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sábado, 16 de diciembre de 2017

GAVE DE LA YESE


Como aquel que dice acabo de llegar de Suiza, del que probablemente será el último descenso de la temporada: las navidades se nos echan encima y no habrá tiempo de mucho más. Además, el cuerpo empieza a pedirle a uno, más que ponerse el neopreno, calzarse los esquíes. Lo que tengo más fresco ahora mismo es el Gries, una actividad de esas que dejan huella, pero antes de entrar en su relato hay otro descenso del que tengo pendiente escribir aquí: el de la gave de la Yese.

una de las mejores reuniones del tramo superior
La Yese es un un mito, un descenso de gran envergadura por horarios, por longitud, por compromiso. Posiblemente es el barranco más largo y físico del sur de Europa. Un montón de horas empleadas en recorrer un barranco alpino, acuático, resbaladizo y mal equipado. Curiosamente, no sé de nadie que lo haya bajado y esté dispuesto a volver... y sin embargo, conserva esa reputación. Al menos entre los barranquistas españoles, porque -otra curiosidad- el descenso no aparece reseñado ni en las guías ni en las webs francesas.

Interesados por la actividad, tan larga, tan salvaje, hace años que Oscar y yo planteamos cruzar el Portalet y bajarlo, quien sabe si mientras apurábamos una cerveza. Luego pasó lo de siempre: que cuando llegaba el momento propicio, o no podía él, o no podía yo. Y como somos gente de palabra, y porque lo importante no es lo que haces sino cómo y con quien lo haces, ninguno de los dos fue a bajarlo sin el otro.

Este verano, por fin, los astros se alinearon y encontramos una fecha, en una época más o menos adecuada, en la que podíamos los dos. Frank se unió a la fiesta y viajamos hasta Etsaut para comprobar si la Yese era, como parecía, uno de los grandes descensos del Pirineo... o si era, como nos temíamos, una soberana paliza. Y el resultado es... que es ambas cosas. 

En efecto, es un gigante: es necesario caminar durante casi cuatro horas, superar un desnivel de mil doscientos metros y alcanzar la cota 1800, ya rodeados de prados alpinos, para llegar al inicio del barranco. Una vez dentro, el descenso se prolonga durante más de cuatro kilómetros y medio. Y para recorrerlos, tendremos por delante una sucesión interminable de más de cincuenta cascadas y resaltes, equipados de forma precaria o, directamente, no equipados, cosa que aunque no sea del agrado del barranquista medio, es algo que añade buena parte del carácter del descenso.

Y también es una paliza. Lo es, porque esos 4'5 kilómetros de descenso están divididos en tres tramos, de los que el primero y el tercero valen la pena pero el segundo, el más largo, es tremendamente pesado. Las entre ocho y doce horas que lleva descender íntegramente el barranco tienen un alto porcentaje de progresión por cauce sin interés, y esa segunda parte, totalmente prescindible, hace que bajarlo no tenga más sentido que unir los tramos superior e inferior y poder decir después que has hecho la integral.

Una vez de vuelta, los tres implicados llegamos a la misma conclusión que todos aquellos que lo habían descendido antes y con los que he podido hablar hasta ahora: el descenso de la gave de la Yese es una gran actividad que me costaría mucho repetir.

Vayamos por partes.


Aproximación


llegando a la cabecera, todavía sin recibir los rayos del sol
Echamos a andar a las seis de la mañana, con la luz de nuestros frontales taladrando la oscuridad. Al disponer de dos coches, pudimos ahorrarnos doscientos metros de desnivel y una hora de las cuatro que puede llegar a tener la aproximación, que no es poco. Aún así, la subida hasta la cabaña de la Yese, larga y constante, nos llevó más de lo previsto, algo más de dos horas y media. En parte, ello fue gracias a que en medio de la oscuridad perdimos la senda, y con ella, un tiempo precioso intentando recuperarla. De la cabaña a la entrada apenas hay otra media hora, pero un café y un trozo de bizcocho casero cortesía de los pastores nos hizo sumar a la aproximación otros treinta minutos más. Aún siendo conscientes del retraso, nos parecía obligado pararnos a compartir un rato de nuestras vidas con una pareja que, durante los meses que pasan en los pastos de altura con su rebaño, pueden estar semanas sin ver a nadie. Sin pretenderlo, son los notarios que llevan el registro estadístico del descenso: nosotros éramos los terceros, y probablemente los últimos, que se adentraban en el barranco en 2017.



Tramo superior

 
inicio del descenso, con grandes vistas
Los primeros rayos de sol aún no habían tocado el suelo que pisábamos cuando entramos al barranco. El descenso se inicia en el paso de Ourtasse, el encajonamiento súbito de un cauce que aguas arriba discurre de forma tranquila rodeado de prados alpinos. Allí empieza un barranco muy esculpido, engorgado, aunque la paredes que encierran el cauce presentan siempre una altura moderada.







estratos esculpidos caprichosamente en el interior del cauce

rápeles de longitud media, en un terreno excavado...
...aunque poco profundo, son la tónica del primer tramo

los cordinos muy envejecidos en puentes de roca, normalmente sin maillón, son el tipo de reunión más habitual


la cascada de 35 m, vista desde abajo



El tramo tiene en general una gran continuidad, con rápeles de poca altura hasta llegar a la cascada de treinta y cinco metros. Esta última y su entorno, tan alpino, me recordó mucho al barranco de Llauset superior, en la Ribagorza aragonesa.



Tras ella debe superarse una sección más abierta y discontínua hasta alcanzar un segundo estrecho, repleto de resaltes y pequeños rápeles, muy bien esculpido y repleto de formas caprichosas. Después, un pasillo y un caos de bloques conducen a terreno abierto y al final del tramo, marcado por el cruce con el sendero de acceso.






resaltes en un pasillo estrecho
pequeños rápeles siempre por el activo


bonita sucesión de pequeñas cascadas y resaltes...
...entre paredes pulidas y bien talladas

 
Esta primera parte nos causó una muy buena impresión. La lluvia de los días previos, que nos permitió disfrutar de ella con un caudal superior al habitual, seguramente también ayudó.




Tramo intermedio

Acabado el primer tramo, comimos algo antes de continuar. Lo íbamos a necesitar... y es que el segundo tramo es muy largo, muy resbaladizo y está plagado de innumerables resaltes, muchos de ellos sin equipar y delicados. Tiene sus pasos bonitos, como veréis en las fotos, pero en general el escenario es menos estético y está peor formado. Sobre gustos no hay nada escrito, pero sinceramente, en mi opinión este tramo tiene un interés más que relativo y su descenso no compensa el esfuerzo.



la roca, resbaladiza, obliga a montar pequeños rápeles...
...que muchas veces entran de lleno en el activo


el cauce no está tan bien tallado en este tramo
las cascadas se muestran rotas e irregulares




Como paso más característico, en la primera mitad del tramo encontraremos un enorme caos de troncos a la salida de un estrecho, testigo de la impresionante fuerza de las crecidas.


Un enorme caos de troncos encierra la poza de recepción. Debe superarse trepando por él y buscando el mejor paso.



el segundo tramo presenta secciones amplias, pero también estrechos como este


...pero no revisten especial dificultad
los rápeles son innumerables...

Al final del tramo, tras una zona más abierta y unos rápeles para evitar diversos bloques, encontraremos un bonito estrecho con dos rápeles seguidos, de siete y veintidós metros, que pueden bajarse del tirón desde arriba. Esto, sin embargo, puede plantearnos problemas de recuperación de cuerdas.

rápel desde lo alto de un gran bloque
rápel final del segundo tramo, ya con poca luz



Tramo inferior

Poco puedo decir sobre el tramo inferior, porque  no lo descendimos. Si ya íbamos mal de horarios al llegar al final del segundo tramo, los problemas para recuperar la cuerda en el último rápel se comieron los pocos minutos de luz que nos quedaban. Sacamos los frontales, alcanzamos el puente bajo el que se inicia el tercer tramo y salimos al camino. Cincuenta minutos más tarde, recuperamos el coche que habíamos dejado en el aparcamiento superior y nos preparamos para emprender el camino de vuelta a casa.

El tramo inferior, pese a tener solo cinco rápeles en sus más de dos kilómetros de recorrido, es también el más complicado por caudal y aparenta ser el más interesante de los tres. Tarde o temprano, con cualquier excusa, volveremos para comprobarlo. Pero sin combinarlo con los tramos superiores.

Como punto de vista complementario al mío, ésto es lo que ha escrito Frank sobre nuestra experiencia.




Datos de interés

Fecha del descenso: 23 de septiembre de 2017

Dificultad: acotación desconocida, terreno de aventura

Acceso desde: Etsaut (Pirineos Occidentales, Francia)

Combinación de coches: posible, no imprescindible. Permite ahorrar una hora de aproximación.

Aproximación: Desde la plaza de Etsaut, sobre el mismo cauce de nuestro barranco, echaremos a andar calle arriba y tras trazar varias lazadas, en una curva a la izquierda tomaremos un sendero balizado con marcas de pintura blancas y amarillas. Ignoraremos el desvío al puente de la Moulette (inicio del tercer tramo) y seguiremos ascendiendo, siguiendo un camino mulero que se mantiene paralelo al cauce por su derecha orográfica. Superaremos los restos de una borda y, ya en terreno abierto, cruzaremos el cauce. En este punto se inicia el segundo tramo. Al otro lado el sendero nos conducirá a la cabaña de la Yese, en la que muy probablemente encontraremos una simpática pareja de pastores, su rebaño y sus perros. Bordeando la cabaña por encima, una estrecha senda nos llevará hasta el embudo en el que se inicia el tramo superior, a 1810 metros de altitud. Tiempo: de 3 a 4 horas.

Si disponemos de dos vehículos, con el segundo tomaremos el chemine de la Yese (pista asfaltada) hasta el final, en el que encontraremos una valla que impide seguir adelante. Aparcaremos en el arcén, cruzaremos la valla, superaremos unas casas y acabaremos uniéndonos al camino principal, poco antes del desvío al puente de la Moulette.

Descenso: De ocho a doce horas, según grupo y caudal.

Retorno: Después del último rápel, seguiremos río abajo hasta dar con un sendero que nos sacará del cauce y nos devolverá al pueblo, ya cercano. Tiempo: 15 minutos.

Si se nos ha hecho tarde y no podemos bajar el tercer tramo, al llegar al puente de la Moulette saldremos del cauce por la derecha y tomaremos el camino que conduce en pocos minutos al cruce que mencionábamos en la aproximación. Desde allí, desandaremos el camino hasta el pueblo o bien hasta nuestro segundo coche.

Rápel más largo: 35 metros.

Material: Cuerdas 2 x 40m, neopreno completo, material de equipamiento variado: en los dos primeros tramos las instalaciones son minimalistas y muchas veces se encuentran en mal estado, por lo que es imprescindible llevar metros de cordino, maillones, martillo y espitador. 

Observaciones: Descenso muy largo y físico, que además exige atención constante.

Lo mejor: Terreno de aventura, ambiente salvaje y solitario.

Lo peor: Tramo intermedio largo y de escaso interés, equipamiento muy precario. Resbaladizo.

Valoración personal (de 0 a 4): 3,2 para el primer tramo, 2,4 para el segundo


Fotos: Oscar González, Frank Fernández, Xavi Guerrero

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