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sábado, 26 de marzo de 2011

BARRANCO DEL FORNOCAL


El pasado miércoles quedé con Edgar y Pepe para descender este barranco de Guara, uno de los clásicos que todavía me quedaban por bajar de la sierra. Y es que es un barranco estético, entretenido y técnicamente sencillo, pero tiene un hándicap: sólo va bien de agua a principio de temporada, cuando el deshielo y las lluvias llenan los acuíferos y hacen correr el agua por todo su cauce. Después, lo normal es encontrar seca al menos la primera mitad del descenso. La última semana había llovido bastante, y decidimos aprovechar la oportunidad.


Aunque se puede hacer con un sólo coche, lo ideal es la combinación de vehículos. Saliendo de Colungo por la A-2205 en dirección norte, dejamos el primer coche junto al puente de Las Gargantas, justo al final de nuestro descenso. Desde ahí seguimos carretera arriba unos kilómetros, y en una curva a la izquierda nos desviamos por una pista a la derecha. Por ella, en unos pocos metros llegamos a una valla que la cierra y al aparcamiento en el que dejamos el segundo coche. Continuamos a pie por la pista, tomamos un primer desvío a la derecha y seguimos hasta llegar al cauce del Fornocal, que discurre plácido entre la vegetación. Paciencia, no tardará en encajarse. La aproximación nos habrá llevado menos de 45 minutos.

Llegados a este punto, comprobamos que habíamos acertado: agua corriente de principio a fin del descenso, y aumentando progresivamente gracias a los afluentes para hacerse bastante interesante en el tramo final, aunque sin llegar a ser nunca aguas vivas.

El descenso puede dividirse en tres tramos. Empezamos por una primera zona estrecha, con algunos rápeles cortos y pasillos inundados. Cuenta con algunos caos y pasos sifonados, muy estéticos.







































































Le sucede un tramo intermedio, encañonado, en el que las paredes se separan, y que lleva al tercer y último estrecho.





































Tras este último estrecho, avanzamos por el río, se acaba la roca caliza y empieza el conglomerado. Pasamos bajo el puente de la carretera, y enseguida tomamos por la derecha la senda que remonta en zig zags y sube a la carretera, junto al aparcamiento.


Hasta aquí todo bien, pero nos faltaba una última sorpresa. La de comprobar que nos habían roto el cristal de una de las ventanas del coche, y nos habían robado las mochilas con la ropa seca. La cara de idiota que se te queda... impagable, vamos. Ya había oído muchas veces que en Guara abren los coches, y había visto cristales en el suelo de más de un aparcamiento. Pues nada: hoy nos ha tocado a nosotros. ¡Malditos bastardos! Id con ojo, y no dejéis nada de valor en el coche.


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