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domingo, 5 de febrero de 2012

EXPLORACIONES RIBAGORZANAS


Ramón es un tío muy majo, pero tiene un grave defecto: carga demasiado los cortados. Se diría que primero echa el café en la taza, y luego le enseña el brik de leche y poco más. Es algo que intento tener presente cuando como en su restaurante, pero no siempre lo recuerdo a tiempo. Aunque a veces, que no te guste demasiado el café, y te pongan un cortado muy largo, es útil. Cuando mientras te lo tomas, te proponen ir a echar un vistazo y equipar un posible barranco en la Alta Ribagorça, y se te escapa una mueca, siempre puedes decir que ha sido por lo fuerte que está el café.

En efecto, en el tiempo que llevo viviendo en esta comarca ya me he convencido de que sus esquistos no dan mucho de sí en lo que a barrancos se refiere. Hubiera estado bien irse a trabajar y vivir más al oeste, pero mi empresa, que en los últimos años ha llevado a cabo una fuerte expasión y ha abierto delegaciones por toda Cataluña, de momento no se plantea saltar a Aragón. Quien sabe más adelante, cuando pase la crisis...

En fin; como decía, no estoy muy convencido de las posibilidades de hacer nuevos descubrimientos en la zona. Hace unos meses, un amigo y yo nos engañamos mutuamente -los dos, cada uno por nuestra cuenta, habíamos visto lo mismo- y salimos a explorar el barranco de Fenerui, un torrente de montaña que nace en el Pic Roi (2.582 m) y acaba vertiendo sus aguas al pantano de Baserca. Aparentaba más visto desde abajo, pero resultó ser un torrente abierto sin ningún tipo de interés.

Con esto yo ya me había dado por vencido, pero mi amigo es incansable. Siguió pateándose la comarca en busca del barranco perdido, y acabó convenciéndome para explorar otro torrente, esta vez en el lado aragonés. Así abrimos el barranco de Vinyal, un torrente bastante vestido y rodeado de vegetación que no pasará precisamente a la historia del barranquismo, ni atraerá a las masas, aunque tenga dos rápeles de 25 y 28 metros.

Al final de la comida, mi amigo, inasequible al desaliento, me comenta que ya ha localizado nuestro próximo objetivo, esta vez en calcáreo. No le costará mucho llevarme al huerto, porque para estas cosas acostumbro a dejarme convencer. Aunque de momento se me escapa una mueca. Joder, que fuerte está este café...

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