de coincidir en las fechas, el caudal era notablemente menor. 2017 ha sido un año muy seco.

admirando los Besiberris durante la aproximación


Después de una hora aproximada de acceso a pie, entramos en el río y afrontamos los resaltes previos al primer rápel. El recorrido no es demasiado limpio, pero el tramo es corto y enseguida se llega a la primera instalación. La vista desde arriba es impresionante, el agua ruge y la espuma lo invade todo. La poza de recepción no se ve, pero sí se intuye el pasillo de salida, igualmente blanco y tumultuoso.

resaltes y troncos en el inicio del descenso

Carrasco bajando el primer rápel
Frank superando el pasillo

Tras el primer rápel, debe salirse del agua por la derecha pasando bajo el tronco empotrado, y acceder a una repisa que, por decirlo así, dobla la esquina. La reunión del segundo rápel está al final de la misma, más baja y expuesta, es cierto. Aquí algunos echarán de menos un pasamanos de acceso, pero ni yo ni el resto de los aperturistas lo hemos necesitado nunca: la roca agarra más de lo que parece y hay buenas presas para las manos.

Oscar en la cabecera del corto tercer rápel
Carrasco en la goulotte, esta vez por la derecha

Superado el pasillo, se llega a la goulotte que en su día equipamos por la izquierda siguiendo una línea muy delicada y expuesta que, desde abajo, estaba claro que no era la mejor. Por eso decidimos aprovechar el descenso para hacer reformas, aunque tenía indicios de que alguien ya se nos había adelantado. Y efectivamente, la línea ya estaba abierta... así, hoy el estrecho puede superarse directamente desde la reunión superior, mediante un rápel de aproximadamente 25 metros -apoyada en un desviador en un arbusto- que baja en diagonal hasta una repisa. Desde ella hay un salto limpio a la poza o, alternativamente, un nuevo rápel desde un árbol situado unos metros más arriba. Esta nueva línea es más segura que la original, aunque si el caudal es lo suficientemente bajo puede rapelarse directamente por dentro desde la reunión de la poza intermedia (línea izquierda).


Frank, bajando el estrecho por la derecha orográfica...
...para luego saltar limpiamente desde la repisa

zona abierta de resaltes tras el estrecho

Después de la goulotte o estrecho, el descenso se abre y se superan algunos resaltes y bloques de menor interés. Aquí se progresa por donde mejor se puede, hasta llegar a un pequeño caos con un gran bloque en el centro. Por su derecha toca hacer un pequeño rápel, y tras él se alcanza enseguida la última y más agitada cascada del descenso. La pared izquierda del cauce ya ha perdido aquí toda su altura, y el camino de aproximación está a pocos metros de donde nos encontramos. Eso facilita el acceso, pero también que los amigos de lo ajeno se acerquen a la última reunión y se la lleven. Esta se encuentra en una posición baja, en un árbol sobre la esquina izquierda del salto de agua. No es demasiado visible, pero por lo visto no está suficientemente escondida: alguien se la había llevado y tuvimos que reponerla. Aún así, en caso de necesidad podríamos rapelar directamente desde el tronco.




el último rápel, el más agitado de todos aunque el menos comprometido: es evitable

El último rápel va por fuera del agua y finaliza sobre unas rocas, por lo que no da ningún problema. La poza, sin embargo, tiene una fuerte línea de cizalla que debemos cruzar en perpendicular. ¡Una buena forma de acabar el descenso!

el rápel, visto desde abajo
la poza final, el último escollo superar

Unas fotos de grupo, un baño en la poza y abandonamos el cauce allí mismo, saliendo por la izquierda al camino. Sin duda es la mejor opción, porque los resaltes que quedan ya no tienen interés. ¡Para qué estropearlo!

Misión cumplida, barranco repetido y casi puede decirse que finiquitado, aunque las reuniones son mejorables (no olvidéis que son monopuntos). Seguro que volveré varias veces. Merece mucho la pena.

¿Qué opinaron mis amigos? Podeis verlo en el blog de titofrank canyoning.


Fotos: Oscar González, Xavi Guerrero

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