lunes, 25 de abril de 2011

WADI HUDEIRA


Después de una semana de viaje, y tras dos días de trekking por Wadi Rum, nos instalamos en la población de Karak. La intención era descender el Wadi Karak, pero tuvimos problemas con el taxista local que nos tenía que hacer la combinación de coches, y se nos hizo tarde. Por ello, cambiamos de planes, visitamos el castillo cruzado de la localidad y luego ojeamos las guías en busca de algo corto que nos permitiera aprovechar la tarde. ¿La solución? El Wadi Hudeira, un sencillísimo descenso (v1a1IV) que, sin embargo, es el tercero mejor valorado del país en la web descente-canyon. Así pues, parecía imprescindible visitarlo.


Se trata de un pequeño cañón, corto pero espectacular, fácilmente accesible desde la carretera del Mar Muerto. Sus paredes de arenisca llegan a alcanzar más de ciento cincuenta metros de altura, mientras se acercan hasta formar pasillos de pocos metros de ancho. No requiere material, ni tampoco neopreno, porque lleva un caudal bajo y sin profundidad, y el agua está templada.

Para llegar, tomaremos como punto de partida el cruce entre las carreteras 65 (del Mar Muerto) y 50 (de Karak), a la salida del pueblo de Mazra'a. Recorreremos unos trece kilómetros en dirección sur, y al llegar a un monumento memorial de color blanco, aparcaremos junto a él. Veremos el final de nuestro wadi al otro lado de la carretera, y a él nos dirigiremos, ya que lo normal es remontar el barranco para luego descenderlo.













No encontraremos rápeles, tan sólo dos o tres resaltes pequeños, así que es tarea fácil. Entramos en el cañón en sentido ascendente; el cauce es arenoso y de fácil progresión. En un giro a la izquierda, un bloque empotrado en lo alto parece formar la puerta de entrada y marcar el inicio de la garganta. A partir de aquí, las paredes se van acercando entre sí, y el descenso -o mejor dicho ascenso- es un espectáculo para los sentidos, con sus suaves formas, sus cambios de dirección y sus juegos de luces y colores.













































































Más pronto que tarde, el cañón gira a la derecha y se abre. No hay nada interesante más allá, así que daremos media vuelta y volveremos sobre nuestros pasos, esta vez barranco abajo, hasta salir de él y llegar al coche.













El recorrido completo lleva unas dos horas y media. Es breve, y deportivamente hablando no tiene ningún interés, pero merece la pena disfrutar de este ejercicio de estética de la naturaleza.

2 comentarios:

Edgar dijo...

Eso con mangazo, la Polla!!

Xavier dijo...

Sí, le faltan unos cuantos metros cúbicos de agua y algún que otro rápel... Con eso sería la hostia!

Lo del mangazo no es descabellado, el barranco es muy peligroso con fuertes lluvias y padece crecidas repentinas (flash floods). Vimos restos de crecidas a cinco metros o más de altura...

P.D. Creo que editaré la entrada para incluir esto último... ;)

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