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domingo, 3 de enero de 2010

UN DESCENSO DE AVENTURA: BACU PADENTE


Nuestro sexto día en Cerdeña... Llevábamos ya Orbisi, Fuili, Flumineddu y la fallida Donini, y después de mirarnos las guías, escogimos para este día otro descenso seco con final en el mar. El Bacu Padente no es un descenso convencional, entendiendo como tal un cauce más o menos estrecho con sucesión de resaltes y rápeles. Es "excursionismo avanzado", un combinado de barranco y cueva, con un bello rápel volado final y un retorno por los acantilados de la costa del Bue Marino y por un bonito sendero. Veamos.

Para acceder a este barranco la población de referencia es Baunei, en la misma carretera SS125. Viniendo de Dorgali por esta vía y ya dentro del pueblo, debemos tomar un desvío a la izquierda por el que se va a Cala Sisine (indicado con un cartel "Ristorante del Golgo"). La calle asciende y enseguida empieza a zigzaguear, hasta que una vez en lo alto prosigue llaneando. La seguiremos cerca de 9 km, hasta que finaliza el asfalto: allí continuaremos por lo que ahora es una pista en dirección a Cala Sisine, y 6,8 km después, en una bifurcación, giraremos a la derecha y aparcaremos 200 metros más allá, en una zona en la que hay espacio para los coches. También podemos dejar el vehículo en la bifurcación mencionada. El barranco es la depresión que veremos a nuestra derecha. Desde el aparcamiento, sale un sendero por entre la vegetación que lleva a la vaguada en cinco minutos.

Una vez en ella iremos descendiendo por el cauce, cada vez más marcado, hasta encontrar el primer rápel (15 min. en total). Empezamos con un rápel de 8 metros, y al poco, otro de 25 según la reseña. El torrente está poco excavado y lleno de piedra suelta.



































Tras esto, el cauce se abre enormemente. Nuestro torrente continúa por la tartera, y a la derecha tenemos una zona boscosa. Entraremos en ella por un sendero poco trazado o simplemente por donde podamos, para irnos hacia la pared derecha del barranco. Las vistas del golfo son muy bonitas.





















Prestando algo de atención, en la pared derecha veremos los dos agujeros de entrada de la cueva en la que vamos a entrar: Sa Rutta de su Tentorgiu. Una vez en la boca, abajo veremos un pozo, de 40 metros, que debe evitarse: destreparemos o montaremos un rápel para bajar hacia la izquierda, y al fondo de la sala encontraremos un hueco por el que continuar. Si tenéis curiosidad por saber lo que hay en la parte superior de la cueva, no hace falta que trepéis hasta allí desde la entrada; desde el fondo de la parte inferior sube un pasillo hasta arriba. La cueva continúa descendiendo hasta llegar a la boca de salida, ya cerca del mar.












































Abandonando definitivamente la cueva, montaremos un par de rápeles que nos devolverán a terreno más abierto, junto a un puente de roca. La cueva nos ha desplazado hacia la derecha del torrente, así que debemos pasar bajo el arco natural y por la izquierda, destrepar hasta volver al cauce. Se trata de un destrepe bastante expuesto, instalado al estilo sardo: con troncos de ginebro a los que han hecho muescas para apoyar los pies, a modo de escalera (hay que fijarse, no son evidentes ni fáciles de usar). Ello nos llevará al clímax del descenso: un espectacular rápel volado de 30 metros que nos dejará en los acantilados. Se vé bastante más alto, pero las cuerdas llegan.

















































Una vez abajo, el descenso ha finalizado. Saldremos por la izquierda, siguiendo la faja en la que el rápel nos ha dejado y bordeando los acantilados. Tras algún paso equipado con cables oxidados, llegaremos a una pequeña cala con cueva incluída. Al fondo de ésta las paredes son mucho más bajas y se aprecia un paso claro para subir hacia el bosque. Por él empezaremos a remontar a través de la vegetación, siguiendo un sendero poco trazado y con algunos hitos que tiende hacia arriba y a la izquierda, hacia las paredes que delimitan el barranco que acabamos de bajar. Al llegar a un amfiteatro de roca que nos cierra el paso, saldremos de él por una escalera de troncos de ginebro. Una vez arriba, el sendero nos llevará de nuevo al inicio del descenso, y de allí al coche.


























Desde luego es un descenso diferente, muy completo y ameno. Como curiosidad, al pie del último rápel puede verse una cueva en la pared. Entrando en ella se atraviesa el espolón rocoso para salir al otro lado, y puede accederse a la Grotta del Fico, una cueva abierta al público (previo pago) de 1800 metros de recorrido, aunque siguen explorándose algunos tramos, y a la que normalmente se llega en barca. Para visitarla fuera de la temporada estival, debe contactarse con la Sociedad Espeleológica de Baunei. Nosotros, para variar, realizábamos el descenso apurando las horas de luz solar, así que ni nos planteamos echar un vistazo.

Una última curiosidad: es importante recordar que esta zona es tan rocosa que cuesta distinguir un montoncito de piedras en el suelo. Por ello, muchas veces los hitos o fitas consisten aquí en piedras colocadas en los árboles.

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