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viernes, 7 de octubre de 2011

SOURCES DE LA BIDOUZE


La garganta de Althagneta nos dejó a mi compañero de fatigas David y a mí un sabor algo raro: un barranco demasiado seco, teniendo todavía en mente el recuerdo de los caudales de Ticino... Así pues, y buscando variedad, escogimos para la jornada siguiente un descenso diferente y poco conocido: las Sources de la Bidouze. En realidad estamos ante un barranco-cueva, ante una travesía espeleológica: el río, que discurre plácidamente por el bosque, se cuela bajo tierra, y antes de salir de nuevo al exterior, apenas doscientos metros más allá, sigue un recorrido bastante tortuoso y tiene tiempo de formar cinco pozos de hasta veinte metros, que se alternan con estrechos pasillos, gateras y zonas de gours con techos realmente bajos. Un escenario distinto al que estamos acostumbrados, vaya, y muy recomendable.



Para acceder a la travesía tomamos como referencia la población de Tardets. Desde ella, saldremos por la carretera D247 y seguiremos las indicaciones que conducen a Ahusquy, a 11 km. Tomaremos diversas desviaciones, pero están bien indicadas. Al llegar a esta pequeña población -en realidad, apenas cuatro o cinco edificios- pasaremos de largo y, tras rodear el promontorio en el que se encuentra, cruzaremos unos prados y veremos una pista bastante ancha que sale por nuestra derecha. La tomaremos, y siguiendo siempre por la principal, en poco menos de cinco kilómetros llegaremos a una curva a la izquierda, en la que de frente sale una pista que se introduce en el bosque. Aparcaremos el coche aquí, y continuaremos por esta última. Pasaremos una caseta con placas solares, y ciento cincuenta metros más allá veremos un pequeño sendero a la derecha que conduce a la depresión en la que se encuentra la entrada de la cueva. ¿Tiempo? Unos diez minutos.















Antes de entrar, sin embargo, es recomendable dejar una cuerda fija en un tramo algo expuesto del retorno. Para ello, hay que pasar de largo el desvío hacia la entrada y seguir recto, para llegar a la valla que delimita el bosque y protege de caer al vacío que hay detrás. Siguiendo esa valla hacia la izquierda, encontraremos el sendero por el que haremos el retorno. Bajando un poco por él llegaremos a un tramo rocoso vertical, en el que anteriormente había una escalera metálica que hoy se encuentra serrada y tirada metros más abajo. Una cuerda fija de 15-20 metros facilitará la trepada a nuestro retorno.

Empezando ya la travesía, aunque el cauce está seco en la entrada, al poco aparecerá una surgencia. Avanzaremos por pasillos estrechos y pequeñas salas hasta llegar al primer rápel, de veinte metros, equipado con un pasamanos.






























Los rápeles que vendrán a continuación ya no superarán los doce metros, y aunque el recorrido llega a ser bastante estrecho, también es bastante evidente. Sin embargo, debe estarse atento en un punto: tras el cuarto rápel, de seis metros, veremos que el agua aparece sucia y llena de espuma y restos vegetales. No debemos continuar por ahí, ya que el activo se sifona poco más adelante. En lugar de ello, debemos trepar hasta una gatera que tiende hacia la izquierda y que, tras varios giros, supera el sifón y desciende hasta una galería más amplia en la que nos reencontraremos con el curso activo de la Bidouze. Dos zonas de gours -la primera con el techo a tan solo 40 centímetros en algún momento- y un rápel de seis metros entre ellas son lo único que nos separa ya de la boca de salida de la cueva. Un grupo pequeño y ligero puede hacer la travesía en menos de dos horas.





































Nada más salir al exterior, veremos un sendero que remonta por la izquierda. Siguiéndolo, trazaremos algunos zigzags y llegaremos al tramo vertical de roca que mencionábamos antes, para luego acceder al bosque de la parte superior y volver a la pista y al coche en un tiempo total de unos veinte minutos.

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