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martes, 16 de abril de 2013

RUISSEAU DE FOCE


Córcega. Después de descender el ruisseau de Dardu volvimos a nuestro apartamento, jugamos unas partidas de Catán, cenamos y nos fuimos a dormir. El sonido de la lluvia me despertó un par de veces, tras las cuales intenté dormirme de nuevo sabiendo que la jornada siguiente poco podríamos hacer. Y asi fue: tanteamos un par de descensos en teoría fáciles, y después de ver lo fuertes que iban, acabamos dejando el día en blanco antes de volver a ponernos el neopreno.

Se nos acababa el tiempo, y el penúltimo día en la isla, después de repasarnos la guía de descensos, escogimos un barranco teóricamente sencillo, esperando tener más suerte: el ruisseau de Foce (v3a1II). Un barranco que no prometía gran cosa de entrada, pero que era mejor que nada. Nos pusimos en marcha, y para acabar de arreglarlo, cuando llegamos al aparcamiento de acceso la niebla era espesa, y el termómetro marcaba seis grados... ¡pero no por eso nos íbamos a desanimar! Nadie dijo que esto fuera fácil. En unos minutos, mejoró la visibilidad y nos metimos en el agua.

Aspecto del punto en el que entramos, al llegar

Primera cascada, y primer salto
Entramos más arriba de lo normal, por lo que caminamos un rato por río abierto y rodeado de bosque. Luego llegamos al tramo equipado, y comprobamos que lo que en condiciones normales debe ser un torrente con poco interés, llevaba un caudal muy alto que lo hacía mucho más interesante.





El primer paso propiamente dicho del descenso es una cascada de unos cinco metros, evitable, pero que nosotros pudimos saltar. Le siguen un par de destrepes, y tras ellos viene el primer rápel del barranco, de once metros y estrecho. Aquí vimos el agua que bajaba y lo canalizada que iba, y supimos que el descenso iba a ser mejor de lo previsto. Aún así, ésta y el resto de las dificultades son evitables, porque el torrente es bastante abierto en general.



   
R 11 m, manteniendo los pies fuera del caño
R 11 m, con una recepción agitada
























Luego vendrán otros rápeles cortos, de 7 y 11 metros, además de varios destrepes e incluso algunos saltos. Todo ello muy espumoso, aunque sin peligro por tratarse de cascadas abiertas y con pozas de recepción poco profundas.

R 7 m
R 7 m







R 11 m
Otro saltito, esta vez de unos cuatro metros






La espuma hace más interesantes los destrepes
¡Más saltos! Este de unos 6 metros

































































 

Un último destrepe conduce al rápel más alto del descenso, de treinta y dos metros, que será el que ponga punto y final al descenso. Es el paso más interesante del barranco, y... es justo el que no hicimos. Porque al llegar a la reunión de cabecera y ver lo que nos esperaba abajo, decidimos no arriesgar y escapamos sin bajarlo. La tirada del rápel obligaba a meterse de lleno en la vena para cruzarla, y bajaba muy fuerte, así que lo dejamos correr. Mejor no tentar la suerte.

R 32 m desde la reunión de salida. ¿Demasiado gordo lo que nos espera ahí abajo?

Trepando por la izquierda, salimos a la cresta desde la que enlazamos con el camino de retorno. Y suerte que estaba pisado, porque de lo contrario, orientarse hubiera sido algo difícil. Otra vez entre la niebla y el frío, volvimos al coche y, aunque sufriendo un poco, nos anotamos otro tanto. El último en la isla.


Ratas en la niebla, de vuelta al coche
 
Fotos: David Sánchez, Xavi Guerrero
 

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