lunes, 5 de noviembre de 2018

GORGOPOTAMOS, EL GIGANTE GRIEGO


Después de varios giros, por fin llegamos al aparcamiento. Encaro la rampa que nos mete bajo el mercado de Atenas y pienso si habríamos conseguido llegar hasta aquí sin el maldito -o bendito- GPS. El parking es público, gratuito, pero está más o menos vigilado: en un pequeño despacho situado a la entrada un policía está enfrascado en la lectura del periódico.

callejeando por Atenas
Unos metros por encima del aparcamiento, en la plaza, un grupo de yonkis ociosos se pinchan sin complejos a la vista de todo el que pasa por allí. Estos ya no intentan esconderse diciéndoles a sus amigos que no, que ellos ya no se meten. En primera fila, uno prepara unas rayas bajo la atenta mirada de otros dos. Algo más atrás, un par están ocupados con sus jeringuillas. Si Aristóteles levantara la cabeza y viera para qué se reúnen ahora los atenienses en el ágora, se volvería a morir. Fijo.

Está claro que hemos aparcado en la mejor zona de Atenas: entre los zombies y el edificio en ruinas de enfrente, parece el set de rodaje de The Walking Dead. Y como en cualquier capítulo de la serie, salimos de allí intentando que los muertos vivientes no adviertan nuestra presencia. Desembocamos en una avenida y nos acercamos al lado más amable de la ciudad: vamos a aprovechar esta última jornada en el país heleno para ver el Partenón, aunque sea de lejos. Será uno de los pocos viajes de barranquismo en los que además de ponerme el neopreno, acabaré haciendo un poco el turista.

Y es que, en efecto, no hemos venido aquí para hacernos selfies delante del Partenón, ni para tocar las pelotas a los soldados que montan guardia ante el Parlamento intentando que se muevan.

Hemos venido a barranquear.

El objetivo esta vez es un gigante, un barranco enorme, un hachazo de los antiguos dioses en las escarpadas montañas que protegen las Termópilas. A muy pocos kilómetros del lugar en el que Leónidas libró su última batalla, el río Diras se adentra en las entrañas de la roca y se abre paso con fuerza a través de cascadas de hasta noventa metros, de pasillos oscuros, de enormes badinas. Paredes de ochocientos metros de altura lo rodean, lo aprisionan, hasta que alcanza su salida a la llanura y al golfo Maliaco.

Vamos a bajar el barranco de Gorgopótamos, uno de los mayores y mejores barrancos de Europa. Pocas semanas antes ni siquiera lo teníamos previsto, pero muchas veces los planes improvisados son los que salen mejor.

la grieta que forma el barranco en la motaña es enorme y se aprecia mejor de lejos



El descenso
cruzando la vena en el rápel de cuarenta metros

El descenso del Gorgopotamos es largo, físico, técnico. Con más de cuatro kilómetros de longitud y casi novecientos metros de desnivel, esconde una treintena de rápeles, muchos pasamanos recuperables, cruces de vena, pasos obligados por el agua y caídas de vértigo. El trabajo es contínuo, la cuenta de los rápeles se pierde rápido y las horas avanzan sin que nos demos cuenta. El encajamiento es imponente, y los escapes, nulos. La actividad puede irse fácilmente más allá de las diez horas en una época en la que las horas de luz empiezan a menguar... Son muchos los elementos a tener en cuenta antes de afrontar el descenso, y en algunos de ellos entraremos más adelante.

En sus inicios, el río discurre plácidamente entre el bosque para internarse en un breve e inocente estrecho inicial. Nada hace presagiar las dimensiones que adquirirá más adelante.

La primera parte recorre un cañón relativamente amplio en algunos tramos, sin apenas tiempos muertos, con cascadas que van ganando altura progresivamente. El primero de diversos puntos clave llega enseguida: un rápel de cuarenta metros fuertemente canalizado en el que debe cruzarse la vena. El acceso es expuesto, atención.


rápel de veinticinco metros, siguiente al de cuarenta: los pasamanos recuperables son una constante...

...y el caudal, aunque sea "normal" , siempre impresiona


evitando un sifón
última fracción de la primera cascada de 90m


en general, las reuniones están bien ubicadas y permiten una buena gestión del rápel


a punto de llegar a la cascada clave
Los rápeles se suceden uno tras otro, y sin darnos cuenta llegaremos a la primera de las cascadas de noventa metros que tiene el descenso. El agua forma un zig-zag en su caída, superando un largo y curvo tobogán inclinado. Nuestra trayectoria en ella, en cambio, tenderá a ser lo más rectilínea posible, por lo que cruzaremos el caño y nos alejaremos del agua para fraccionar el salto en dos rápeles sin dificultades destacables. La reunión del segundo se encuentra en una repisa cómoda.

Una vez superada esta cascada fijaremos nuestra vista al frente, esperando alcanzar el que muy posiblemente es el verdadero punto clave del descenso: la segunda cascada de noventa metros. De las diferentes dificultades que encontraremos durante el descenso, esta es probablemente la más impresionante: su caída al vacío, en un circo recogido pero imponente; su primer fraccionamiento, completamente colgado y, sobre todo, el cruce de vena a cuarenta metros del suelo, obligatorio para alcanzar el segundo y último fraccionamiento.

 

el autor, colgando de la reunión del primer fraccionamiento a 80 metros del suelo mientras baja el primero


vista de la cascada desde abajo: ¡espectacular!
En efecto, el punto clave del descenso es esta cascada, y más concretamente, su cruce de vena. Este impresionante salto de agua se divide en tres rápeles de 7, 55 y 30 metros aproximadamente. La reunión del segundo se encuentra en una zona de pared lisa, sin apenas apoyo, al otro lado y algo más abajo del punto en el que el chorro de agua se separa de la pared. Por todo eso es importante calcular bien los metros, estar atento y, sobre todo, cruzar por donde toca.

Al pie de esta cascada se inicia un segundo tramo de transición, con tramos de cauce llano, hasta llegar a la última parte. En ella parece entrarse en un barranco completamente distinto a lo visto arriba: el cañón se estrecha y se vuelve mucho más acuático. Pozas, badinas, saltos, bloques... Practicamente al final, a apenas cien metros de la salida, encontraremos la última dificultad: una poza con un fuerte remolino. En ella se produjo hace unos años el único (creo) accidente mortal conocido del descenso. Como decía, a apenas cien metros del final...



el enésimo rápel de tamaño mediano
rapelando bajo un bloque al principio del tercer tramo



saliendo de un pequeño estrecho

La logística


Quién: La longitud del barranco, la cantidad de maniobras a realizar y la ausencia de escapes obligan a gestionar bien el grupo y el material. Un grupo demasiado amplio ralentizará el avance, pero un grupo escaso podrá ser un problema en caso de accidente. Igualmente, llevar pocas cuerdas puede ser fatal en caso de perder o cortar una de ellas. Por lo tanto, lo ideal sería afrontar el descenso con un equipo de cuatro o cinco personas en el que todos dispusieran de una cuerda de sesenta metros. Nosotros sólo tuvimos ligeros problemas en una recuperación, pero otros no han tenido tanta suerte.

Cómo: Madrugando, no hay otra. A finales de septiembre, en Grecia sólo hay unas doce horas de sol, poco más de lo que nos llevará el descenso. Para tener margen y cubrir imprevistos hay que entrar al amanecer, y llevar un buen frontal por si acaso.

Cuándo: Bajar este barranco requiere de un estiaje completo, absoluto, que no se produce hasta finales de agosto o septiembre. A partir de ahí, el descenso es posible mientras las lluvias de otoño no lo impidan, o sea, sólo durante unas semanas. Un final de verano lluvioso puede dar al traste con nuestras expectativas y cerrarnos las puertas del barranco hasta septiembre del año que viene.

Dónde: El descenso se encuentra cerca de Lamia, a 230 kilómetros por autopista del aeropuerto de Atenas. Todo hay que decirlo, la imágen apocalíptica con la que he iniciado este artículo no se corresponde para nada con lo que nosotros encontramos en esta zona, más rural. Aquí disfrutamos de un trato generalmente amable y hospitalario, incluso en varios casos de abierta simpatía por el hecho de ser españoles. Y es que no somos tan distintos...

el equipo con Vassilis, nuestro gran anfitrión
Para la estancia allí, mi recomendación es que reservéis plaza con antelación en el alojamiento rural Καταφύγιο North, en Pavliani. Vassilis, su dueño, os atenderá magníficamente y os dará todas las facilidades en cuanto a horarios y comidas. Y no solo eso: como barranquista y buen conocedor del Gorgopotamos, será vuestra mejor fuente de información sobre él y su caudal. Además, también os ofrecerá la posibilidad de llevaros a la cabecera del barranco y luego iros a buscar con su 4x4, algo que aconsejo totalmente dado el mal estado de las pistas y la longitud de la combinación de coches (unos 25 km).  


Καταφύγιο North, nuestro campo base para Gorgopotamos

vistas del golfo y el mar, más de mil metros más abajo, desde el alojamiento



Mi valoración

Después de unos años en que los barrancos glaciares habían cambiado mi perspectiva, he de decir que el Gorgopotamos es posiblemente el mejor y más completo barranco convencional que he bajado nunca. Añado el adjetivo "convencional" porque, para mí, descensos como Gamchi, Sefi o Gries están un escalón por encima: no sólo son espectaculares, sino que encima se bajan -no queda otra- en unas condiciones obligatoriamente muy duras. Son otra cosa.

Así pues, si hablamos de barrancos bajados en las condiciones que se entienden normalmente como habituales -temperaturas razonables, ausencia de hielo o nieve, etc.-, Gorgopotamos es posiblemente lo mejor que he hecho. Ahí lo dejo.

Y de muestra, un botón:





Datos de interés

Fecha del descenso: 23 de septiembre de 2018

Dificultad: v6 a5 VI

Acceso desde: Lamia (Grecia central)

Combinación de coches: Imprescindible, del orden de 25 km.

Aproximación: Apenas 5 minutos desde el final de la pista, bajando por el bosque hacia la izquierda.

Descenso: De 8 a 10 horas según grupo y condiciones, que pueden alargarse facilmente hasta las 12 horas ante cualquier imprevisto o un ritmo más lento de lo deseable.

Retorno: En el punto en que el barranco se abre veremos a la derecha un sendero. A menos de cinco minutos encontraremos el aparcamiento.

Rápel más largo: 55 metros aprox.

Material: Cuerdas 4 x 60 m, neopreno completo y en buen estado (son muchas horas en el agua), un buen frontal en el bidón, comida y agua.

Lo mejor: quizá el barranco más completo que he bajado, tiene de todo y a lo grande.

Lo peor: acceso y retorno difíciles de gestionar de forma autónoma, por ser complejos y requerir vehículos 4x4

Valoración personal (de 0 a 4): 3,8

Fotos: Jairo Treceño, Xavi Guerrero
Vídeo: Josito (visitad su canal en Youtube)


2 comentarios:

dianamadd dijo...

Increible articulo!!!!, me encantan este tipo de articulos que guardas y eliges hasta el sitio y el momento para leerlo detenidamente y que cuando te pones a ello, lo absorves casi sin respirar. Gracias infinitamente por el relato, por recrear con palabras la motivación para otros.

Xavi Guerrero dijo...

Mil gracias por tu comentario, dianamadd!! Gracias!!

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