jueves, 1 de octubre de 2015

RIO CIOROSOLIN: UNA HISTORIA DE CRECIDAS


La carretera de Belluno a Cortina d'Ampezzo avanzaba sinuosa, contorneándose mientras remontaba el amplio valle que el río Piave se ha entretenido en excavar, a lo largo de miles de años, en su camino hacia la laguna de Venecia. Al entrar en Longarone, pasó junto a unos feos bloques de pisos de hormigón. Poco más allá, nosotros la abandonamos para girar a la derecha y tomar otra carretera, más estrecha y retorcida, que se adentraba en un valle lateral, el de Vajont.

La carretera empezó a subir, y pronto, tras cruzar un túnel, salió a la luz a la altura de una presa. Había aparcamiento para autobuses, una oficina de información y un museo o algo parecido. El muro de la presa cerraba el valle en una zona encañonada y parecía muy alto. No se veía el fondo. Sin embargo, algo en ella ya me había llamado la atención el año pasado... Aguas arriba del muro no se veía justamente eso: agua. Mi mirada buscaba el embalse, pero no lo encontraba, y en el valle tampoco parecía caber mucha agua. ¿Dónde estaba? A pesar de todo, el lugar estaba lleno de turistas.

Sentía curiosidad, pero ni entonces, ni en los días siguientes, llegamos a parar allí y bajar de la furgoneta. Habíamos venido a lo que habíamos venido... y el objetivo de aquel día era el barranco de Ciorosolin, de manera que seguimos carretera arriba, a lo nuestro.

la presa del Vajont, vista desde aguas arriba

El río Ciorosolin fue el descenso con el que nos planteamos abrir nuestro segundo viaje a Dolomitas por ser, a priori, de los más cortos en cuanto a horarios totales. Tenía que ser una especie de aperitivo a los grandes clásicos, un calentamiento, pero acabó siendo no sólo igual de largo, sino el más comprometido de los que hicimos.

uno de los rápeles de la segunda mitad
El descenso se divide en dos partes claramente diferenciadas. La primera mitad es encañonada, con rápeles y resaltes rodeados de altas paredes, y contiene el rápel más alto del barranco, de -en principio- 42 metros. La segunda mitad, sin embargo, es mucho más cerrada: las paredes se aproximan y forman una garganta estrecha y sombría pero bella, mucho más pulida. Además, la estrechez y los afluentes previos hacen que en esta segunda parte el caudal sea visiblemente superior. El barranco, por tanto, va claramente de menos a más, tanto a nivel deportivo como estético. En concidiones normales sería un muy buen barranco, y de hecho descente-canyon le otorga una puntuación de 3,1 sobre 4.

¿Por qué digo lo de condiciones normales? Porque descendimos el cañón en condiciones extraordinarias: completamente enronado de principio a fin. Fuimos buscando los saltos y las pozas azules de que hablan las reseñas, pero no las encontramos. En su lugar, los pasillos eran llanas avenidas cubiertas de grava, las pozas cubrían por las rodillas y el agua bajaba de color gris cemento. Las grandes acumulaciones de grava en los meandros no son estables, y en la poza superior de la cascada de 42 metros la acumulación es notable. Esa cascada forma en su salida un embudo que concentra el caudal, y por él se precipitan también, sin cesar, piedras de diferente tamaño arrastradas por la corriente. El rápel baja primero en paralelo a la cascada, pero a mitad del recorrido exige cruzar la vena. El descenso de ese rápel es uno de los momentos más tensos que recuerdo haber vivido en un barranco. Todos recibimos alguna pedrada durante el cruce de la cascada. De vez en cuando, rocas del tamaño de un melón bajaban a toda velocidad y se estrellaban contra el suelo, mientras los que estábamos abajo intentábamos mantenernos a cubierto o, por lo menos, lo bastante lejos.

una muestra de las instalaciones del barranco
¿Desde cuándo está así? Buscando en internet no hemos encontrado referencias, aunque tampoco hemos buscado demasiado. Lo que está claro es que, mientras no llegue una crecida igual o similar a la que lo dejado en estas condiciones, lo previsible es que el barranco siga igual. Sólo por esto es obligado desaconsejar el descenso. Además, las crecidas tienen otro efecto secundario: dañar las instalaciones. Visto lo visto, creo que las reuniones del Ciorosolin no tenían demasiado buen aspecto antes de la crecida, pero ahora están peor. Salvo algún punto concreto, la mayoría son monopuntos artesanos, oxidados o ambas cosas, y los cordinos están muy envejecidos. Cambiamos unos cuantos, pero no los suficientes. En definitiva: el Ciorosolin es terreno de aventura.

en el primer tramo: rápeles amplios a pozas inexistentes


David, en el rápel clave: 42m evitando las piedras
Alegría tras la tensión del rápel


los pasillos parecen calles con acera y todo
buen ambiente en todo el descenso


el caudal va aumentando a medida que avanzamos, aunque obviamente las recepciones no dan problemas

hay muchos troncos empotrados a lo largo del descenso
algunos resaltes sin instalación son delicados



el estrecho final es magnífico...
...y en él no puede evitarse el agua



En cuanto a la presa... pasados unos días, por fín satisfice mi curiosidad. En un momento de esos en que encuentras wifi, supe gracias a internet lo que tiene de especial la presa del Vajont. Allí no se va a disfrutar del paisaje, sino a estremecerse recordando una tragedia. El edificio no es un museo, es un memorial, un monumento a la incompetencia del hombre. Una noche de 1963, mientras la gente de los pueblos cercanos dormía o veía tranquilamente la televisión, la ladera del monte Toc cedió y cayó sobre el embalse. Varios estudios ya lo habían anunciado, pero no fue suficiente. Doscientos cincuenta millones de metros cúbicos de tierra, rocas y árboles se desplomaron a toda velocidad sobre las aguas del pantano, como quien arroja con fuerza un cubito de hielo al interior de un vaso lleno. El principio de Arquímedes hizo el resto, y una ola de setenta metros de altura borró del mapa Longarone y otros cuatro pueblos cercanos, llevándose consigo la vida de cerca de dos mil personas. Luego, la ola siguió río abajo y recorrió cuarenta kilómetros hasta llegar al mar, abandonando por el camino algunos cuerpos en las copas de los árboles. Imaginárselo es sobrecogedor...

Sobre ello, es interesante consultar este artículo.


en la parte final se traga agua sí o sí
Datos de interés

Fecha del descenso: 9 de agosto de 2015

Cotación: v4 a4 IV

Acceso desde: Claut (Friuli-Venezia Giulia, Italia)

Combinación de coches: No

Aproximación: Desde Longarone, seguiremos la carretera SP5, superaremos la presa del Vajont y pasaremos Cimolais. A la entrada de Claut, justo tras cruzar el amplio cauce del torrente Settimana, torceremos a la izquierda y remontaremos el valle de este río por una pista asfaltada. Subiremos once kilómetros, y al llegar al tercer puente que cruza el río principal, aparcaremos (puente del Ciarter, altitud 881m). Al otro lado del puente tomaremos un sendero hacia la izquierda, que asciende fuertemente y lleva sin pérdida al inicio del descenso en aproximadamente una hora.

Descenso: 4h 30min

Retorno: Después del último rápel, no hay más que avanzar hasta llegar al río principal, cruzarlo y salir a la pista, cerca del aparcamiento (5 minutos).

Rápel más largo: 42 metros según reseña. Juraría que ahora mide menos.

Material: Cuerdas 2 x 45m, neopreno completo, bagas y material de instalación de recambio.


Lo mejor: vivir la devastación desde dentro, las sensaciones del terreno de aventura.

Lo peor: Gravas inestables, rápel de 42 m muy peligroso por las caídas de piedras, reuniones precarias. No puedo hacer otra cosa que desaconsejar el descenso.

Puntuación personal (de 0 a 4): 2,8


Fotos: Bernat Castells, Xavier


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