domingo, 12 de julio de 2009

BARRANCO DEL CEBOLLAR Y SALTO DEL CARPÍN


El barranco del Cebollar, a su llegada al río Ara, forma el magnífico salto al vacío de 120 metros que conocemos como Salto del Carpín. La cascada es bien visible desde la pista que sube a San Nicolás de Bujaruelo, cerca del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, y la había contemplado ya muchas veces desde abajo, así que... tras el aperitivo del Furco bajado el jueves, el viernes tocaba descenderla.


El Salto del Carpín puede descenderse de muchas maneras, a causa del gran número de instalaciones que han ido floreciendo con los años. En 1989 Enrique Salamero y R. Bitrián abrieron el salto con una tirada de dos rápeles de 70 y 50 metros, por la derecha hidrográfica. Sin embargo, en el primero de ellos la cuerda era muy difícil de recuperar, por lo que en 1994 se abrió una segunda línea, también por la derecha. Esta consistía en salir de la cabecera de la cascada para pendular hasta una repisa a 23 metros; desde allí descender 40 metros y cruzar el chorro para ir hasta una instalación sobre la Escupidera; luego realizar un pequeño rápel volado de 12 metros para llegar a la faja intermedia, y una vez en ella descender hasta el suelo instalando en un bloque a la izquierda hidrográfica. Con el paso del tiempo se equipó un pasamanos y varios rápeles por la izquierda hidrográfica, que suponen un descenso alejado del agua y -en principio- de menor dificultad. Hace un tiempo, el tema dio lugar a debate en el foro de Cañones y Barrancos.


De todas maneras, Anaïs y yo planteamos desde el principio el descenso por la línea de 1994, que nos parecía la más interesante y también la más difícil. Ya que lo bajamos, lo bajamos bien, ¿no?


Tomando como referencia la población de Torla, para acceder al descenso debemos seguir por la carretera en dirección al Parque Nacional de Ordesa. Al llegar al puente de los Navarros tomaremos la pista que sale por la izquierda, bordeando el río Ara. Continuaremos por ella hasta llegar a un puente (puente de Santa Elena), en el que la pista cambia de orilla. Dejaremos el coche justo antes, y ya a pie, cruzaremos el puente y tomaremos el sendero GR-11 que sale por la izquierda. Continuaremos por él hasta una bifurcación, en la que seguiremos por la derecha en dirección al Collado del Cebollar (sendero señalizado PR-HU 134). El camino gana altura y las vistas en alguno de sus pasos son magníficas. Más adelante, el sendero alcanza el barranco del Cebollar y lo bordea, hasta que desciende al cauce.





























Una vez equipados y dentro del Cebollar, el descenso se inicia con varias rampas y toboganes. Realizamos un primer rápel de 22 metros para superar una rampa resbaladiza, y tras él, un nuevo rápel de 25 metros, fraccionable en la poza intermedia, con bloque encajado incluído.






















































Tras avanzar por el pasillo que forma este tramo, el barranco vuelve a abrirse y bajamos dos nuevos rápeles, de 10 y 30 metros. A estas alturas, ya nos habremos dado cuenta de que las pozas están llenas de tritones y pequeñas ranas; por ello, es mejor evitarlas en la medida de lo posible.




























Pensando ya en lo que se aproxima, bajamos varios resaltes y rápeles cortos...








































...y cuando nos damos cuenta, ya estamos ahí: en la boca de salida del Salto del Carpín. Siguiendo con nuestros planes, montamos en la roñosa y oxidada instalación derecha, para descender haciendo un péndulo de unos seis metros hasta una repisa también a la derecha. No es fácil.





















Desde esta repisa rapelamos cuarenta metros hasta una instalación situada sobre la Escupidera, un pequeño trampolín en el que el agua salta al vacío. Ello supone tender esta vez hacia la izquierda, cruzando el chorro de agua. La zona mojada resbala muchísimo, pero nos pareció más fácil que el péndulo anterior. En esta instalación no caben más de dos personas.

















Desde ahí, realizamos un rápel de 12 metros hasta la faja intermedia. Lo más difícil ya está hecho, y las vistas son magníficas. Una vez aquí, rapelamos cincuenta metros en parte volados desde una instalación con pasamanos en un bloque, a la izquierda hidrográfica.




















Ya estamos en el suelo: podemos darnos un baño en la poza final, y contemplar esta preciosa cascada desde su base.
Con el trabajo hecho, siguiendo en dirección al Ara enseguida retomamos el camino de acceso. Hacia la izquierda, en diez minutos estamos de nuevo en el coche.

¡Impresionante!

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